Revista Logos Ciencia & Tecnología, Vol. 5, Núm. 2 (2014)
INVITADO INTERNACIONAL
La mirada de los viajeros y científicos decimonónicos sobre la movediza gea chilensis
The glance of travellers and scientists of the 19th century about the moving «gea chilensis»
M Zenobio Saldivia,
1
1 Doctor en Pensamiento Americano con mención en Historia de las Ciencias, profesor titular y Director del
Departamento de Humanidades de la Universidad Tecnológica Metropolitana, Stgo., Chile.
Copyright: Esta revista provee acceso libre inmediato a su contenido bajo el principio de que hacer disponible
gratuitamente investigación al publico apoya a un mayor intercambio de conocimiento global. Esto significa que
se permite la copia y distribución de sus contenidos científicos por cualquier medio siempre que mantenga el
reconocimiento de sus autores, no haga uso comercial de las obras y no se realicen modificaciones de ellas.
Correspondencia: M Zenobio Saldivia. Universidad Tecnológica Metropolitana. revistalogos@policia.edu.co
RESUMEN
Se analiza la visión de la naturaleza chilena y el impacto de los movimientos telúricos en el cuerpo
físico de Chile y en el imaginario colectivo nacional, que se forjaron tanto los científicos decimonónicos
chilenos y extranjeros y algunos viajeros con estudios de historia natural, como María Graham. Y a
partir de tales percepciones se reflexiona sobre la conveniencia de tener presente esta realidad en los
ámbitos de las políticas públicas y la educación.
Palabras clave: Naturaleza chilena; Siglo XIX; terremotos; comunidad científica
ABSTRACT
This paper analyses the vision of Chilean nature and the impact of earthquakes on the physical body
of Chile and in the national collective imagination, that were forged Chilean and foreign nineteenthcentury scientists and travelers with some natural history studies as Mary Graham. And from such
perceptions reflect on whether to take in to account this reality in the fields of public policy and
education.
Key words: Chilean nature; XIX century; earthquakes; scientific community
28/8/2016 Zenobio Saldivia
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RESUMO
Se analisa a visão chilena da natureza com base nos terremotos do Chile e do imaginário coletivo
nacional, que forjaramos pensamentos tanto dos cientistas chilenos, estrangeiros e as populações do
século passado com os estudos de história natural desenvolvidos pelas análises de Maria Graham. E a
partir de tais reflexões se propõem ter esta realidade nos âmbitos das políticas públicas da educação.
Palavras-chave: Natureza chilena; século XIX; terremotos; cientistas
Introducción
El cuerpo físico de Chile está conformado por valles interiores y por la presencia de la Cordillera de los
Andes, al Oriente; matizada de volcanes y por su extensa costa del Pacífico, al Occidente. Y en la costa del
Pacífico, como es sabido, se ubican la placa de Nazca que se desplaza desde la Isla de Pascua hasta las
Galápagos y la placa Sudamericana, que hace lo propio entre las costas de Perú y Chile (Claro Tocornal,
2007, p. 9). Por ello, es frecuente que se generen eventualmente ciertas fricciones entre las placas, las que
se traducen en el cuerpo físico de Chile y en el de Perú, ora en sismos menores, ora terremotos con o sin
tsunamis. La historia de tales expresiones de la naturaleza específicamente chilena, ha quedado de
manifiesto principalmente a partir de la conquista y del período colonial, puesto que los españoles nos han
legado una escueta información sobre dichos sucesos. Empero, es a partir de la consolidación de Chile como
República, cuando es posible encontrar más datos y una prosa significativa al respecto, articulada tanto por
los científicos y viajeros que recorren el territorio en este periodo de tiempo, como también por los aportes
de eventuales organismos y medios comunicacionales que principian a descollar en el país. En efecto, en
cuanto a los sabios que nos han legado información, recordemos el trabajo de los naturalistas contratados
por el gobierno como Claudio Gay, Rodulfo Amando Philippi o Ignacio Domeyko. Así como también, gracias a
los datos aportados por el científico Charles Darwin, quien luego de su paso por Chile, nos dejó claras
descripciones de dichos fenómenos naturales, tanto en relación con lo científico como con lo social
costumbrista. Lo propio acontece con viajeros o viajeras como María Graham, entre tantos otros. Y en
relación con organismos dedicados al acopio de los datos sobre terremotos y sobre todos los fenómenos de
la naturaleza y la sociedad, que pueden ser considerados objetos de estudio, recordemos la creación en
1843, de la Oficina de Estadística (Urzúa Valenzuela, 1970, p. 88), o el medio comunicacional de la
Universidad de Chile, instaurada también en 1843, que comienza a dar vida a su revista científica desde
1846, “Los Anales de la Universidad de Chile” (Anales de la Universidad de Chile, 1846).
Por ello, en lo que sigue, analizaremos la visión que nos han legado en su prosa dichos sabios y viajeros,
para arribar a ciertas correlaciones entre los sabios mencionados, para luego apreciar el impacto de estas
expresiones telúricas en el imaginario colectivo nacional y colegir de allí la conveniencia de internalizar en los
jóvenes y estudiantes chilenos y latinoamericanos contemporáneos en general, una mentalidad de
aceptación positiva de tales sucesos y cautelar reacciones masivas que contribuyan al orden público, a la
estabilidad social y a un mayor respeto por el prójimo en tales situaciones límites.
Los terremotos en el Chile decimonónico
Entre los terremotos más fuertes ocurridos en Chile ya constituido como República, cabe destacar los
siguientes: el de 1819, en Copiapó, (con tsunami); el de 1822 en Santiago y el mismo año en Valparaíso,
(con tsunami moderado); el de 1832 en Huasco; el de 1835 en Concepción (con tsunami); el de 1837, en
Valdivia y Chiloé; el de La Ligua en 1847; el de 1850, en el Valle del Maipo; el de 1851, en Casablanca y
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Copiapó; el de 1855 nuevamente en Concepción; el del 13 de agosto 1868, que afectó desde la zona norte
hasta Valparaíso; o el de 1880 en Illapel y Petorca, entre tantos otros.(Barrio,1985. Claro Tocornal, p. 9, 10.
Domeyko, 1857, p. 9 ss. El Araucano, 1937), y, por supuesto, los científicos y viajeros extranjeros que se
encontraban en tales fechas en el país. Todos nos han dejado sus descripciones sobre dichos sucesos,
algunas de las cuales se analizan a continuación:
El terremoto de 1822 y la mirada de María Graham
Este ocurre el 19 de noviembre y afecta a las regiones ubicadas desde Illapel hasta Chiloé. Y por esta fecha
se encuentra en Chile recorriendo Valparaíso, la viajera María Graham, naturalista y escritora inglesa. Su
descripción del fenómeno telúrico se percibe matizada por el asombro, la ansiedad y la captación de la
belleza del paisaje. Así, por ejemplo, en su prosa menciona que los terremotos son algo frecuente en el país
y que los sismos o posteriores réplicas no constituyen un óbice para continuar con los paseos a caballo por la
zona de Valparaíso, Casablanca y Quintero, lugares donde observa especímenes arbóreos y florísticos que la
cautivan por su policromía y sus olores. En todo caso, llama la atención que la viajera intente buscar un
correlato entre los terremotos y el clima, para apreciar, finalmente, la delicadeza del clima. Graham señala:
(…)no concibo un clima mejor que el de Chile, ni más delicioso para los que en él habitan; i ahora que estoy
acostumbrada a las convulsiones de la tierra, me parecen un mal menor de lo que antes podría haber
imaginado(…). ( Graham, 1909, p. 205)
Aquí la viajera destaca a los temblores como algo característico de la geografía chilensis y valora la
constancia del clima que es en general parejo, sin grandes contrastes. Por otro lado, la topografía del país
también impresiona a la viajera; así por ejemplo, luego de su recorrido por el camino de Valparaíso a
Santiago, describe los sectores de Curacaví, Cuesta de Zapata, o Pudahuel entre otros, y en relación con los
cerros que se perciben desde la Cuesta de Zapata, expresa:
(…)los elevados cerros que rodean la ciudad i la cadena de montañas más espléndidas del mundo, la
cordillera de los Andes, coronada por la nieve, con sus cimas que parecen llegar al cielo i sus oscuras
quebradas en que flotan densas masas de nubes, ofrecían a mi vista una escena que jamás había
contemplado antes. (Graham, 1909, p. 8)
Luego, al visitar el sector de Concón, señala:
Los cerros de Concón, presentan un carácter mui diverso de los que rodean a Valparaíso. Allá una arcilla
rojiza, con venas de granito i de cuarzo blanco, forma todo o casi toda la masa de los cerros; los de esta
rejion son de una arena gris o negrusca; con capas de piedrecillas i conchas visibles a diferentes alturas
frente a la playa. (Graham, 1909, p. 164)
María Graham, por tanto, nos entrega una mirada del cuerpo físico de Chile, que no se agota en los aspectos
puramente inorgánicos, topográficos u orográficos, sino que va dando cuenta del cuerpo físico del país, en
los ámbitos orgánicos e inorgánicos, con una prosa esencialmente descriptiva, centrada en la policromía, en
los olores, en las formas de la naturaleza y en la interfaz de los lugareños con la tierra y sus productos y con
sus costumbres; esto es, un enfoque romántico que nos recuerda claramente la prosa de Humboldt. Y lo más
significativo del discurso de la autora inglesa, es que nos ha legado una percepción del cuerpo físico de un
país en el cual coexisten el dinamismo de los fenómenos telúricos imbricados y aceptados en la propia
idiosincrasia de sus habitantes, quienes entienden que la vida es una concatenación universal entre lo físico,
lo biológico y lo social y que por ello hay que continuar con los proyectos personales y/o con el proyecto de
consolidación de la República.
El terremoto de 1835 y la percepción de Darwin
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El 20 de enero de 1835, Concepción y otras ciudades cercanas sufrieron un fuerte terremoto que según
estimaciones contemporáneas habría sido de 8, 2 grados. A la sazón, Charles Darwin se encontraba en el
puerto de San Carlos de Chiloé, realizando sus observaciones habituales de especímenes de la región. El
sabio inglés, queda muy impresionado por el fenómeno y lo expresa con estas palabras:
(…)durante la noche del 19 de Enero el volcán Osorno se pone en erupción. A medianoche, el centinela
observa algo que se parece a una gran estrella, ésta aumenta a cada instante, y a las tres de la madrugada
asistimos al más magnífico de los espectáculos. Con ayuda del telescopio, vemos en medio de espléndidas
llamas rojas, negros objetos proyectados incesantemente al aire, que después caen”. Y enseguida añade“
(…) He quedado muy sorprendido al saber más tarde que el Aconcagua, en Chile, 480 millas (772
kilómetros) más al Norte, se puso en erupción durante la misma noche; y me asombró más aún al llegar a
mi noticias de que la gran erupción del Cosiguina (2700 millas, 4343 kilómetros al Norte del Aconcagua),
acompañada de un terremoto que se hizo sentir en un radio de 1.000 millas, había tenido lugar seis horas
después. (Darwin, 1945, p. 349)
Semanas más tarde, desembarca en Talcahuano y sigue a caballo hacia Concepción, y nuevamente hace
constar su asombro en estos términos:
Las dos ciudades presentan el más terrible espectáculo, pero al mismo tiempo el más interesante que jamás
me haya sido dado contemplar… El terremoto comenzó a las once y media de la mañana. Si hubiera ocurrido
a media noche, el mayor número de habitantes, que en esta sóla provincia, ascienden a muchos millares,
habrían perecido. En suma no hubo sino un centenar de víctimas(… ). (Darwin, 1945, p. 362363)
Aquí, en Concepción, se percata de la destrucción de edificios y de la muerte de al menos 500 personas, y
del dolor de millares de sobrevivientes; todo lo cual lo impacta y lo motiva a seguir con más ahínco con sus
investigaciones sociológicas, costumbristas y taxonómicas.
En rigor, Darwin ve a Chile como un territorio dinámico, rico en cuanto a la diversidad de especímenes
bióticos, por su abundancia de aves, mamíferos, peces, pequeños roedores y otros, así como por la
policromía bullente de su flora nativa, especialmente en las zonas de Valdivia, Chiloé y la Patagonia
Occidental. Pero además percibe el cuerpo físico de Chile como rico en minerales y recursos hídricos,
especialmente en la zona del Norte, matizada de minas de plata y cobre. Empero, el científico deja también
muy claro que los nativos y lugareños entienden a su naturaleza, a su entorno y que la han asumido con
todas sus bondades y dificultades. Para lo primero recuérdese que muchos científicos y viajeros ya han
mencionado que en Chile el clima es benigno y no hay temperaturas muy extremas entre una estación y
otra. Y para lo segundo, recuérdese también que tanto los viajeros, como los científicos han dejado de
manifiesto que el cuerpo físico del país posee una riqueza enorme en términos de minerales para explotar,
principalmente cobre, plata y carbón, entre otros.
Ahora, lo esencial en las miradas de Darwin y de Graham, es el sentimiento de aceptación de los chilenos de
su realidad telúrica y la convicción de sus habitantes de seguir interactuando con su naturaleza y sus
especímenes para la obtención del progreso.
Este terremoto también fue descrito y divulgado en su tiempo, en algunas revistas y/o Academias y
Sociedades Científicas europeas. En efecto, en uno de los números del año 1837 del órgano comunicacional
oficial del gobierno chileno, el diario El Araucano, se aprecia una nota traducida por Andrés Bello intitulada:
“Noticia del gran terremoto acaecido en Chile el 20 de febrero de 1835, por Alejandro Caldcleugh”, donde el
científico informante destaca que en los momentos antes de dicho evento, hubo “una ajitacion extraordinaria
de las ratas en los techos de las casas” y se observó el desplazamiento de “inmensas bandadas de aves
marinas, que se dirijían de la costa a la cordillera”, (El Araucano, 1837). Y destaca además este científico en
la misma publicación, que:
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(…)el 20 de Enero, el volcan de Osorno. Al nordeste de Chiloé, estalló con increíble furia, i la lava se vió salir
por la noche fuera del cráter, i descender cuesta abajo desde la cima del monte, que tiene 3,900 piés de
elevación sobre el nivel del mar. La reverberacion de las llamas se extendía al duplo de la altura. (El
Araucano, 1837)
Y así continúa con descripciones del fenómeno telúrico y sus réplicas hasta febrero en otros lugares de Chile,
tales como la Bahía de Concepción, el puerto de Valparaíso, la Isla Sta. María, Talca, Chillán y otros lugares.
Aquí, en esta noticia, el énfasis es destacar la magnificencia del fenómeno en sus aspectos geográficos,
hidrográficos y vulcanológicos, más que en destacar la percepción social y cultural de los habitantes que lo
vivieron.
La mirada de la comunidad de científicos chilenos
Por su parte, en cuanto a los estudiosos de las ciencias de la tierra, en Chile, ya a mediados del Siglo del
Progreso, encontramos numerosos cultores como Domeyko, Pissis, Paulino del Barrio y otros, que analizan
las características del cuerpo físico del país desde la perspectiva geográfica y geológica. Ante la imposibilidad
de analizar los aportes de todos ellos, recordemos un trabajo del último de los mencionados, “Memoria sobre
los temblores de tierra i sus efectos en jeneral i en especial los de Chile”, de Paulino del Barrio, publicado en
los Anales de la Universidad de Chile (1855). Y un trabajo de Ignacio Domeyko de mediados del siglo del
Progreso.
Así, por ejemplo, en un trabajo de Paulino del Barrio, se observa que el autor utiliza un modus operandis que
se caracteriza porque parte dando cuenta de todo el estado de la cuestión acerca de los fenómenos
geológicos conocidos como “temblores de tierra”, explicando las propiedades de sus oscilaciones, los ruidos
que lo acompañan y haciendo una completa clasificación de estos; además, el autor precisa los lugares
geográficos en que tales fenómenos geológicos son más frecuentes, tanto en Europa, como en el Nuevo
Mundo y las teorías que explican dichos fenómenos. Así, por ejemplo, en relación con los temblores ocurridos
en la metrópolis, el autor expone las características de aquellos, en estos términos:
En Santiago de noventa i dos temblores observados en tres años, veinte i dos han sido precedidos i diez i
nueve seguidos de cambios en el estado del cielo; números aun mui reducidos i que juntos no alcanzan a dar
siquiera la mitad del número de observaciones. Respecto de la relacion que puedan tener con el estado del
cielo he aquí lo que resulta de esas mismas observaciones:
Con el cielo despejado…………………..51.
“ “ celajado………………………21.
“ “ nublado…………………….. 16.
“ “ lloviendo…………………….. 4.
“ “ neblina…………………………. 1.
I como poco mas o menos esos números representan el estado atmosférico de Santiago, se deduce que no
hai relacion alguna entre la verificación de los temblores de tierra. (Barrio, 1855, p. 606)
Por lo anterior, no es extraño que dado el cúmulo de estudios sobre geología, geografía e hidrografía en el
país, ya a mediados del Siglo del Progreso, en Chile, los científicos tengan muy claro la correlación existente
entre el cuerpo físico del país y los fenómenos telúricos. En efecto, por ejemplo Ignacio Domeyko, percibe
muy bien la cuaterna océano, valles, volcanes y terremotos y tiene muy claro que ha arribado a un país
esencialmente telúrico y que el mismo sufre esporádicamente cambios geomórficos en sus costas, valles y
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cordillera. En relación con el terremoto de 1855, acaecido en Concepción, Domeyko destaca la salida de mar,
la fuerza de la ola y su impacto en los barcos del litoral. En rigor, en un momento de su prosa, señala:
(…)como una media hora despues del gran sacudimiento que se sintió en el puerto de Talcahuano i echó a
sus habitantes fuera de sus casas, la mar de la bahía se retiró tan lejos de la orilla que todos los buques
anclados en ella, aun los que se hallaban en 7 brazadas de agua, quedaron en seco. Luego una inmensa ola
abrió paso por la entrada occidental que separa la isla Quiriquina del continente, i corriendo con mucha
rapidez por toda la parte de la bahía, barrió sus elevadas costas, arrebatando todo lo que hallaba en el
camino i alcanzando hasta la altura de 25 piés verticales sobre el nivel de las altas mareas del lugar.
(Domeyko, 1857, p. 11)
Es interesante destacar, por otra parte, que el sabio polaco avecindado en Chile no se limita a la descripción
de los movimientos telúricos y sus efectos en el cuerpo físico del país, sino que además sugiere algunas
tareas que podrían sumir los chilenos para desarrollar y cooperar con los estudios geográficos y geológicos
de Chile, entre estas, “ (…)marcar en las rocas más firmes los niveles de las mareas antes y después de los
terremotos” (Domeyko, 1857, p. 11). En esta mirada, por tanto, el énfasis es esencialmente geológico y
pedagógico para estimular a los habitantes costeros a marcar los niveles de las mareas como una forma de
contar con un catastro previo para realizar a continuación el registro analítico y especializado.
Por otra parte, en rigor, casi todos los estudiosos de las ciencias de la tierra en el Chile decimonónico, tienen
muy claro el correlato entre el cuerpo físico del país, su dinamismo y vicisitudes y su potencial riqueza
implícita. El geólogo Ramón Correa, señala en 1891, que necesariamente debemos aceptar que todavía la
mayor parte del interior de la tierra está en estado de fusión, y que por ello no podríamos explicar de otra
manera, el acrecentamiento del calor, la profundidad, las fuentes termales, los volcanes y la mayor parte de
los movimientos del suelo en nuestro territorio (Correa, 1891, p. 42). Pero por otro lado, el mismo científico
está muy consciente de que las características peculiares del cuerpo físico chileno son el resultado de
solevantamientos de capas geológicas pretéritas, las cuales, a su vez, han posibilitado de manera futura la
riqueza minera del país. Y lo expresa en estos términos:
En Chile, como se ve, el pórfido cuarzífero ha solevantado la formación calcárea, i en Caracoles los beneficios
de las minas Descubridora, Deseada, Cautiva i Merceditas, etc, se deben a un chorro de pórfido cuarzífero.
(Correa, 1891, p. 44).
Esta percepción de la naturaleza chilena asociada con la idea de una alta sismicidad que puede destruir las
ciudades y afectar al dinamismo económico y social, en rigor ya desde los años sesenta del Siglo del
Progreso, es aceptada como un factum en la comunidad científica chilena y ¡oh, sorpresa!, también en la
comunidad científica internacional. En efecto en un texto de un historiador y geógrafo francés de los años
sesenta del siglo XIX, al comenzar a describir el territorio chileno, destaca claramente esta situación, en
estos términos:
(…)la República de Chile consiste en una faja larga y estrecha, contenida entre los Andes y el Pacífico, al Sud
de la República de Bolivia, y al Norte de la Patagonia. Su capital es Santiago, cuya población asciende á
70.000 almas, hermosa ciudad y muy salubre, si bien expuesta á frecuentes terremotos. Valparaíso es un
puerto muy comerciante, con 36.000 almas; La Concepción destruida en 1835 por un terremoto de tierra,
recobra cada día su anterior esplendor.(Iriarte, 1861, p. 414)
Para nosotros como ciudadanos chilenos del Siglo XXI, es impresionante que ya en este período este autor
francés tenga muy claro la dupla: República de Chileterremotos, como elementos constitutivos de una
dialéctica inevitable y propia del país.
De lo anterior, queda claro, por tanto, que los propios científicos, tanto del exterior como del país, observan
el cuerpo físico de Chile asociado inevitablemente a los fenómenos telúricos; por ello algunos científicos
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articulan esta realidad con las teorías existentes en la época, abordando analíticamente las propiedades
geológicas y mineralógicas de dicha naturaleza convulsionada. Otros, imbuidos de una mirada positivista que
caracteriza a muchos de los sabios del período finisecular del siglo XIX y que entienden la praxis científica y
el conocimiento científico como algo que necesariamente conducirá al bienestar material y al telos del
progreso colectivo, tienden a ver este corpus físico, como un gigantesco reservorio para la explotación de las
riquezas naturales, de los recursos hídricos y mineralógicos y agrícolas.
El legado para las políticas públicas contemporáneas, la arquitectura y la educación
A partir de las descripciones realizadas tanto por Darwin y por los trabajos de los diversos exponentes de la
ciencia decimonónica en Chile, como también por la visión que nos ha legado la viajera María Graham, e
incluso de algunos exponentes de la ciencia europea, queda muy claro que hay un correlato en las mismas;
por ejemplo en cuanto a las facetas románticas observadas en los notorios trozos descriptivos de la
naturaleza chilensis y en cuanto a la idea de la fuerza y del dinamismo aleatorio de la misma; así como
también, se observa que casi todos estos autores manifiestan un énfasis positivista en tanto perciben el
corpus físico de Chile, como un reservorio para la explotación de recursos tendientes a la obtención del
progreso material y del bienestar espiritual de sus habitantes. María Graham por supuesto, no se puede
incluir como positivista puesto que su mirada es esencialmente romántica, matizada de una fuerte policromía
y centrada en la búsqueda de la armonía del paisaje como un todo y en la belleza de los especímenes
florísticos en particular.
Y al mismo tiempo se observa que estos autores mencionados perciben que la naturaleza chilensis es un
cúmulo de entidades corpóreas y de fenómenos vinculados a los procesos de la vida, los cuales hay que
identificar, describir y clasificar, para vencer así las dificultades y vicisitudes del territorio, para poner dicho
conocimiento al servicio de un programa científico y político que contribuya a la obtención de la riqueza.
Esto, principalmente en autores más próximos al período finisecular decimonónico.
De lo anterior, se observa que autores como los aquí estudiados, han asociado claramente el cuerpo físico de
Chile con una notoria sismicidad y con un manifiesto dinamismo telúrico, con la belleza del medio y con los
procesos culturales de identidad nacional, así como con las tareas de construcción republicana de la época.
Por tanto, desde nuestra contemporaneidad aquí en Chile y América, resulta pertinente preguntarnos cómo
podemos aprovechar algunos aspectos de estas visiones que nos permitan internalizar mejor nuestro
imaginario sobre la naturaleza chilena y generar así innovaciones en la educación latinoamericana. Después
de todo ya es un factum la percepción de la comunidad científica sobre nuestra gea y la convicción de que
debemos asumir plenamente esta realidad. Con razón en Chile, desde la arquitectura también se estima
conveniente precavernos al respecto y tener presente la necesidad de rehacer o reestructurar los espacios
arquitectónicos urbanos para cautelar una mejor convivencia como ciudadano y ser humano en general. O
en palabras de un arquitecto:
En Chile, a la altura del 20112012 tenemos actualizado además los peligros de los maremotos o tsunamis,
de las erupciones volcánicas, de inundaciones por aguas lluvias, de deslizamientos al pie de montes de
materiales de cualquier tipo, incluyendo acumulación de nieves. Estas realidades no gobernables de la
Naturaleza en la Ciudad deben llevarnos a amar y cuidar la “Naturaleza Urbana” como un componente básico
de la Ciudad en sus aportes a nuestra calidad de vida y a sus peligros. (Larraguibel, 2014, p. 13)
Y por supuesto, en el plano educacional también podemos preguntarnos al menos lo siguiente: ¿cómo
podemos aprovechar dicho conocimiento histórico y sistemático de la comunidad de los científicos
decimonónicos chilenos y extranjeros para la realidad educacional contemporánea? ¿de qué manera
podemos aprovechar esa rigurosa y completa mirada de los viajeros y científicos que recorrieron Chile?; ello,
pensando en apoyar la formación de nuestros jóvenes para que comprendan mejor los sucesos de la
naturaleza chilensis, y por extensión de la naturaleza americana y su dinamismo.
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Al respecto, y como propuesta para generar posteriores trabajos más especializados en el plano de la
inserción curricular propiamente, se sugiere a las personas que confeccionan los currículos, orientadores,
sociólogos educacionales, gestores de políticas educacionales u otros especialistas, trabajar en dos frentes
de acción en los sistemas educacionales de enseñanza media.
- Articular constructos curriculares para la difusión de la realidad sísmica chilena o americana.
- Organizar “Talleres de desarrollo personal”, centrados en la importancia de los valores éticos, en relación
con la realidad sísmica americana.
Ahora bien, en cuanto a lo primero, esto es, articular constructos curriculares para la difusión de la realidad
sísmica chilena desde sus antecedentes históricos debidamente consignados, hasta las expresiones telúricas
más contemporáneas, pero no como listas de datos históricos, sino como algo interdisciplinario, que concite
los esfuerzos creativos y organizacionales de diversos exponentes del saber. Por ejemplo, en los tres últimos
niveles de la enseñanza media, realizar una semana de Jornadas de Estudios de la Gea Latinoamericana,
orientados a una mirada holística de los fenómenos propios de las ciencias de la tierra, con exponentes
internos e invitados externos y cuyo leiv motif sea la obtención de una mayor interacción dialógica y
cognitiva entre expositores y alumnos(as). Ello de partida, en tanto se presente como algo muy especial,
agendado con antelación y enfatizado sistemáticamente por los docentes, ojalá con cobertura de medios
comunicacionales; debería llamar la atención de los estudiantes pues lo percibirían como un corte en la
rutina de clases y como una ocasión para acercarse a destacados científicos nacionales que solo se visualizan
en los diarios y la TV. Y por tanto, con una disposición anímica positiva, es altamente probable que se
internalicen mejor en los jóvenes las características de la naturaleza física del país, y vayan asumiendo
dichas peculiaridades como parte de un imaginario colectivo nacional. Esto es, mutatis mutandis, algo así
como Las semanas de Ciencia y Tecnología, que algunos países de nuestro continente tienen en sus
programas educacionales y que en Chile por ejemplo han empezado a desarrollar desde la década de los
noventa(Díaz y Saldivia, 1995, p. 4245).
También en este ámbito de desarrollar en nuestros jóvenes una clara conciencia de nuestra gea telúrica,
resultaría oportuno informarles tanto a ellos como a sus padres y apoderados, que desde el arte también se
percibe una inquietud por asimilar nuestra realidad. En efecto, en la música, por ejemplo, el compositor y
director de orquesta chileno Sebastián Errázuriz está muy consciente de los vaivenes de nuestra naturaleza y
por ello recientemente ha preparado una obra musical denominada “Geografía del desastre” que es el
resultado de la inspiración del autor tras el terremoto del 27 de febrero del 2010. Resulta impactante al
respecto, escuchar las palabras de este músico sobre esta composición: “La obra también tiene que ver con
comentar un país de desastres. Y lo mismo se puede aplicar a las relaciones humanas. Nos sentimos tan
bien, estamos en la cumbre del éxito, y de repente se fractura todo” (El Mercurio, 11052014).
Lo anterior, ilustra claramente que los artistas chilenos tienen plenamente internalizados las vicisitudes de
nuestra geografía y están dispuestos a difundir sus creaciones inspiradas en nuestros dolores y en nuestros
sufrimientos ocasionados por los movimientos telúricos para que las aceptemos como parte de nuestra
realidad chilensis y podamos enfrentar los nuevos avatares de la naturaleza.
Y en relación con los Talleres de desarrollo personal, centrados en la importancia de los valores éticos
universales y basados en el estudio de casos de los eventos telúricos y de erupciones volcánicas, cabe
señalar que estos pueden ser desarrollados paralelamente en el período agendado para los constructos
curriculares asignados a la difusión de la realidad sísmica chilena o americana. Y podrían realizarse bajo el
alero de asignaturas como filosofía, ética, psicología, comunicación, arte, u otras. El objetivo central de tales
sesiones sería: generar espacios colectivos para liberar los sentimientos y emociones de los estudiantes en
relación con los fenómenos telúricos, sea en virtud de vivencias personales o de familiares de mayor edad,
que les hayan impactado, o de relatos existentes en la literatura y/o medios de comunicación locales o
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nacionales. Lo anterior, con el fin de identificar ciertas conductas o acciones, que en tales situaciones
manifestamos los seres humanos y valorarlas así, en sus dimensiones positivas y negativas en cuanto a su
generosidad, entrega, desinterés, amor, hermandad, cooperación, sacrificio, filantropía, ternura, respeto y
asertividad, o no de las mismas. Todo lo cual, debidamente encausado, puede constituirse en instancias de
introspección y en una adecuada ocasión para rescatar los valores universales y desear alcanzarlos como
estudiante y como persona.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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