Publicaciones de Zenobio Saldivia Maldonado (202)

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  1. Tecnológica Metropolitana, Stgo., Chile.   
  2.  

    Publicado en Rev. Letralia, ISSN: 1856-7983. Cagua, Venezuela, 2020.                                                         

  3. Resumen: Se presenta una mirada sobre la visión de la naturaleza americana que se desprende la obra de Alexander Von Humboldt, enfatizando en las características del nuevo modelo explicativo y taxonómico del sabio alemán que incluye la presencia de exponentes  de la flora, de la fauna y la interacción social y costumbrista de los nativos y lugareños. Y con ello, se destaca que esta nueva visión es un cambio significativo que implica una mayor madurez para comprender lo vernáculo americano y su aporte a la cultura universal. 

* Profesor de Filosofía (U. de Chile), Mg. en Filosofía de las Cs. (Usach),  Dr. en Historia de las Cs.; Docente e investigador del Departamento de Humanidades de la Universidad Tecnológica Metropolitana, Stgo., Chile. 

Algunos Antecedentes

El destacado investigador latinoamericanista Miguel Rojas Mix,  señala en su obra América Imaginaria aparecida en 1992,[1] que el mundo europeo ha recurrido a diferentes imágenes para pensar a América en tanto continente y como universo peculiar de cultura.  Entre éstas, por ejemplo, están la imagen barroca (desde mediados del S. XVII y comienzos del siglo XVIII), la neo-clásica (todo el siglo XVIII), y la imagen romántica (inicios y hasta mediados del Siglo del Progreso). La primera mirada se centraba principalmente en el aspecto decorativo de los nativos, en la observación de sus determinados rasgos peculiares de alimentación y costumbres; y en los animales de este continente, que eran considerados como seres degenerados de la naturaleza, porque no coincidían con los cánones de la fauna conocida en Europa, tal como se puede observar en las obras de George Louis de Buffon y en las de Cornelio de Pauw, en su obra: Investigaciones Filosóficas sobre los Americanos (1769) y que han analizado ya con detención diversos autores, entre éstos, José Antonio González.[2] A su vez, el enfoque neo-clásico, que se difunde con fuerza durante la centuria dieciochesca, centraba la mirada interpretativa en el nativo americano como exponente del “buen salvaje”; esto es, como si fuera un europeo en su estado originario.  Luego, la mirada romántica por su parte, dentro de la comunidad científica, se sustenta principalmente en el aporte de Alexander Von  Humboldt; esto es, en una cuidadosa descripción de especímenes de la flora y fauna americanas y en la presentación de los nativos en inserción con su medio, en una dialéctica de dinamismo e interfaz mutua. 

Una Aproximación a su obra

Este naturalista alemán nacido en Berlín y que vivió entre los años 1769-1859, y tras la partida al infinito de su señora madre, en 1796, recibe una cuantiosa herencia que le permite realizar sus sueños de explorador, iniciando un viaje por las regiones equinocciales de América del Sur, entre 1799 y 1804, específicamente por Venezuela, Colombia, Perú, Ecuador, Cuba, México y luego a Estados Unidos. El resultado de sus exploraciones, estudios y observaciones, presentado en su numerosa bibliografía científica, entre los que podemos mencionar Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Mundo (1805-1839), Cuadros de la Naturaleza (1er Tomo en 1808),[3] Vistas de la Cordillera y monumentos de los pueblos indígenas de América (1810), por mencionar sólo algunos; sumado a su abundante acopio complementario de ilustraciones sobre el Nuevo Mundo, cambian radicalmente la concepción interpretativa sobre la naturaleza y la cultura americanas. Así por ejemplo, entre sus excursiones hidrográficas recordemos que navega por todo el Orinoco, demostrando la conexión entre el Río Negro y el Orinoco, identificando exactamente el punto de ensamble en 2º 0’ 43’’ de latitud N.;[4]  verificando además el sistema de drenaje del Amazonas; también en este ámbito hidrográfico, visita la laguna Guatavita donde tras desecar momentáneamente a la misma, demostró que en su fondo no habían vestigios de las riquezas acumuladas allí, en su eventual condición se ser el lugar del asiento de la Leyenda del Dorado. Además todavía en este plano hidrográfico, estudia las corrientes de la costa occidental de Sudamérica y descubre la corriente que lleva su nombre. En cuanto a sus observaciones vulcanológicas y orográficas, observa que los volcanes del continente parecían estar en línea recta, como si siguieran una grieta profunda de la corteza terrestre. Realiza  ascensiones a numerosos volcanes y montañas y recorre lagos y ríos y experimenta con la alimentación y respiración de los yacarés, en Cuba y otros lugares, entre otras actividades exploratorias en el Nuevo Mundo. Justamente su condición de geógrafo nos permite  apreciar su interés por las alturas de numerosos picos  americanos: la Silla de Caracas, en Venezuela, el volcán de Puracé y de Pasto, en Colombia; los Chimborazo y Cerro del Chicle en Ecuador; el Nevado de Toluca y el Cofre de Perote, en México. Muchos de los cuales, como ya ha destacado Martín Pere Sunyer, sobrepasan los 5000 mts.[5] 

Éstas y un sinnúmero de otras actividades, sumado a su extensa producción bibliográfica, a sus años de reflexión, y a un amplio acopio de ilustraciones y pinturas sobre América, para lo cual contrataba a los mejores pintores, entre éstos a Mauricio Rugendas; lo llevan a difundir   una nueva forma de mirar y entender a América; ésta es la imagen científica que resulta de una incursión directa a la flora y fauna vernácula de este continente. Gracias a sus descubrimientos sobre la gea, flora y fauna americanas, así como en sus observaciones sociológicas y costumbristas de los nativos americanos, del centro y sur del continente; los europeos principian a ver a América en un contexto menos fantasioso, menos idealizado y más distante de los mitos que se difundían en la comunidad científica internacional, tales como las ideas de George Louis de Buffon y Cornelio de Pauw, que sostenían que América era un universo de seres corruptos, tal como se ha indicado. Así, a partir de las investigaciones de Humboldt, los dibujos sobre los indios tienen ahora rasgos étnicos más reales, rescatando su impronta regional o autóctona. 

Humboldt desautoriza la nominación de “bárbaro” para los nativos de este continente, porque estima que dicha tipificación descansa  sólo  en un conocimiento muy parcial sobre los indígenas y sus costumbres y sobre el territorio del nuevo continente en general. Sostiene por tanto, la conveniencia de recorrer América con fines científicos y exploratorios, para obtener una visión globalizante en la cual los aspectos puntuales que llaman la atención de viajeros y autores tengan un adecuado marco para la comprensión de la naturaleza y cultura americanas. Gracias a la nueva disciplina por él fundada -la fitogeografía- o geografía de las plantas, el naturalista alemán logra descubrir una serie de vinculaciones entre el clima, la temperatura, los vientos, la altura y el desarrollo de las plantas; logrando así una nueva explicación, un nuevo paradigma, dando pábulo sobre el asentamiento de las plantas en correlato con su altura, y con ello posibilita una verdadera radiografía de la ubicación de las distintas especies de la flora, tanto en relación al Nuevo Continente como también para Europa. En este sentido es uno de los precursores de la ecología, en tanto explicita la relación de los seres vivos entre sí y con el medio en que viven.

La visión romántica 

La visión romántica de Humboldt, compromete la percepción de  la naturaleza como un ente protagonista de la historia, en interacción con los nativos y lugareños; destaca lo vernáculo a ultranza y la enorme diversidad de los exponentes de la vida en el continente. En esta interpretación romántica se persigue conciliar el rigor, el apego a la verdad, la información cuantitativa, la descripción cualitativa y la identificación de todas las fuerzas y formas de la vida en el continente, como parte del cosmos universal. Esto lo consigue con una colaboración muy estrecha entre ciencia y arte y eso queda de  manifiesto en su discurso científico, pues a menudo describe los observables de las distintas regiones de América, alcanzando un equilibrio delicado y cuidadoso entre el dato duro, las exigencias taxonómicas y una breve expresión de su asombro personal por la belleza de tal o cual referente. Todo lo cual complementa luego con las imágenes. Después de todo, hoy sabemos la importancia que tienen las imágenes pues vivimos con ellas y al alero de ellas, en nuestras escuelas, en nuestros hogares inmersos en nuestros ordenadores o en la televisión y en nuestras mal llamadas “redes sociales”.[6] 

El énfasis científico desmitifica falsas ideas sobre los especímenes y los nativos de América existentes en Europa, y el énfasis artístico (pintura y dibujo), pretende difundir mejor los conocimientos sobre lo real en América e ilustrar o mostrar más fidedignamente lo que los datos y las descripciones especializadas no pueden lograr por la delimitación de su objeto de estudio. Podríamos decir pues, que esa preocupación sería equivalente a lo que en nuestra contemporaneidad aporta la cámara fotográfica. 

El romanticismo que en el ámbito de las ciencias representa Humboldt, permite mostrar claramente lo exótico, lo vernáculo de América. Así, en sus explicaciones científicas por ejemplo en Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Mundo, da cuenta de la belleza de los paisajes de América, destacando la enorme diversidad de los exponentes de la flora y fauna regionales, y la fuerza y el dinamismo de la bullente naturaleza autóctona. Ello sin olvidar la presencia de los nativos en el paisaje, insertos plenamente en su espacio natural. Lo propio sucede también en su obra Vistas de la Cordillera y monumentos de los pueblos indígenas  de América. 

Para la presentación de la nueva imagen de América, Humboldt recurre al dibujo y la pintura; por ello busca la colaboración de pintores y artistas, pero no cualquier pintor, sino los mejores, como Mauricio Rugendas. Con la colaboración de éste y otros artistas, logra traer a presencia el exotismo perdido de América, el silencio de sus paisajes vernáculos; despertando así, el asombro de la comunidad científica y estimulando así, a los jóvenes estudiosos de la historia natural para venir a América. No en balde Humboldt está convencido que para mostrar la fuerza del paisaje americano, hay que trabajar en colaboración con el arte. Sólo la unión fructífera de la ciencia natural y el arte, pueden retratar debidamente a los observables de la flora y fauna americanas. América le debe mucho a Humboldt y Rugendas la difusión durante el siglo XIX, de los más hermosos cuadros sobre la naturaleza e este continente. En rigor, la nueva visión de América que presenta Humboldt tanto a los europeos como a los propios americanos, obedece a una estrategia metodológica que concilia una hermandad entre la prosa científica y los íconos. La superposición cuidadosa de descripciones de lugares específicos o de referentes de la flora o fauna, y la representación gráfica o pictórica del mismo.[7] Esto es una característica del período, pues todas las expediciones románticas contaban entre los miembros del equipo científico, algún dibujante o ilustrador especializado, y ello continúa durante el siglo diecinueve, hasta el aparecimiento de la fotografía. Esta última reemplazará por ejemplo desde la década del 70 del decimonono, a los antiguos dibujantes; empero, Humboldt no alcanza a usar esta herramienta de apoyo científico, como medio de presentación de la naturaleza americana, pues la muerte lo sorprende en Berlín en Mayo de 1859. 

Hacia una conclusión

La naturaleza americana, en Humboldt, es presentada a través de esta hermandad de la ciencia y el arte; las imágenes que van perfilando Mauricio Rugendas y otros colaboradores del sabio alemán, son cuidadosamente seleccionadas. Por una parte, en vistas a su corrección y concordancia con el objeto taxonómico; y a la variable estética, por otra. Esto es, que efectivamente la obra teórica y bibliográfica de Humboldt sobre América muestra iconos, pero no cualquier icono; sólo las imágenes muy  cuidadosas en los detalles y en el conjunto aparecen acompañando sus trabajos. En suma, son imágenes armónicas, coherentes y estéticamente delicadas; por eso no es casual  que haya  despertado en Europa el asombro por lo novedoso de los especímenes orgánicos y el interés entre los miembros de la comunidad científica, para la realización de nuevas exploraciones y viajes al continente americano. Esta nueva visión de América que se expresa a través de la ciencia gracias al discurso científico y a las ilustraciones supervisadas por él, es continuada en la taxonomía y en las ciencias de la vida, por sabios como Claudio Gay en Chile, o en Nicaragua por el naturalista Thomas Belt, o en el Perú, por Efrain G. Squier; entre tantos otros. Y en ámbito de la literatura continúa este énfasis gracias a los innumerables exponentes románticos, que valoran el paisaje y la conciencia de la soledad; entre ellos, en Chile: Andrés Bello, José Victorino Lastarria y Alberto Blest Gana; en Venezuela, en el plano del romanticismo como  forma de vida: Simón Bolívar. En rigor, toda  Hispanoamérica queda imbuida de la visión romántica en el ámbito literario, artístico y cultural, cuyas expresiones se  extienden a lo largo de todo el siglo XIX, paralelo al proceso de consolidación de las repúblicas recién independizadas de la Corona Española. Este es su mejor legado para nuestra cultura, puesto que dicha mirada desmitifica la idea de una naturaleza monstruosa y degenerada, y defiende la riqueza de la diversidad cultural y étnica de los pueblos de nuestra región. Esa misma influencia romántica llega también más allá del gremio de científicos y está también presente, en muchos viajeros y exploradores que durante el siglo decimonono, hicieron los primeros aprontes de clasificación de los distintos exponentes del cuerpo físico de Centroamérica y de América del Sur; muchos de cuyos trabajos llevan la impronta del maridaje entre los dibujos científicos y el  arte. Pero esto, es todavía un tema todavía virgen que recién está eclosionando, entre los tópicos de  interés para  los historiadores de las ciencias en nuestro continente.

[1] Rojas Mix, Miguel: América Imaginaria, Edit. Lumen, Barcelona,1992.

[2] Cf. González, José Antonio: La compañía de Jesús y la ciencia ilustrada y la Historia Natural y Civil de Chile, Ed. Universidad Católica del Norte, Antofagasta,1993; p. 45. 

[3] Cf. Ette, Ottmar: Alexander Von Humboldt y la Globalización: El saber en movimiento, Ed. El Colegio de México, México D. F., 2019.

[4] Cf. Espinoza Baquero, Armando: “Humboldt y las Ciencias de la Tierra” en: http://www.sogeocol.edu.co/documentos/humboldt_01.pdf  [consulta realizada el 09-12-2017].

[5] Cf. Pere Sunyer, Martín: “Humboldt en Los Andes de Ecuador. Ciencia y Romanticismo en el descubrimiento de la montaña”, Scripta Nova, Revista Electrónica de Geografía y Ciencias Sociales, Universitat de Barcelona, Vol. 4, Núm. 55-78, 2000, Barcelona.

[6] En rigor, las redes virtuales tales como Facebook, Twitter, Linkedin y otras, deben llamarse redes sociovirtuales, para evitar  toda clase de confusión, ambigüedades y vaguedades y cautelar la existencia de las redes sociales que poseen estructuras físicas. Vd. por ej.: http://www.youtube.com/watch?v=wx8XLzj2lfk 

[7] Cf. Saldivia M., Zenobio: “Alexander Von Humboldt, su derrotero por Colombia y su mirada científica”, en: Saldivia M., Zenobio (Compilador): Una Aproximación al desarrollo de la Ciencia en Colombia. Siglo XIX, Bravo y Allende Editores, Stgo., 2019, p. 67.

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La Peste del Cólera en San Felipe

Zenobio Saldivia Maldonado

  1. Universidad Tecnológica Metropolitana, Stgo., Chile. 

La vida es un todo compacto encadenado y universal, y por ello, lo que acontece con una especie en la escala zoológica, afecta a los otros; así, los seres humanos también estamos en interacción con el todo orgánico universal. Los unos depredan a los otros y estos últimos a otros cada vez más pequeños, hasta la vida miscroscópica que se desplaza y evoluciona como todos. Justamente entre estos exponentes del mundo microscópico están las bacterias, los microbios, los virus y otros microorganismos que causan diversas enfermedades al introducirse en células de otros seres vivos para reproducirse. Entre éstos por ejemplo recordemos el virus Variola mayor, causante de la viruela bovina, conocida simplemente como viruela; o la bacteria Vibrio cholerae, causante del cólera exantemático, o el virus orthocoronavirinae causante del Covid 19 que nos afecta en esta época.

Pero aquí nos referiremos al primero de ellos y su impacto en San Felipe, en una de las epidemias más mortíferas del Siglo XIX en nuestro terruño. Uno de sus momentos en que el cólera causó muchos muertos en nuestro país fue en 1886. En efecto, en esa fecha Argentina estaba con este flagelo y uno de sus habitantes infectado y su criado, atravesaron el Paso de Los Patos, un sendero cordillerano ubicado a 32° 22’ lat. Sur y a 70° 14’ long. Oeste, cerca de Putaendo, en el Valle de Aconcagua, el 24 de diciembre de este año. Así, estos individuos siguieron hacia la Villa de Sta. María, y desde aquí se propagó la epidemia, luego a Los Andes, Panquehue, Tierras Blancas, San Felipe y diversos lugares de Aconcagua, Quillota, Calera, Valparaíso y otras zonas del territorio durante casi dos años, generando un temor indescriptible en la capital y en las provincias. Y en enero de 1887 ya estaba causando muertos en Santiago; con razón no es extraño que este mismo año el Presidente José Manuel Balmaceda promulgue una ley de vacunación obligatoria contra la viruela en los recién nacidos, y en este contexto, los miembros del Congreso -que se resistían- no tuvieron más remedio que aprobarla. Pero el cólera seguía haciendo de las suyas en gran parte del territorio nacional.

La epidemia del cólera cobra muchas vidas en el Valle de Aconcagua y genera una fuerte discusión en la capital, en relación a las medidas que habría que tomar con esta región infectada, especialmente con San Felipe. El diario sanfelipeño El Censor en una de sus ediciones de este período, señala que en la capital se está sugiriendo incendiar totalmente la ciudad de San Felipe con sus habitantes incluidos. Finalmente impera la cordura y se decide que el ejército forme un cordón sanitario impidiendo la salida o entrada de cualquier persona a la ciudad.

Algunos abuelos de Sta. María recuerdan que sus padres le relataban historias sobre esta epidemia, como por ejemplo el Sr. René Saá Fernandez -ya fallecido- nos contó hace unos años, que en Sta. María y San Felipe los muertos eran tantos que los iban a botar en carretelas o carretas a fosas comunes en el Cementerio El Almendral y en un cerro -hoy denominado Las Carretas- de la comuna de Sta. María. Y al parecer, la toponimia de este cerro se debería justamente a estos tristes sucesos; también los lugareños más ancianos nos contaron que en el sector -hoy denominado Las Cadenas- también de la comuna mencionada, los soldados, en un punto del camino entre San Felipe y los Andes que ofrece una bifurcación a la pequeña Villa de Sta. María -actual pueblo de Sta. María- cerraron con cadenas dicha vía; y de este evento, dicho sector conserva este nombre local; Las Cadenas. En este contexto las autoridades de Los Andes, San Felipe y otras ciudades, deciden crear un grupo denominado Policía de Aseo, que se encargue de: aumentar el caudal de las acequias para arrastrar mejor los desperdicios, multar a los que se laven en estas acequias, visitar las casas para detectar focos infecciosos como chiqueros de cerdos y otros animales, y vigilar que los muertos sean enterrados en la fosa común con una capa de cal viva y cubierta luego con una capa de tierra de al menos cincuenta centímetros. Al parecer, más por miedo a esta policía que por una comprensión del fenómeno, los habitantes de la época, campesinos en su mayoría, respetaron su confinación obligada y las instrucciones que debían cumplir, aceptaron las exigencias de esta Policía de Aseo. Hoy, sin embargo, en el contexto de una nueva epidemia: el corona virus, y ante el manifiesto desinterés de muchos aconcagüinos que no respetan la normativa del aislamiento y persisten en salir a los lugares públicos, corriendo innecesarios riesgos los unos y eventualmente contagiando a los demás, los otros. Y ante el hecho de que la policía o los carabineros no pueden estar en todos los lugares a la vez, ¿tendríamos que crear una fuerza similar a aquella que hemos relatado? Esperamos que hoy con una población aconcagüina con niveles educacionales superlativamente más altos, mucho más educada y más consciente de sus derechos y ojalá más respetuosa, prime la cordura, la empatía y el buen sentido. Y ojalá que este deber de cuidarse y evitar desplazamientos e interacciones sociales innecesarias, se observe en todo nuestro país.

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Eloísa Díaz y su aporte a la ciencia nacional

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Zenobio Saldivia M. 

Tecnológica Metropolitana, Stgo., Chile. 

Resumen 

El presente trabajo tiene por objetivo dar cuenta de la producción científica de la destacada científica chilena: Eloísa Díaz Insunza, quien gracias a ciertos cambios realizados en la normativa de la educación superior en Chile, pudo obtener el título de médico y constituirse así en la primera mujer que se incorpora a la comunidad científica del Chile decimonónico. Por ello, en esta comunicación, se enfatizará en los aspectos biográficos de Eloísa Díaz y además en la explicitación de la contribución teórica y científica de la misma, también en sus cometidos prácticos como profesional de la medicina, principalmente en sus esfuerzos orientados a consolidar la higiene pública en el ámbito educacional por una parte. También se destacará su labor para asentar la higiene pública como disciplina relevante de la medicina. 

Palabras Claves: Mujeres, ciencia, Chile Decimonónico. 

Algunos antecedentes

La ciencia es un sistema organizado de conocimientos que identifica, describe y explica los hechos del mundo, caracterizado por el uso de métodos que descansan en la observación y en la experimentación y por el empleo de rigurosos procedimientos de verificación. Su evolución refleja el dominio que el ser humano ha ido alcanzando sobre la naturaleza, la sociedad y sobre su propio pensamiento. Y en este largo proceso histórico y social, la mujer se ha incorporado a este tipo de trabajo, solamente a partir de las últimas décadas del Siglo XIX. En efecto, la historia de la ciencia europea, salvo contadas excepciones como la precoz Hipatia de Alejandría (380-415), o Elizabeth Hevelius (1647-1693), o María Agnesi (1718-1799), o Carolina Herschel (1750-1848), entre otras,[1] dejan de manifiesto que sólo desde las últimas décadas del Siglo XIX, el género femenino principia a insertarse en la praxis de la comunidad científica. Y algo similar ocurre en América y en Chile en particular. 

Contexto socio-cultural y científico en el Chile decimonónico

Durante el proceso de consolidación de la joven República de Chile, tras los avatares de la emancipación definitiva de la Corona Española luego de la batalla de Maipú (5 de abril 1818), se hace necesario mirar el cuerpo físico del país para detectar nuestros recursos naturales, nuestro universo biótico y mineralógico en general, así como un conocimiento lo más sólido posible de los deslindes o límites del territorio recién independizado. Por ello, comienza una sistemática labor de identificación de todos los especímenes vernáculos y exógenos con que cuenta el país. Es decir, se necesita algo así como una visión científica y objetiva de la naturaleza chilena. Y afortunadamente las autoridades del período republicano, entre éstos, Diego Portales y Manuel Bulnes comprendieron muy bien la situación y dentro de los escasos recursos del erario nacional, principiaron a contratar sabios extranjeros. Por ejemplo al botánico y naturalista Claudio Gay en 1830, quien funda el Museo de Historia Natural, tres años después se funda la Escuela de Medicina en el Instituto Nacional, con la participación de los profesores Guillermo Blest y Lorenzo Sazie;[2] luego al ingeniero en minas Ignacio Domeyko en 1838, quien se hace cargo de la Escuela de Minas de La Serena y principia a dictar clases de química y mineralogía.[3]

Más tarde, al geólogo Amado Pissis en 1848, para realizar estudios geológicos y cartográficos sobre las distintas provincias del país, o al médico y naturalista Rodulfo Amando Philippi en 1851, para hacerse cargo del Liceo de Valdivia, entre tantos otros. Todos estos sabios realizaron sus cometidos recorriendo el territorio nacional y articulando un verdadero mapeo o catastro de casi todo lo viviente y de todo lo inorgánico y mineralógico, geográfico y geológico constitutivo del país. Las actividades realizadas por estos sabios corresponden justamente al período cronológico que hemos denominado institucionalización de la ciencia nacional y que paralelamente a una notoria preocupación por el desarrollo educacional caracterizado por la fundación de escuelas y liceos, sumado a la creación de  la Universidad de Chile (1843), o de la Escuela de Artes y Oficios (génesis de la Universidad de Santiago) entre otras entidades, forman parte de este proceso institucional de asentamiento de la ciencia en Chile y que a nuestro juicio dura unos treinta años: de 1830 a 1860 aproximadamente. Son las décadas en que la joven república del Chile decimonónico principia a consolidar sus estructuras científicas y educacionales de nivel medio y superior.   

La ciencia a fines del Siglo XIX 

Por su parte, ya a fines del Siglo del Progreso, tras la consolidación de las entidades mencionadas, Chile se mostraba pujante en lo económico y en pleno proceso de apropiación de las tecnologías europeas, las que empiezan a visualizarse en el proceso de industrialización que se viene observando en el país desde la década del sesenta en adelante. El país era escenario de un verdadero boom de revistas científicas y de periódicos emergentes en las distintas regiones del país. El interés por la ciencia estaba debidamente decantado, principalmente desde los años setenta del siglo decimonono, puesto que ya a partir de estos años, Chile poseía una serie de entidades educacionales y culturales tales como las que ya se han mencionado y, en las cuales se reunían los científicos para realizar sus tareas rutinarias de “ciencia normal”, al decir de Thomas Kuhn.[4] Por eso desde la década del setenta se observan las innovaciones que llegan también a la política y a la discusión por la participación del género femenino en la vida intelectual del país. 

Es en este período y en este marco social y político, donde acontece por tanto, una fuerte discusión acerca de la inteligencia de la mujer y de sus posibilidades de ejercicio público en general.  Así, la década del setenta en Chile, por ejemplo, corresponde a los años en que se percibe la inserción de las asignaturas de Historia Natural que se dictan en los diversos liceos del país; y también acontece la creación de la Oficina Hidrográfica de la Armada, en 1874. Y en el plano político, en esta misma década, en 1875 acontece la audaz inscripción de Doña Domitila Silva y Lepe, en la Junta Electoral de San Felipe, con la intención de sufragar para elegir a la autoridad regional. Y la misma década a su vez, deja de manifiesto el inicio de una serie de congresos donde se analizan temas de distintas disciplinas científicas; por ejemplo el Congreso Libre de Agricultura realizado en Santiago en 1875. Luego vendrán muchos más.[5] 

Son los años en que a partir de los esfuerzos de José Victorino Lastarria y de los hermanos Lagarrigue entre otros, el positivismo como corriente filosófica y cultural, se instaura en el país y sus tesis principian a influir en los preclaros hombres de la política, la educación y la cultura nacional. Justamente, en este marco sociocultural, el Ministro de Instrucción Pública de la época: Luis Miguel Amunátegui,  promulga en 1877, la ley que posibilita el ingreso de la mujer a la educación superior; con ello, se privilegiaba la educación para ambos géneros (al menos en teoría) y así se daba pábulo para la participación de la mujer en la instauración definitiva del progreso y  en la transformación moral de la sociedad.[6] Por tanto, es en este contexto histórico donde se empieza a perfilar la presencia femenina en la ciencia nacional. Y desde luego, queda claro que tales acontecimientos contribuyen definitivamente para que la mujer pueda llegar a la educación superior. Así, esta puerta legal que se abre con el decreto de Amunátegui en febrero de 1877, la cruza rápidamente Eloísa Díaz Insunza. Por tanto, en lo que sigue destacaremos la producción científico-teórica de esta primera científica y luego los aspectos prácticos de su quehacer relacionados con los contactos con las autoridades, para incorporar el concepto de higiene en la educación primaria y secundaria de nuestro país, justo en el período finisecular del Siglo diecinueve chileno. 

Eloísa Díaz Insunza 

La primera mujer científica en Chile es Eloísa Díaz Insunza (1866-1950). Cursa su instrucción elemental en el Colegio de Primeras Letras de Dolores Cabrera de Martínez, y continúa su enseñanza secundaria en el Liceo de Isabel Le Brun de Pinochet, y termina sus estudios de humanidades en el Instituto Nacional. Y en 1881, sólo cuatro años después de haberse dictado el decreto que permitía el ingreso de las mujeres a la universidad, postula a la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile, obteniendo su diploma de Bachiller en Medicina y Farmacia en 1885. Por cierto, sus estudios no fueron del todo cómodos, ni tampoco estuvieron exentos de algunas dificultades en la interacción con sus pares masculinos, producto de la mentalidad machista y conservadora de la época que se manifestaba en burlas constantes y en una descalificación de la capacidad intelectual de aquella compañera de estudios; empero, finalmente obtiene su título de médico cirujano el 3 de enero de 1887. Con ello, pasa a ser así, la primera mujer en Chile y en América Meridional en obtener el título en Medicina y Cirugía. Su tesis de grado se intitula: Breves observaciones sobre la aparición de la pubertad en la mujer chilena y las predisposiciones patológicas del sexo, la cual es publicada a continuación en los Anales de la Universidad de Chile y en la Revista Médica de Chile.[7]

En 1888 se realiza el Primer Congreso Médico Chileno, y entre los participantes se aprecian todas las grandes figuras chilenas de la medicina y la biología de la época; entre otros, los doctores: José Joaquín Aguirre, Manuel Barros Borgaño, Vicente Izquierdo y los naturalistas Rodulfo Amando Philippi y su hijo Felipe; la doctora Díaz Insunza es la única mujer asistente al evento.[8]

Luego, desde 1891, se incorpora a la clínica ginecológica del doctor Roberto Moericke en el Hospital San Borja-Arriarán, en Santiago y después se dedica con ahínco a velar por la higiene en el sistema educacional de nuestro país, así como también por mejorar los aspectos de infraestructura de las escuelas del país. En 1901 publica su primer Informe del médico Inspector de las Escuelas Públicas y también su texto: Reorganización del Servicio Médico Escolar. Primer Congreso Médico Latino Americano. Santiago de Chile. Luego en 1905, publica su ensayo Disquisiciones sobre Higiene escolar en Chile. Actas y Trabajos. Segundo Congreso Médico Latino Americano. Buenos Aires. Y al año siguiente su  texto: La alimentación de los niños pobres en las escuelas públicas. Anuario del Ministerio de Instrucción Pública. 

Su contribución para el fomento de la Higiene como disciplina práctica 

Eloísa Díaz, además de sus aportaciones teóricas partiendo de la publicación de su tesis en la que analiza las características de la  pubertad, ya mencionada, colabora constantemente con la Revista Médica de Chile desde 1886 y en los Anales de la Universidad de Chile.

En cuanto a su aporte como científica para el país, éste es muy significativo puesto que logra insertar la preocupación por incluir la rama de higiene, como disciplina médica, para ser tratada en las escuelas del país. Por eso no es extraño que en uno de sus trabajos sugiera al Ministro de Instrucción Pública de su época, la conveniencia de instalar en las escuelas, duchas y lavatorios para el aseo de los niños.  Y lo justifica en estos términos: “Estos baños higiénicos son muy necesarios para mantener la piel en perfecto estado de sanidad…”[9] Y más adelante expresa que se deben “…mejorar las condiciones higiénicas de la población escolar y es indispensable complementar el servicio de baños con el establecimiento de lavatorios, lo que contribuirá en gran parte a mejorar la salubridad en general”.[10] E incluso ella misma se desempeña luego como profesora de Higiene en la Escuela Normal de Preceptoras del Sur. Y más tarde, como Médico Inspector de las escuelas del país; en virtud de  este cargo, en el que estuvo por más de treinta años, logra realizar una vasta labor profesional; v. gr.: analiza las condiciones higiénicas de los establecimientos educacionales de Chile y exige la infraestructura de baños y lavamanos en los mismos, crea cursos de higiene para profesores, instaura el servicio médico-dental escolar, desarrolla cursos de puericultura y de antialcoholismo, crea policlínicos para menesterosos, fomenta el sistema de las colonias escolares, y sugiere la creación de jardines infantiles y otros. Ya en los inicios del Siglo XX, más exactamente en 1910 es distinguida como Mujer Ilustre de América, por sus aportes a la medicina social presentados en el Congreso Internacional de Medicina en Argentina, este mismo año. En 1911, se crea el Servicio Médico Escolar de Chile y Eloisa Díaz asume como la conductora de la entidad. Entre sus tareas e innovaciones desde esta nueva corporación, impulsa el desayuno escolar obligatorio, propicia la vacunación masiva de escolares, instaura el servicio médico y dental en los liceos y combate el raquitismo y la tuberculosis. Por tan abnegada labor, no es extraño que haya sido reconocida y homenajeada en Chile y en distintos países de América. Cabe destacar que todas estas aportaciones de Eloísa Díaz, acontecen en los primeros veinte años del siglo XX; es decir, en un período en que están  apareciendo en Chile los primeros movimientos femeninos organizados, tales como los Clubes de Señoras o Asociaciones Feministas que tenían entre sus objetivos, posicionar mejor o aliviar la situación social y familiar de la mujer, democratizando también a la sociedad, tal como ya lo ha destacado el escritor Adolfo Pardo.[11]

Hacia una conclusión

Por lo anterior, queda de manifiesto que Eloísa Díaz contribuyó a la ciencia nacional gracias al ejercicio público de su profesión, a sus participaciones en congresos y por sus aportes teóricos. Pero además contribuyó desde su quehacer para estimular la consolidación de políticas públicas relativas a la higiene escolar, tanto por su exigencias para el necesario aseo personal de los y las alumnas como también por la solicitud constante que realizó, al Ministro de Educación de su época, para reestructurar y ampliar la infraestructura de los establecimientos educacionales con el fin de que estos contaran con los baños, lavamanos y otros implementos para la práctica del aseo individual, con un mínimo de privacidad.

En rigor, su obra es una mixtura de algunos textos sobre medicina, informes sobre la situación de salubridad de los establecimientos educacionales, contactos con las autoridades políticas y creación de distintos servicios de salud orientados al bienestar físico de los estudiantes y a la creación de hábitos de higiene en los mismos.

Y aunque jubila en 1925, continúa escribiendo y realizando aportaciones y sugerencias a sus colegas. La muerte la sorprende el 1° de noviembre de 1950, en el Pensionado del Hospital San Vicente de Paul, en Santiago. 

Bibliografía 

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[1] Cf. Solsona i Pairó, Nuria: Mujeres científicas de todos los tiempos, Ed. Talasa, Madrid, 1997.

[2] Cf. Amunátegui, Miguel Luis: Los primeros años del Instituto Nacional (1813-1835), Stgo., Impr. Cervantes, 1889; p. 585.

[3] Cf. Amunátegui, Miguel Luis: Ignacio Domeyko, Stgo., Ediciones de la U. de Chile, 1952; p. 17. 

[4] Cf. Kuhn, Thomas: La Estructura de las Revoluciones Científicas, Ed. Fondo de Cultura Económica, México D.F., 1982, pp. 33 y ss.

[5] Saldivia M., Zenobio: La ciencia en el Chile decimonónico, Ed. Utem, Stgo., 2005, p.123.

[6] Vd. Saldivia M., Zenobio: “José Victorino Lastarria. Del Romanticismo al positivismo”: www.crítica.cl  Santiago, Nov., 2003.

[7] Cf. Diario El Mercurio, Stgo., 2 de Noviembre de 1950.

[8] Cf. Ledermann D. Walter: “Las enfermedades infecciosas en el Primer Congreso Médico Chileno”, Revista Chilena de Infectología, 2003, vol. 20 supl.; pp.122-123. 

[9] Díaz I., Eloísa: Informe del médico Inspector de las escuelas públicas, Imprenta Nacional, Stgo., 1901, p. 4.

[10] Ibídem., p.9.

[11] Cf. Pardo A., Adolfo: “Historia de la Mujer en Chile. La Conquista de sus derechos políticos en el Siglo XX (1900-1952), Rev. Crítica:  http://critica.cl/  , Stgo., 01-05-2001.

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Pablo Azócar Fernández and Zenobio Saldivia Maldonado 

Summary

The study is based on the importance of cartographic products in the social collective considering a historical view. There is a link between history of cartography and critical cartography and the role of maps as power relation and cultural artifacts, in the context of processes of conquest and domination of territories, by national states.A detailed analysis of specific elements comprising cartographic products both in scientific key as well as in its persuasive and rhetorical content is presented. These maps, with different scales and formats, are representations of the present Araucanía Region, which had a crucial role during the so-called “Pacification process”, led by the Chilean State during the second half of the nineteenth century.Then, with the selection and compilation of this material, an analysis based on a theoretical model generated after the John B. Harley’s bibliographic review about so-called "epistemological and unintentional silences of maps", is considered. In this sense, criteria such as the "scientific discourse" -compilation, classification, symbolization, hierarchy and standardization of the cartographic products- and the "social and political discourse" -toponymic silence and displaced names- of cartographic images are analyzed.On the other hand, this particular region located in the south of Chile, has been widely studied by nineteenth-century naturalist scientists, verifying a wide cartographic-geographical material which accompanies these studies. 

Keywords

Cartographic power, rhetorical map, toponymic silence, indigenous communities, landscape standardization, nineteenth-century scientists, Pacification of La Araucanía, indigenous place-name, critical cartography. 

Dr Pablo Azócar Fernández is Cartographer and Asociated Academic of Department of Cartography, Universidad Tecnológica Metropolitana. Correspondence to: San Ignacio 171, Santiago,Chile. Email: pazocar@utem.cl. Dr Zenobio Saldivia Maldonado is historian of philosophy of the sciences and Titular Academic of Department of Humanities, Universidad Tecnológica Metropolitana. Correspondence to: Alonso de Ovalle 1618C, Santiago, Chile. Email: zenobio@utem.cl 

Power of maps in the historical context

During the history of cartography, traditionally maps have served to locate and situate the scenarios where historical events unfold. However, a different position of cartography and maps is proposed towards the end of the 1980s by John B. Harley. A new look to interpret maps after a thorough analysis of the role and importance they have had in the history of humanity is proposed.[i] In this way, the author causes a break with the traditional scientific trend of cartography which considers maps, from an epistemological point of view, a reflection or mirror of reality. Harley relies on theoretical approaches from both Jacques Derrida on the rules of discourse and the deconstructionist method, and Michel Foucault on the relationships between power and knowledge.[ii]Later, he applies the aforementioned postures to the field of cartography. In this way, Harley suggests that maps, far from being objective, accurate and neutral in terms of values; on the contrary, can be considered "cultural texts" and "rhetorical images" loaded with value and meaning.This implies a paradigmatic change in the way of conceiving cartography and maps since that, far from being a mirror of reality, maps are objects or images of a subjective, persuasive nature and therefore they are never neutral.[iii] According to Harley, consciously or unconsciously, cartographer or mapmaker is influenced by the historical, political, technological, social and cultural context; which is captured in the product or cartographic image. 

Given this new perspective, Harley visualized the power of cartography as a social practice, beyond the technological component that may have. The author proposed a distinction between external power and internal power in cartography, to demonstrate the way in which maps in society work as a form of power-knowledge.[iv]External power is the most familiar in the discipline and is exercised "in cartography" and is also executed "with cartography". Often both powers, by tradition, have been structurally centralized and exercised in a bureaucratic manner or imposed from above by monarchies, national states, political centers, ministries or military entities, among others. That is, all those actors that create, administrate and manage maps and territorial information. 

Along with this external power of cartography, Harley identifies another power which corresponds to the political and social effects caused by cartographers when they create, design and make maps. It is the so-called internal power in cartography, which comes from map itself and implies the way in which they are made. The key to this internal power is the cartographic process itself, that is, the processes of compilation, generalization, classification, symbolization, hierarchization and cartographic standardization.[v]In other words, this power involves all those processes of handling data and information represented symbolically and spatially on a map. 

When conceiving maps from an epistemological perspective, Harley points out that readers are blended or imbued in the so-called cartographic text, the lines on the map acquire full authority. In this way, maps are authoritarian images that can reinforce or legitimize the status quo within a specific political-social-cultural order, regardless of whether the public user is aware or not.

 In this way, the article aims to highlight all those elements of a map, considered as a cultural text and rhetorical image, and that acted as effective tools for the territorial consolidation of the Chilean national state during the nineteenth century, with an eminent persuasive message in scientific key. At the same time, approaches from the critical cartography regarding the power and rhetoric that maps have had in a determined historical context, through the analysis of cartographic products specific to the study area, for South American latitudes and that have been delimited for this research are exposed. 

The scientific and political and social discourse of the maps

Based on the theoretical approaches of John B. Harley in the context of the so-called epistemological or unintentional silences of maps, the following analysis criteria were considered i) the scientific discourse of maps and, ii) the political and social discourse of maps.

An analysis and interpretation of some chosen maps, according to the following components or elements, explicit and implicit in the cartographic documentswas made: title, compilation, classification, hierarchy and standardization.Firstly, the title refers to the name of the map and specifies its content. The compilation includes the selection of the thematic information represented in the cartographic product, basically physical-natural content and elements of an anthropic or artificial nature. The classification implies the type of implementation that the cartographic product has for its correct symbolization, corresponding to the so-called "map alphabet": points, lines and areas. Hierarchy mentions to the modulation or "variation" of symbolization and/or labeling, changing the size and type of letter used. Standardization refers to the consensus acquired to represent the natural or artificial elements according to a convention established in the prevailing disciplinary, technological and social context, for example, one of the most important elements being the network of geographic coordinates, which give precision and mathematical accuracy to the map in a uniform and continuous Euclidean space.

Secondly, the toponymic silence is about the deliberate elimination of all original place- names from the territories represented in a cartography, or the replacement of an original place-name with another brought from a different socio-cultural context. The landscape stereotype is related to the incorporation of representation techniques that implicitly encompass cutting-edge technological processes during the survey and drawing up of the map and that homogenize the landscape in scientific terms. 

Map of 1777

In general terms, the basic information presented by the cartographic product entitled "Map of a part of Chile that includes the land where the events occurred between Spaniards and Araucanians", made by Tomas López de Vargas in 1777, corresponds to the hydric network, landforms and settlements.[vi] The implementation of the map is the linear and punctual type (see Fig. 1).

The standardization of the map is given by the network of geographic coordinates of latitude and longitude every 1° and a separated internal division every 15' in an internal frame. It presents a graphic scale and the legend is associated with a symbol of pictorial character. Both the title and symbol are incorporated into the interior of the body of the map occupying the maritime space called "South See".[vii] All map elements are framed in an outer margin, except the graphic scale.

This map of 1777 shows the indigenous population as "Indian villages"[viii]represented by a smaller legible circle; however, without indicating the name of each village given the scale of the product (see Fig. 2).These settlements present a homogeneous spatial distribution, especially in the coastal line, between Mataquito and BíoBío rivers; and between the latter and the Imperial River; and the immediate interior territories, such as the western axis of the NahuelbutaMountain.Another pattern of location of the settlements is along the main and secondary rivers. In the courses of the Imperial, Toltén and Cruces rivers, in the southern part of the area, is clearly observed. The territory corresponding to the Upper BíoBío is the one with the highest density of settlements (between 37°-38° south), associated with hydrography. In general, although each village is not identified for reasons of scale, if there are toponyms indicating the name of the places where these indigenous people localized. It is striking that on the eastern side, both VillarricaLake and the so-called LanahueLagoon, there is a population void representing only volcanoes and mountain chains (between 38°-40° south). Of all the maps representing the territory at this scale, the mentioned map indicates the largest location and details of the original settlements. In this sense, this map is the one with the highest degree of toponymic silence. The exception is that the symbol used by the author lends itself to confusion with the one used to indicate "Private large estate".

Considering the landscape stereotype, the map highlights the representation of relief in a pictorial way. The icon of the figure of an individual hill which, in its overall vision, originates the sensation of relief is used. It also highlights the larger size of this icon used for the sector of the Andean and Nahuelbuta mountains. The volcanoes with a pictorial figure of a larger size are represented. On the other hand, the hydrographic network portrayed by the major watercourses, tributaries and upper watershed areas clearly express the settlement pattern in the west-east direction complemented by the network of roads between the Itata and BíoBío rivers and the lower course and middle of the Cruces River.

The map indicates a hierarchical toponymy, with large letters to identify names of places -new and native- and smaller letters to name rivers and lagoons (lakes). It is emphasized that the font size is the same for both the main river and its tributaries. It can be established that the map of 1777 presents a rather elaborate toponymy, the most important factor being the associated symbol. This element called on the map as "Explanation of the signs" identifies a set of pictorial signs, mostly of punctual implantation, to refer to the information of human nature contained in it, making it quite easy to read it by not presenting a toponymy surcharge within the cartographic composition. In general, there is a similar toponyms density compared between the coastline and the interior of the territory, which gives harmony and balance to the whole image. 

Sketch of Lands by the Properties Commission of 1890

The outline named"Sketch of the land occupied by the Indians settled by the commission of titles", drawn in 1890 by José Miguel Varela.[ix]It corresponds to the sector of Cholchol located northwest of Temuco city and has the peculiarity of locating fifty Mapuche reductions that they do not appear in other cartographic products of the time, despite the rudimentary nature of the mentioned sketch. The compiled information corresponds to the local hydrographic network and indigenous reductions, both with their corresponding toponymy. In terms of implementation, the sketch preferably occupies the punctual and linear (see Fig. 3).

The sketch lacks standardization since it does not present a network of geographic coordinates, it does not contain a formal title, or graphic or numerical scale. However, the scale of the document has been calculated being 1:20,000 (calculation made by the document’s authors). From a note located on its lower right side, the title, date of preparation, the author and his signature are rescued. The sketch lacks an outer frame that integrates the few elements that make it up. However, the toponymy analysis shows that there was an adequate hierarchy treatment of the labels. In this sense, the sketch presents a diverse toponymy: print and capital letters to indicate the sectors; tiny printing letter for hydrography; and a small handwritten letter for the name and surname of those filed in each reduction.

In general, the area represented in the sketch is divided into two water subsystems: the Cholchol River located to the west and the Renaco stream to the northeast of the area.

The second water subsystem corresponding to the Renaco stream in more detail will be analyzed, with northeast-southwest orientation, which deposits its waters in the CholcholRiver in the homonymous locality (see Fig. 4). In the upper tributaries of this stream, a concentration of reductions is found. Taking as reference the beginning of the Renaco stream, the Llolletué stream converges from the northwest, where three reductions are found (M. Güincagual, G. Lepin and A. Alcapan); another channel that flows into the Llolletué -from the south- houses two other reductions in its head (A. Guentel and J. Cayuqueo). While at the beginning of the Renaco stream also throw in the Collimullin stream -from the southeast- where there are two reductions (C. Nagüelñir and J. Paillao) and other scattered smaller. Two concentrated and larger reductions are located in north of the Güincarrucague stream (F. Carilaf and G. Lepin), which also tributes to the Renaco stream. To the north, it encloses all this territory the sector called "Hills of Ñielol".[x] It is also observed in the sketch, north of the middle course of the Renaco stream, a hydric system independent of the previous ones, in which five minor reductions are located (the largest being C. Lleubul).

Regarding the toponymic silence, of the three cartographic products analyzed, this sketch is the only one that represents the establishment of mapuche, although they are land occupied by a population settled by the Private Properties Commission of the time. Along with the location, the name (abbreviated) and surname of the indigenous "beneficiary" is indicated by the settlement process. However, when indicating with the same punctual symbol the lands with indigenous people, as well as the use of the same style and size of the corresponding label, the image denotes a homogeneous and simple treatment for the representation of the native population, which ancestrally occupied the territories in dispute.

Concerning the landscape stereotype, although the document analyzed corresponds to a sketch, the author used of color to standardize the outline according to cartographic standards of the time. In this way, the celestial color is used for the layout of the hydrography (main river and streams). The red color was used to homogenize the punctual implantation of the settlements by means of the geometric figure of small diamonds of equal size. For the place names, regardless of their hierarchy, the color black is used. Likewise, the areal type toponymy is used, for example "National Settlers”[xi] or "Sub-auctioned Lands"[xii]to indicate the possession of large tracts of land, but without specifying their internal details.The above, denotes that the indigenous communities are circumscribed to the bottoms of rivers and streams, while all the extensive zones of interfluves are available to the new national colonists. This is evident in the large blank spaces in the sketch -only interrupted by the labeling- as are the upper part of the sheet; the area of interfluves; and the lower right side of the composition (in Fig. 3). This last space is occupied by the text of the sketch, which does not allow appreciate in the cartographic image, the true territorial magnitudes granted by the State for the colonization of external population in this area near the current city of Temuco. 

General Chart of Colonization of 1916

The following cartographic product is titled "General Chart of Colonization of the Province of Cautín"and was built and drawn by the cartographer NicanorBoloña in 1916.[xiii] The author belonging to the Office of Geography and Mines of the General Direction of Public Works, created the product for the provinces of Malleco and Cautín and its main objective was the surveying of small, medium and large properties. This took place in the context of the process of colonization in which the military cartographic representations were giving way to those of the division and property of the land.

The complete map covers the province of Cautín and it consists of a total of 15 individual sheets, of which sheet N°3 in this analysis is considered. In this way, the General Plan presents a title, numerical scale 1:500,000 and the scale graphic; all framed by the logo and sign "General Inspection of Colonization and Immigration".[xiv]

The chart presents a symbol indicated as "Explanation", detailing the number of lots or sites and the area in hectares. Two groups of linear implementation are used: one to represent the "routes", "railway in operation" and "railway in project"; and a second group for five types of limits: concessions, sub-delegations, departments, provinces and international boundary. About the standardization of the product, it presents both pairs of geographic coordinates separated every 10', all of which are framed within a rather elaborate internal margin, divided every 1'.

At following, the Sheet N°3 -numerical scale 1:100,000- corresponding to the north-central part of the province of Cautín, delimited to the north by the rivers Cautín and Quillem, to the south by sectors Vilcun and Cherquenco, to the west by the sector of Lautaro and sector Curacautín by the east, is analyzed (see Fig. 5). Like the General Plan, the basic information compiled corresponds to the hydrographic network with its corresponding toponymy; major settlements; routes, limits and properties; and from the point of view of map implantation, the areal and linear predominates. For the treatment of toponymy, large labels with a capital letter for settlements and sectors are used; with small letter the major water courses, such as the rivers Cautín and Quillem, are indicated. The highlight of the map is the delimitation of the properties, in which it is indicated (if the size allows it) the assigned property number, the name of the owner and the number corresponding to the surface in hectares (see in more detail in Fig. 6).

Regarding the patterns of distribution and size of the properties, the map shows some quite different sectors, standing out in the whole eastern area of the chart, between the river Cautín and sectors San Patricio and Cherquenco, a regular grid pattern corresponding to the properties of larger size with an average of 500 hectares. It is important to highlight that the geometric layout of the properties, in its majority, is independent of the hydrographic networks and the access routes, preferably occupying the flat sectors of lower slopes or inclinations.

In addition to the toponymy indicated above, the original one is not identified on the map, except for large sectors such as Pillanlelbun, Vilcun, Cherquenco, Quillem, and other names introduced or replaced such as San Patricio, Cajón (south side of the map). Likewise, analyzing the map as an image of the territory, the existence of a toponymic silence when the settlements and indigenous sectors are invisible in the state cartography documents, can be observed.

Concerning the landscape stereotype, as well the other maps analyzed, in addition to the depict of the relief with the shading technique and the regular and geometric scheme of the territorial division through the concessioned lands, another standardized element for representation of independent urban sites of size is incorporated. This method consists of a regular squared template, as shown on the map for the settlements of Lautaro, Vilcún and Quillem.

Finally, another element of standardization of the cartographic product is the use of color on the map: light blue used in the layout of the entire hydrographic network and its associated toponymy, modulating the thickness of the river line according to its degree of importance. The red color is highlighted for the indication of the surface of each of the properties recorded (see Fig. 6). This field survey was advised by the General Inspection of Colonization and Immigration, the key State agency in the process of colonization carried out in the provinces of Malleco and Cautín.

A synthesis of the analyzed cartographic products

As specific conclusions, the three cartographic products analyzed were made on different dates, previously, during and after the Pacification period, with which they present both distinctive characteristics as well as certain common aspects.

In the so-called "scientific discourse of the map", it materializes in several aspects. Regarding compilation of information, the three products represent the hydrography of the place, whereas for the settlements they have different treatment: location of "Indian villages" in the Map of 1777; location of indigenous reductions in the Sketch of 1890 and; only major settlements in the Sheet of 1916. Concerning to the type of basic implantation to symbolize information, the punctual and linear in the first two maps is highlighted; and especially the areal implantation in the third map to represent the properties.

When analyzing the hierarchy of toponymy, both the Map of 1777 and the Sheet of 1916 present a general toponymy for both settlements and hydrography, with a size treatment for their hierarchy. Nevertheless, the Sketch of 1890 shows a partially hierarchical toponymy with a homogeneous elaboration in the labels for both the settlements and the hydric network. Regarding the Euclidean standardization and homogenization of the products, the Map of 1777 and the Sheet of 1916 stand out, which present a network of geographical coordinates of latitude and longitude framed in elaborated margins, as well as the representation of numerical and graphic scales. Both products also have symbol and legend for easy reading. Not so the document of 1890 that lacks these last elements: being a sketch its graph is less elaborated.

On the other hand, regarding the "political and social discourse of the map", after the interpretation and analysis of the three products, the following can be established. As for the so-called toponymic silence, the Sheet of 1916 does not present original toponymy, highlighting only the large settlements of the covered area. However, the sketch is the only document that indicates the location of the Indians after the filing made by the Commission of Titles of the time. The Map of 1777, although it represents the location of the peoples of Indians, it does not indicate itsoriginal names, therefore it is considered that it presents a partial original toponymy.

Regarding the "landscape stereotype" this criterion stands out in several aspects to consider. For instance, the pictorial representation of the relief used in the Map of 1777 and the technique of shade relief in the Sheet of 1916. It also highlights in the latter the standardized technique for representing urban plants -homogeneous grid pattern- as well as the geometric representation of the properties. Another stereotype is the use of color both in the Sketch of 1890 and the Sheet of 1916, to highlight the hydrography (blue color in both) and red color for settlements (in the sketch) and surface properties (in the sheet). It stands out the use of labels that cover blank spaces on the map corresponding to extensive territories without information or detail, like the labels used in the Sketch of 1890.

Concerning the general conclusions, the analysis of the cartographic products selected in this article contributes to the interpretation of the so-called Pacification of La Araucanía, which comprised two phases: first, the generation of a cartography of discovery and recognition, of a military issue; second, a mapping of survey and delimitation of properties, with an administrative-legal character, for the distribution of lands of the conquered territories.

Through the selected maps, the so-called "toponymic silence" is observed, especially in those cartographic products generated during and after the territorial incorporation process of the study area. In the same way, the "landscape stereotype" is verified, since the described maps incorporate graphic elements that standardize and homogenize the represented space, by means of the most advanced and available cartographic techniques of that time.

It is verified that the approaches and theoretical models of John B. Harley, with respect to the so-called external and internal powers that exercise maps and cartography as a whole, can be applied to our Chilean historical reality. These maps perfectly allow be analyzed and interpreted as cultural texts and rhetorical images, in conjunction with their scientific and technological interpretation.

Finally, in the context of critical cartography -in its aspect of historical criticism- it can be asserted that map considered a power and knowledge artifact, it was also part of the tools of domination and legality that the Chilean State used to incorporate into its territory, the zone of the current Araucanía region during the so-called euphemistically "Pacificationprocess”, as demonstrated by the aforementioned maps. 

Discussion of Literature 

ValentinaAliste[xv] mentions that cartographies of exploratory journeys made by foreign naturalists such as Claudio Gay (Atlas of Physical and Political History, 1854)and Amado Pissis (Topographic and Geological Map of the Republic of Chile, 1873)have been analyzed.[xvi] Similarly, other authors as Ignacio Domeyko, Rodolfo Philippi and GustaveVerniory published writings and maps for scientific and technical purposes in their exploration journeys to the Mapuche territory and were largely promoted by the State for the knowledge and integration of the indigenous territory to the recent nation.[xvii]

In the context of the exploration and cartographic construction of the territory, Claudio Gay considers the “Map of Chile surveyed by order of the government of this Republic” (1841) which served as the basis for the "Map for the Intelligence of the Physical and Political History of Chile" (1854).[xviii] The latter was published in his "Atlas of the Physical and Political History of Chile" (1854).[xix] Regarding the territorial recognition of La Araucanía, Ignacio Domeyko made in 1854 the map called "Sketch of a Map of Araucanía".[xx]

In 1846 Bernardo E. Philippi generates the "Map of the Province of Valdivia", which represents the southern part of La Araucanía comprising territories of the current lakes Calafquen and Villarrica, the Villarrica volcano, as well as the Toltén and Queule rivers, among others.[xxi]

In the context of the military expeditions by the Chilean state, another important map analyzed by the authors is that presented by Colonel Cornelio Saavedra to the Ministry of War, at that time, which was elaborated by Manuel José Olascoaga and titled "Plan of Arauco and Valdivia with the designation of the Old and New Frontier Line against the Indians".[xxii]

About of the State and property, Flores and Azócar (2017) also highlight that during the process of colonization representations of a military character gave way to the properties representations[xxiii]. "General Chart of the Province of Cautín" (1916) and the "General Chart of the Province of Malleco" (1917), both products sponsored by the Office of Geography and Mines belonging to the General Direction of Public Works, are prepared by the cartographer NicanorBoloña.[xxiv] In this same sense, but more specifically related to the Andean territory of La Araucanía, Jaime Flores[xxv] analyzes the occupation of Villarrica and the line of the Andean mountain range led by the expedition of Colonel Gregorio Urrutia in 1883.[xxvi]

On the other hand, Rosenblitt and Sanhueza in their work Historical Cartography of Chile highlight several large scale cartographic products that detail, among others, the delimitation of properties.[xxvii] These documents (with the number of property and area in hectares) are the "Plan of the Colony of Traiguén" (1881), "Plan of the village of Perquenco" (1888), "Plan of the colony of Purén" (1898), "Plan Quepe-Calbuco" (1898) and "Sketch of the land divided into sections, located between the Malleco river and Dillo stream" (1893).[xxviii] In some cases only the property number is indicated, as in the sketch "Hijuela between the Renaico and Malleco rivers. Angol" (1874) and "Plano N°2 of Carahue: from the south side of the Imperial River from near Pancul to the sea: Auction of 1893 ".[xxix] The authors also mention other cartographic products, on an intermediate scale, such as the "Sketch of central valley of La Araucanía with the routes followed by the divisions that have crossed it" (1869), "Sketch of Malleco’s line and new forts of Cautín" (1869) and “Plan of the territory between Renaico and Malleco with demonstration of the line of high border" (1870).[xxx]

Similarly, the authors Martín Correa and Eduardo Mella (2009)[xxxi], in the context of the military occupation of La Araucanía that occurred between 1881-1882, also they refer to the map called "Plan of Arauco and Valdivia with the designation of Ancient and New Frontier against the Indians" (1870).[xxxii] The authors also rescue in the text a large number of Mapuche settlements of smaller sizes classified as "abajinos" and "arribanos" territories, alluding to the spatial orientation of the communities: located towards the coast and the Andean mountain, respectively. However, in the aforementioned map these indigenous settlements are not represented, except for some military forts, consolidating the frontier line.[xxxiii]

Zenobio Saldivia[xxxiv] details the contribution of Francisco Vidal Gormaz as a Navy surveyor from the interior of the Chilean Navy, in his explorations to La Araucanía region, mainly in the 50's and 60's of the nineteenth century. This hydrographic and cartographic contribution prepared by Vidal Gormaz was crucial to the support of military officers in their strategic and offensive operations during the military expedition of Cornelio Saavedra in the context of the Pacification of La Araucanía.[xxxv]

Flores and Azócar[xxxvi] also make reference to the Vidal Gormaz’s cartography, especially the nautical chart of the Toltén river of 1886-1887 (scale 1: 20,000), which compared with the map of 1855 ("Plan of the Coasts of Chile"), a greater information and level of detail is appreciated.[xxxvii]

Finally, the J.B. Harley’s speech about the toponymic silence which is expressed in the cartographic images, Alejandra Vega[xxxviii] emphasizes in her analysis that during the sixteenth century, this way of creating a determined image of the world with the help of maps as tools of power and knowledge has been recurrent in cartographic production, in which the period of the nascent republic in which the State in its formation played a key role. 

Primary Sources

A revision of cartographic and bibliographic material related mainly to the time of the Pacification of the Araucanía; that is, from the mid-fifties until the beginning of the eighties of the nineteenth century, as has been recorded by various traditional and contemporary authors, is describedbellow. Furthermore, visits and consultations to public entities such as National Historical Archive and Map Library of National Library, both located in Santiago of Chile, were made.

Among the traditional authors about Araucanía region see Lara, Horacio: Crónica de la Araucanía (1869), Imprenta El Progreso, Santiago de Chile;  Guevara, Tomás: Historia de la Civilización de la Araucanía (1902), Tomo III, Imprenta Barcelona, Santiago de Chile; Vera, Robustiano: La Pacificación de La Araucanía (1905), Imprenta El Debate, Santiago de Chile; Navarro, Leandro: Crónica Militar de la Conquista y Pacificación de La Araucanía (1909), Tomo I, Imprenta Lourdes, Santiago de Chile; Encina, Francisco Antonio en: Historia  de Chile desde la Prehistoria hasta 1891 (1954), Editorial Nacimiento, Santiago de Chile. Among the contemporary authors see Lipschutz, Alejandro: La comunidad indígena en América y en Chile (1956), Editorial Universitaria, Santiago de Chile; Bengoa, José: Historia del pueblo mapuche: Siglo XIX y XX (2000), Ediciones LOM, Santiago de Chile; or Pinto Rodríguez, Jorge: La formación del Estado y la Nación y el pueblo Mapuche (2003), Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (DIBAM), Santiago de Chile; among others.

Claudio Gay Mouret (1800-1873), French botanist and naturalist, arrived in Chile at the end of 1828, hired to teach Physics and Natural Sciences at the College of Santiago. Then, in 1830, he was hired by the Minister Diego Portales, to carry out and give an account, in scientific terms, of all the biodiversity existing in the country. In this way, Gay begins to study the physical nature of the country from Atacama to Chiloé. This exploration work, it takes twelve years: from 1830 to 1842. Then he continues with more than two decades of work in France, to supervise and publish his 26 volumes of the "Physical and Political History of Chile", about the flora, fauna and history of the country. In addition, "Atlas of the Physical and Political History of Chile" (1854), in two volumes. The first volume is dedicated to presenting the maps of the provinces of Republican Chile, the "Map for the intelligence of the Physical and Political History of Chile", as well as illustrations on sociological and traditional aspects. The second volume illustrates diverse specimens of the chilensis flora and fauna. 

Pierre Joseph AmadePissis (1812-1889), French geologist, geographer and cartographer, after doing some work on volcanology in his country, he is hired in Brazil and then in Bolivia. In 1848 he arrives in Chile and quickly assumes tasks linked to earth sciences. He has left several regional maps of Chile, topographic and geological, such as: Santiago (1857), or Valdivia (1859) and Aconcagua (1859). Also the "Mineralogical Plane of the Atacama Desert" (1877).In addition, the "Topographic and Geological Map of the Republic of Chile" (1873), aforementioned. 

Ignacio Domeyko (1802-1889). He borned in Missik, Poland. In 1817 he enrolled at the University of Vilna to study Physical Sciences and Mathematics. From 1830 to 1837 he studied in Paris: University of the Sorbonne, Institute of France, School of Mines in Paris, and the Conservatory of Arts and Crafts. In 1837 he obtained the title of Engineer in Mines. The following year he was hired in Paris to come and work in Chile as a professor of Chemistry, Physics and Mineralogy at the School of Mines in La Serena. Then he is dedicated to exploring various places in the northern part of the country identifying and describing inorganic exponents. In relation to the area of the Araucanía, the text "La Araucanía y sus habitantes" (1827) has bequeathed to us, where it suggests mechanisms to settle immigrants in that area and the characteristics that they should have. 

RodulfoAmando Philippi (1808-1904). He completed his primary studies in Iverdon, Switzerland. He studied his secondary education in the Gymnasium of Berlin, and higher studies at the University of Berlin, obtaining the title of Doctor of Medicine and Surgery in 1833. He arrived in Chile in 1851 and the following year he was hired as Rector of the Liceo de Valdivia. In 1853 he began writing in the Annals of the University of Chile on topics of taxonomy and geology and detailing their diverse scientific explorations throughout the national territory. In 1856 he made the scientific exploration to the Atacama Desert. In fact, he is the continuator of the description of the organic universe chilensis previously initiated by Claudio Gay. He has innumerable publications on references of the Chilean flora and fauna and some on paleontology and geology. In relation to cartography, he has left us a plan on the location of the Osorno Volcano (1852). 

GustaveVerniory (1865-1949). Belgian engineer. He arrived in Chile in 1889 and is hired to participate in the construction of the railway line that would join the center of the country with Valdivia, passing through the territory of La Araucanía (from the BíoBío River to the Toltén River). Verniory directed the construction of the route from Victoria to Toltén during the government of José M. Balmaceda. Later he does the same with the line from Temuco to Pitrufquén. He has bequeathed us some books in which the modus vivendi of the Araucanians and the clearing of forests of this region are manifest to materialize the aforementioned railway company. Between these texts we remember for example: Dix Années in Araucanie 1889-1899, (two volumns, without date). 

Further Reading

Aliste, Valentina. “Develando el territorio para la nación: El saber geográfico como herramienta de control, racionalización y ocupación del territorio mapuche en el siglo XIX”. BeGeo Boletín Electrónico de Geografía, 2(2014): 1-16.

Azócar, Pablo, and Manfred Buchroithner.Paradigms in Cartography: An Epistemological Review in the 20th and 21st Centuries. Springer-Verlag Berlin Heidelberg, 2014.

Correa, Martín and Eduardo Mella. El territorio mapuche de Malleco: Las razones del Illkun. Temuco: Observatorio de Derechos de los Pueblos Indígenas, 2009. 

Flores, Jaime.“La construcción de espacio. Una mirada histórica al territorio cordillerano de La Araucanía. El territorio andino de la Araucanía, concepto y antecedentes”. In Fronteras en movimiento e imaginarios geográficos: La Cordillera de Los Andes como espacialidad sociocultural, editedbyAndrés Nuñez, Rafael Sánchez and Federico Arenas, 415-447. Santiago de Chile: RIL Editores, 2013.

Flores, Jaime and Alonso Azócar.“Mapas para el Estado. La representación de La Araucanía: 1836-1916”. Scripta Nova Revista Electrónica de Geografía y Ciencias Sociales. Vol. XXI, no. 562(2017): 1-25.

Harley, John Bryan.The New Nature of Maps: Essays in the History of Cartography. Paul Laxton (ed.). Baltimore: Johns Hopkins University Press, 2001.

Harley, John Bryan. “Deconstructing the map”. In The New Nature of Maps: Essays in the History of Cartography,edited by Paul Laxton, 149-168. Baltimore: John Hopkins University Press, 2001.

Harley, John Bryan. “Silences and secrecy: The hidden agenda of Cartography in Early Modern Europe”. In The New Nature of Maps: Essays in the History of Cartography,edited by Paul Laxton, 83-108. Baltimore: John Hopkins University Press, 2001.

Harley, John Bryan.“Maps, Knowledge, and Power”, In The Iconography of Landscape: Essays on the Symbolic Representation, Design and Use of Past Environments, edited by Denis Cosgrove and Stephen Daniels, 277-312.Cambridge: Cambridge University Press, 1998.

Rosenblitt, Jaime.“Al borde del imperio, al margen de la nación: Cartografía de la ocupación de la frontera mapuche, 1770-1890”. In El Mar del Sur en la historia. Ciencia, expansión, representación y poder en el Pacífico, editedbyRafael Sagredo Baeza and Rodrigo Moreno Jeria, 479-491. Santiago de Chile: DIBAM Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, 2014.

Rosenblitt, Jaimeand Carolina Sanhueza.Cartografía Histórica de Chile 1778-1929. Santiago de Chile: Biblioteca Fundamentos de la Construcción de Chile, 2010.

Saldivia, Zenobio.“Francisco Vidal Gormaz, Hidrógrafo olvidado del Chile decimonónico”. Revismar, 6(2016):34-39.

Vega, Alejandra.Los Andes y el territorio de Chile en el Siglo XVI: Descripción, reconocimiento e invención. Santiago de Chile: Dirección de Bibliotecas Archivos y Museos DIBAM, 2014. 

Acknowledgements: This work is supported by the "Initiation Program in Research and Development and Creation, 2015, under grant code L2-15-11", Universidad Tecnológica Metropolitana. Project "Maps as instruments of power and rhetorical operation in the construction of cartographic images in the national collective. Case study: period of the Spanish empire and republican Chile of the nineteenth century".

[i] John Bryan Harley,The New Nature of Maps: Essays in the History of Cartography. (Baltimore: Johns Hopkins University Press, 2001).

[ii]For a deeper description also see John Bryan Harley, “Deconstructing the map”.In The New Nature of Maps: Essays in the History of Cartography (Baltimore: Johns Hopkins University Press, 2001): 149-168. See also, John Bryan Harley. “Silences and secrecy: The hidden agenda of Cartography in Early Modern Europe”. In The New Nature of Maps: Essays in the History of Cartography (Baltimore: Johns Hopkins University Press, 2001):83-108.

[iii]In this regard, Azócar and Buchroithner argue that within the history of modern cartography there are three paradigms: scientific or empirical, critical and post-representational. This article would be inserted in the second mentioned paradigm. For more details see Pablo Azócarand ManfredBuchroithner, Paradigms in Cartography: An Epistemological Review in the 20th and 21st Centuries. (Berlin-Heidelberg: SpringerVerlag, 2014).

[iv]To deepening into the external and internal power of cartography and maps see John Bryan Harley, “Maps, Knowledge, and Power”, in The Iconography of Landscape: Essays on the Symbolic Representation, Design and Use of Past Environments, eds. Denis Cosgrove and Stephen Daniels  (Cambridge: Cambridge University Press, 1988), 277-312.

[v]For more detailsaboutthistopicsee Pablo Azócar, “Los mapas como instrumentos de poder durante el periodo de la Pacificación de la Araucanía”. XXXVIII Congreso Nacional y XXIII Internacional de Geografía, “Fronteras en movimiento: pensando la geografía en el sur del mundo. Movilidad y transformaciones socio-espaciales”. Sociedad Chilena de Ciencias Geográficas. Universidad de La Frontera, Temuco-Chile, 2017. (in press). 

[vi]Original title: “Mapa de una parte de Chile que comprende el terreno donde pasaron los famosos hechos entre españoles y araucanos”

[vii]“Mapa del Sur”. 

[viii]“Pueblo de indios”. 

[ix]Original title: “Croquis de los terrenos que ocupan los indígenas radicados por la comisión de títulos”. 

[x]“Sierras de Ñielol”. 

[xi] “Colonos nacionales”. 

[xii] “Terrenos subastados”. 

[xiii]Original title: “Carta General de Colonización de la Provincia de Cautín (Parte 3-15)”.

[xiv] “Inspección General de Colonización e Inmigración”. 

[xv] Valentina Aliste, “Develando el territorio para la nación: El saber geográfico como herramienta de control, racionalización y ocupación del territorio mapuche en el siglo XIX”,BeGeo Boletín Electrónico de Geografía, 2 (2014): 1-16. 

[xvi] Aliste, “Develando el territorio para la nación”, 7: “the production of Gay and Pissis can be considered as part of the strategies of integration of the Mapuche lands into the Chilean territory by officially showing the indigenous territory as part of the Chilean State and nation". 

[xvii]Aliste, “Develando el territorio para la nación”, 8: “the auction and public sale of the land, is seen as one of the main strategies of empirical occupation of indigenous territory through the scientific knowledge of geographer engineers, who carried out the rationalization of the territory representing it as a geometric space, measurable and divisible". 

[xviii]“El Mapa de Chile levantado por orden del gobierno de esta República” (1841). “Mapa para la Inteligencia de la Historia Física y Política de Chile” (1854). 

[xix] “Atlas de la Historia Física y Política de Chile” (1854). 

[xx] “Bosquejo de un mapa de La Araucanía” (1854) by Ignacio Domeyko. 

[xxi] “Mapa de la Provincia de Valdivia” (1846) by Bernardo Philippi. 

[xxii]Original title: “Plano de Arauco i Valdivia con la designación de la Antigua i Nueva Línea de Frontera contra los Indios” (1870) by Manuel José Olascoaga. 

[xxiii]Jaime Flores and Alonso Azócar, “Mapas para el Estado. La representación de La Araucanía: 1836-1916”. Scripta Nova Revista Electrónica de Geografía y Ciencias Sociales, Vol. XXI, no. 562 (2017): 1-25:5 "the study on the Historical Cartography of Chile elaborated by Jaime Rosenblitt and MaríaSanhueza [2010], establish two moments in geographical and cartographic studies, the first half of the 19th century marked by the need to recognize and mapping the internal administrative political divisions of the territory and the second half of this century marked by the definition of national borders".

[xxiv] “Carta General de la Provincia de Cautín” (1916) and “Carta General de la Provincia de Malleco” (1917), bothafterNicanor Boloña. 

[xxv]Jaime Flores. “La construcción de espacio. Una mirada histórica al territorio cordillerano de La Araucanía. El territorio andino de la Araucanía, concepto y antecedentes”, inFronteras en movimiento e imaginarios geográficos: La Cordillera de Los Andes como espacialidad sociocultural, eds. Andrés Nuñez, Rafael Sánchez and Federico Arenas. (Santiago de Chile: RIL Editores, 2013), 415-447.

[xxvi] Flores, “La construcción de espacio,” 435: “in addition to the military purpose that motivated the various military expeditions that were entering La Araucanía, there was an important exploratory and discoverer component. In this context, the exploratory expedition that accompanied the army advancing towards the occupation of Villarrica, was created by Supreme Decree of November 29, 1882. (...) The scientists determined a series of geographical coordinates, exact astronomical positions of several cities, forts, river passes and mountain peaks from Angol to Villarrica and Valdivia, were fixing these diffuse spaces, constituting a national territory for Chile". 

[xxvii] JaimeRosenblittand Carolina Sanhueza, Cartografía Histórica de Chile 1778-1929. (Santiago de Chile: Biblioteca Fundamentos de la Construcción de Chile, 2010).

[xxviii] “Plano de la colonia de Traiguén” (1881); “Plano de la localidad de Perquenco” (1888); “Plano de la colonia de Purén” (1898); “Plano Quepe-Calbuco” (1898); and “Croquis de los terrenos divididos en hijuelas, situados entre los ríos Malleco y estero Dillo” (1893). 

[xxix] “Hijuela entre los ríos Renaico y Malleco. Angol” (1874) and “Plano N° 2 de Carahue: de las hijuelas al sur del río Imperial desde cerca de Pancul hasta el mar: Remate de 1893”. 

[xxx] “Croquis del valle central de la Araucanía con los caminos seguidos por las divisiones que lo han cruzado” (1869); “Croquis de la línea del Malleco y nuevos fuertes de Cautín” (1869), and “Plano del territorio entre Renaico y Malleco con demostración de la línea de alta frontera” (1870). 

[xxxi]Martín Correa and Eduardo Mella. “El territorio mapuche de Malleco: Las razones del Illkun”. (Temuco: Observatorio de Derechos de los Pueblos Indígenas, 2009). 

[xxxii]Original title: “Plano de Arauco y Valdivia con la designación de la Antigua y nueva Frontera contra los indios” (1870). Also see Correa and Mella, “El territorio mapuche de Malleco”, 41:  "represents the advances of the Chilean army around 1870, specifically the fortification of the Malleco river, in which a detailed description of the living in the area to be occupied is shown, as the geography of the place, the line of forts across the river is drawn, the hills of Ñielol, Pidenco, the distribution of the arribanos, moluches (precordilleranos), abajinos, the location of Quilapan ... [ ]". 

[xxxiii]Correa and Mella, “El territorio mapuche de Malleco”, 26: "the Military Occupation of La Araucanía, the euphemistically called Pacification of La Araucanía, had been decided, it was already a state decision, it had acquired the category of what is now called a country company, and it was they will allocate multiple efforts, mainly economic and military”. 

[xxxiv]ZenobioSaldivia.“Francisco Vidal Gormaz, Hidrógrafo olvidado del Chile decimonónico”,Revismar 6(2016):34-39.

[xxxv]Saldivia, “Francisco Vidal Gormaz”,6: "with the scientific information obtained by Vidal Gormaz and others, about the physical and coastal body of the areas of Arauco, Valdivia and Chiloé; delivered through its official reports and cartographic surveys, contributes to the policy of territorial expansion of the State".

[xxxvi]Flores and Azócar, “Mapas para el Estado”,16: The authors mention that in addition to the detailed description of natural elements also represent human aspects and the identification of strategic places with a prominent military presence. In this way, the strategy of conquest through this detailed plan lies in representing the occupation dynamics of La Araucanía, since it "manifests the intention to advance in the Mapuche military conquest and defeat where detailed geographic knowledge played a gravitating role. At the same time, it constituted a diagnosis of the potentialities of its resources and a projection of the idea in which the forts were also thought of as the germ of future cities". 

[xxxvii] “Plano de las costas de Chile” (1855) by Vidal Gormaz. 

[xxxviii]Alejandra Vega. Los Andes y el territorio de Chile en el Siglo XVI: Descripción, reconocimiento e invención. (Santiago de Chile: Dirección de Bibliotecas Archivos y Museos DIBAM.Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, 2014), 296-297: “(...) it has been said that the capacity to name and describe are attributes of power and, as such, they are not distributed in a homogeneous manner among the members of a society. It is necessary to remember that the recreation of the territory in the language of the conquerors did not end with the indigenous territorialities in the colonial space of Chile. In parallel, and more silently for the purposes of the revised documentation, other ways of interpreting the territory were recreated among the indigenous populations, which plunged their roots in the diverse pre-Columbian traditions re-read from the colonial experience. However, the subordinate position of these groups impeded the validation in the cartographic discourse of these interpretations of the territory".

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Zenobio Saldivia M.* y  Maryorie Maya G ** 

Codazzi, sus primeros pasos y sus estudios 

Giovanni Agustín Codazzi nació el 10 de julio de 1793 en la localidad de Lugo, de la legación de Emilia Romagna, Estados Pontificios, en la actual Italia.  Hijo de Doménico Codazzi y de Constanza Bartolotti.[1] Su infancia transcurrió en una época turbulenta de la historia de Italia; en efecto, tres años después de su nacimiento, los ejércitos napoleónicos invadieron los Estados Pontificios y la ocupación napoleónica afectó la vida de la familia Codazzi, puesto que su padre se dedicaba a la fabricación y comercio de la seda, que era la única manufactura importante para el siglo XVIII en la Italia del norte. Y en este contexto, la política impuesta por Napoleón que pretendía favorecer la industria francesa por sobre la italiana, hizo que esta última entrara en un franco deterioro; ello, sumado a los altos impuestos y al bloqueo comercial continental, impactó en el comercio de las sedas italianas que dependían en este período principalmente del mercado británico. Por ello, muy pronto sobrevienen dificultades económicas y las enfermedades no tardaron en agobiar a esta familia.[2] Uno de los biógrafos de Codazzi, Nicolás Perrazo, sostiene que Agustín Codazzi tuvo seis hermanos y hermanas, de los cuales cinco murieron en la infancia.[3] 

Codazzi en su niñez recibió lecciones de Pier Matteo Zappi, un hombre ciego, que le habría enseñado los rudimentos de gramática y latín.  De esta educación temprana, según se presume, pasó a los dos ciclos bienales de la Scuole Elementari de Lugo, seguidos por cuatro años de Scuole Ginnasiale, donde aprendió más gramática, más latín, humanidades y retórica.[4] 

Pero la ocupación napoleónica si bien afectó a la familia del joven Codazzi, también lo estimuló para buscar nuevos horizontes.  Así, luego de un breve período como escribano en el Juzgado de Paz de Lugo, decide abandonar su patria y enrolarse en la milicia.  Por ello, en 1811 a la edad de 18 años, el joven Codazzi se presenta en Bolonia como voluntario ante el mayor Pier Damiano Armandi, del Real Teggimento d’ Artiglieria a Caballo, quien lo asigna a la Academia de Pavía.[5] Y dos años después, ya integrado a las fuerzas napoleónicas y al igual que todo el ejército italiano, se encuentra combatiendo en la Campaña de Alemania, donde se destacó en distintas batallas. En 1818, decide viajar a América motivado por la simpatía que despertó en su espíritu la gesta de los países del Nuevo Mundo. Por ello tras arribar en Baltimore, en Estados Unidos, casi de inmediato principió a combatir a favor de los independentistas de América Meridional, entre 1819 y 1822. Al año siguiente regresó a Italia pero no logró acomodarse y por ello volvió a América en la primavera de 1826; donde poco después el vicepresidente de Colombia, Francisco de Paula Santander, lo nombró comandante de artillería.[6] 

En cuanto a  su formación como geógrafo, el propio Codazzi no nos ha dejado testimonio alguno, aunque sí existen evidencias acerca de su gran facilidad para las operaciones geodésicas y topográficas. Al enrolarse en el Regimiento de Artillería  a Caballo, Codazzi no solo ingresó al mundo de la milicia, sino que también al mundo de los mapas y de la cartografía en general. Su entrenamiento como artillero y como topógrafo, debe haber tenido lugar desde fines de 1811 hasta principios de 1813 en la Scuola Teorético-Pratica d’Artiglieria de Pavía.  En este hito evolutivo de Italia, todo soldado, suboficial u oficial del cuerpo de artillería, tenían la obligación de asistir a la Escuela Teórico Práctica y éste es, sin duda, argumento suficiente para afirmar que Codazzi tuvo allí su aprendizaje inicial en cuanto al conocimiento de las ciencias de la tierra.[7] Tales enseñanzas, giraban en torno a asignaturas prácticas, esenciales para la formación de un buen artillero; v. gr.: redacción de informes, diseño de trigonometría para el dibujo de mapas, matemáticas para el cálculo de la trayectoria de proyectiles, métodos prácticos para medir superficies, descripción y uso de la escuadra de agrimensura, los principales métodos para medir el área irregular, métodos prácticos de aproximación para la medida de prismas truncados de una elevación o depresión del terreno, reducción aritmética y gráfica de un ángulo en el horizonte, y otras; es decir, todas las técnicas necesarias para confeccionar adecuadamente un mapa.[8] Lo anterior,  aseguraba un alto nivel de enseñanza basada en una política estricta de selección de profesores y conferencistas, normalmente procedentes de las universidades de Bolonia y de Pavía.[9] 

Su metodología de trabajo 

Tratar de reconstruir el pensamiento geográfico y el método de trabajo cartográfico de Agustín Codazzi, no es tarea fácil, debido a que sus observaciones en estas materias son escasas y sus notas están dispersas entre sus manuscritos y obras publicadas. Empero, Codazzi por su formación en Pavía,  (entre 1811 y 1813) que era esencialmente matemática y orientada hacia la medición de superficies -como mencionamos con antelación-  y por sus contactos con oficiales franceses durante las guerras napoleónicas, en contra de Alemania, deber haber aprendido muchos conocimientos cartográficos.  Por todo lo cual, estaba en óptimas condiciones para aplicar los conocimientos de este tipo luego en el Nuevo Mundo. Una dificultad adicional, para hacer esta  evaluación, es el hecho de que los análisis que hasta hoy se han realizado de sus mapas; particularmente los de Alfred Hettner y Francisco Javier Vergara y Velasco, son superficiales, y se refieren a la Carta General y al Atlas de los Estados Unidos de Colombia elaborados por Manuel Ponce de León y Manuel María Paz, publicados en 1865. Estos mapas, ofrecen una visión parcial y en gran medida distorsionada del trabajo de Codazzi.  No es mucho lo que dicen Hettner y Vergara sobre los métodos de Codazzi.  El primero, afirma que en la construcción de su carta el sabio italiano “utilizó los puntos astronómicos de Humboldt para la determinación de coordenadas geográficas de ciertos lugares, y por lo demás parece basada en levantamiento de ruta y por lo mismo tiene considerables errores en la ubicación de los pueblos”.[10] Y Vergara y Velasco, por su parte, señala que Codazzi “procedía levantando el plano de una red de itinerarios, siempre de mallas muy abiertas, sobre el cual apoyaba, mediante rápidas triangulaciones, los puntos aledaños de importancia, completando el resto de la topografía por informes de los conocedores, excursiones breves, documentos locales, etc.”.[11]   

En rigor, el número de puntos astronómicos de latitudes y meridianos establecidos por Codazzi durante sus exploraciones por Venezuela, fue considerable: determinó 1.002 puntos, 58 de los cuales se pueden equiparar con los cálculos de Humboldt y Boussingault. También determinó, la altura de 1.054 puntos con barómetros Fortin. Estos datos sobre las alturas permiten una clara visión del relieve del espacio que debe quedar consignado en los mapas; Codazzi también observó con cuidado y continuidad los fenómenos climáticos y además fue muy cuidadoso con los datos estadísticos de la población, pues no se limitó a consignar los más conocidos sino que partiendo de aquella información, hizo sus proyecciones.[12] Y desde el punto de vista del apoyo bibliográfico en relación a su trabajo sobre Venezuela, utilizó las fuentes previas de José Luis de Cisneros: Descripción Exacta de la Provincia de Benezuela (1764); el texto de Francisco Depons: Viaje a la Parte Oriental de Tierra Firme (1806), y el trabajo de Alexander Humboldt: Viaje a las Regiones Equinocciales del Nuevo Continente (1799-1804), con lo cual su obra geográfica y cartográfica va adquiriendo su perfil.[13] Estas y otras obras de Humboldt lo van marcando fuertemente para articular su propia visión geográfica de Venezuela y Colombia. 

Con razón, más tarde en París, el 15 de marzo de 1841, el matemático y físico Dominique François Jean Arago, el geólogo  Elie de Beaumont y otros científicos que respaldaron el trabajo de Codazzi, en la Academia de Ciencias de París y en el Instituto de Francia;  enfatizaron mucho en los métodos rigurosos utilizados en el levantamiento cartográfico por el militar y geógrafo, destacando que el oficial Codazzi había utilizó los puntos astronómicos determinados por Fidalgo y Humboldt, estableciendo las horas, mediante cronómetros muy bien instalados.[14] 

Pero dejando a un lado estos aspectos, Codazzi debió tener un gran talento para poder representar cartográficamente una región desde un solo punto de observación tan correctamente y hasta en sus últimos detalles, y para usar acertadamente la información de la gente común; recurso metodológico muy utilizado desde fines del Siglo XVIII y comienzos del XIX.[15] 

La influencia de algunos maestros en ciencias de la tierra 

En cuanto a las influencias que recibió Codazzi para la posterior ejecución de su trabajo cartográfico, están los aportes de Humboldt y Boussingault. Al respecto, el propio Codazzi ha señalado: “…a Humboldt le debemos los mapas, además del ordenamiento de nuestras más importantes plantas, sin olvidar aquí a Bonpland, quien lo acompañó en su trascendental viaje. Boussingault, como botánico y químico, nos enseñó sobre los productos de nuestra propia tierra. Roulin enriqueció, a fuerza de ágil observación y de exactas descripciones, los catálogos europeos con maravillosos ejemplares de nuestro mundo animal”. [16] 

Codazzi -para articular sus trabajos- además de las obras ya mencionadas  de Cisneros, Depons y Humboldt, consiguió también algunas obras cartográficas: Una de Humboldt, que contenía los levantamientos cartográficos del camino de La Guaira a Caracas, los cuadros sobre el desplayamiento  del río Orinoco, y los viejos mapas de éste, también los dibujos de toda la subcuenca del Orinoco, además de los ríos Atabapo, Casiquiare, Negro, Apure, Meta, Caura y Guaviare. Después en Santafé de Bogotá, el Ministro del Interior Don Pedro Alcántara Herrán, que se interesaba mucho por los trabajos de Codazzi, le aportó un mapa especial de Roulin y el Atlas de la extinguida Colombia, publicado en 1827 en París, que contenía, además de un mapa general del viejo territorio colombiano, cartas de los doce departamentos en que se dividía, no sin valor, pero sí carentes de bases científicas y en las cuales figuraba Restrepo como autor.[17] Luego, años después, tras la lectura de algunas obras de Humboldt, Codazzi se enteró de un trabajo reciente del alemán Robert H. Schomburgk, quien -al servicio de Inglaterra- había explorado durante casi cinco años la región de las Guayanas y acababa de publicar en Londres los resultados de tales exploraciones científicas, donde se apreciaban descripciones relativas a la geografía de la cuenca del Orinoco, entre otros lugares. Codazzi, por tanto, decide seguir la pista a estos trabajos, probablemente la Descripción de la Guyana británica (1840). No olvidemos que Codazzi admiró el trabajo de Humboldt y que se apoyó mucho en la obra Viaje a las Regiones Equinocciales del Nuevo Continente (1799-1804) -como ya hemos mencionado- y siempre lo consideró su maestro. Y a su vez, Humboldt también le reconoce a Codazzi su esfuerzo por describir el corpus geográfico de Venezuela y Colombia, tal como se lo hace saber en una conceptuosa carta del 20 de junio de 1841.[18] Así que es un reconocimiento mutuo y caballeresco. 

Sus aportes científicos 

Codazzi realizó numerosas contribuciones científicas que se ubican en disciplinas tales como la geografía, la orografía, la hidrografía, la potamología, la topografía y la cartografía; pero su obra no se constriñe a un solo país, toda vez que realizó exploraciones y tareas científicas tanto en Venezuela como en Colombia, inmerso en los procesos políticos de consolidación republicana de ambos países. Por ello, analizaremos parcialmente los aportes científicos de este militar-geógrafo en relación a Venezuela y luego profundizaremos sobre sus conquistas cognitivas relativas a Colombia. 

Algunas contribuciones científicas en Venezuela[19] 

En Venezuela en 1826, como se ha señalado, es nombrado comandante de Artillería, con sede en Maracaibo. Luego, es designado jefe de la división de matemáticas en la Escuela Militar de Caracas y posteriormente profesor de ciencias de artillería. Más tarde el Presidente de la República de Venezuela, lo designa miembro de su Estado Mayor y le asigna la confección de una Geografía Estadística de la República y de un Atlas cartográfico de todas las provincias de la joven república.[20] Sin embargo, todo este tratamiento preferente no logró satisfacer las necesidades apremiantes para el grabado e impresión de su obra geográfica en curso, por lo que recurrió a principios de 1840 al Congreso de Venezuela, y éste ordenó el 16 de marzo, disponer de la suma de diez mil pesos para el proyecto, siempre y cuando se consiguiera un fiador para devolver el dinero en caso de incumplimiento del contrato. Esta fianza la asumió Don Martín Tovar y Ponte, uno de los hombres más respetados de Caracas, con lo cual la empresa de Codazzi quedó totalmente asegurada.[21] Empero, en la joven República de Venezuela no se contaba aún con los medios técnicos especializados para este tipo de impresiones, de modo que Codazzi, su familia y sus colaboradores y amigos Rafael María Baralt y Ramón Díaz, se embarcaron, el 11 de julio de 1840, rumbo a Europa, para finiquitar sus grabados en París.[22] Codazzi, acomodado ya en París con su familia, principia con sus colegas el trabajo de tres tomos que abarcaría la historia política y geográfica de Venezuela. Codazzi, por lo pronto, presentó las planchas originales de sus mapas a las personas entendidas, antes que sufrieran deterioro: entre éstos al físico Dominique François Jean Arago; quien presentó a su vez, dichas planchas a la Sociedad Geográfica. Por su parte, el 4 de septiembre, el naturalista Sabine Berthelot informaba en dicha entidad que  el coronel Codazzi, procedente de Puerto Cabello, había viajado a Francia por encargo del gobierno de Venezuela para hacer grabar e imprimir su gran Mapa de Venezuela y su Atlas ordenado por provincia. Dicha institución honró a Codazzi, nombrándolo socio. Y en general, todos los miembros de esta institución “admiraban su obra y lo elogiaban del modo más sincero”.[23]

El Atlas Físico y Político de la República de Venezuela, se publicó en 1840 y

entre los mapas que incluía, figuraban:  

-Campañas de Independencia en Venezuela, Nueva Granada y Quito. 1819-1820.

-Campañas de Independencia en Ecuador, Perú y Bolivia. 1823-1826.

-Capitanía General de Venezuela.1810.

-Provincia de Guayana, Cantón Caycara,

-Provincia de Guayana, Cantón Angostura; además de los mapas de las distintas provincias que existían a la fecha de publicación del Atlas en comento.[24] 

A su vez, el Resumen de la Geografía de Venezuela se publicó en 1841. Esta obra estaba destinada especialmente a apoyar  la instrucción pública y perseguía también dar cuenta ilustrada de los avatares de la historia política de Venezuela, amén de consignar la descripción geográfica de ese país. El libro parte dando cuenta de la geografía física, desde la situación geográfica de Venezuela y  las provincias de la época, límites  políticos, hoyas hidrográficas, superficie, aspectos orográficos, descripción de flora y fauna. Luego, sigue la geografía política enfatizando en la población, antecedentes históricos y etnográficos. Y finalmente la detallada geografía  y divisiones territoriales y sus producciones de cada una de las provincias de la época: Caracas, Carabobo, Barquisimeto, Coro, Maracaibo, Trujillo, Mérida, Barinas, Apure, Barcelona, Cumaná, Margarita y Guayana.[25] Desde la perspectiva contemporánea de la historia de la ciencia, llama mucho la atención la cuidadosa identificación de los especímenes florísticos, herbáceos, arbóreos, que señala y sintetiza el autor. Y lo propio se observa en relación a los exponentes de la fauna venezolanis. Al respecto, sabemos que recibió la colaboración de los sabios Roulin y Berthelot y de estudiosos adscritos al Museo mejicano, para estos tópicos;[26] pero aún así, es impresionante el acopio descriptivo  y la inserción bien estructurada de tales referentes en esta obra. Es un verdadero catastro que complementa la información geográfica del cuerpo físico del país.  

En rigor, Codazzi entre los años 1830 a 1840, prácticamente da cuenta geográficamente de más de un millón y medio de kilómetros cuadrados,[27] si tenemos presente que en este período nuestro científico se desplazaba por la República de la Gran Colombia. Y luego ya específicamente en lo que hoy es la República de Colombia, por ejemplo entre 1849 a 1855, sabemos que recorrió más de veinte mil kilómetros de vías fluviales y terrestres; tomando centenares de cotas y determinando las  coordenadas de puertos, montes, aldeas y pueblos. 

Codazzi y sus logros científicos en la joven República de Colombia 

En 1849 desde la gobernación de la provincia de Barinas, Codazzi tuvo que enfrentar de nuevo la inestabilidad política y se ve obligado a salir de Venezuela. Entonces, dado este estado de cosas, decidió aceptar la propuesta del general Tomás Cipriano de Mosquera, a la sazón Presidente de Nueva Granada durante su primer período (1845-1849), para trabajar en el Colegio Militar y desempeñarse como geógrafo. Otra vez, Codazzi llegaba a un país agitado por las tensiones políticas y las guerras civiles. Igualmente, arribaba a un país donde la exploración del territorio con estatuto científico y el manejo del espacio y el conocimiento del cuerpo físico, eran una preocupación relevante para las autoridades que requerían información para futuras decisiones administrativas y/o para la formulación de leyes; o simplemente para elegir eventuales lugares para  asentamientos humanos y/o para aprovechar los recursos naturales, o para el control regional.[28]   

La diferencia que encontró Codazzi entre Nueva Granada y Venezuela desde el punto de vista científico, se centra básicamente en el hecho de que en Nueva Granada existía una trayectoria científica y cultural más notoria que en Venezuela, y además porque en Nueva Granada el quehacer científico tenía una tradición más colegiada, de mayor preocupación por el trabajo en equipo, tal como observó luego el propio Codazzi, al interactuar con los miembros de la Comisión Corográfica en dicho país, tras asumir la dirección de la misma. A diferencia del trabajo individual realizado por Codazzi en Venezuela, en  la actual Colombia,  desde un principio asumió  una labor colectiva y altamente especializada: debió interactuar con geógrafos, cartógrafos, botánicos, pintores y escritores que estaban dispuestos a cumplir las altas exigencias científicas, administrativas y normativas, y deseosos de obtener los mejores resultados. 

En este contexto, Agustín Codazzi asumió la dirección de la Comisión Corográfica en 1850, encargado fundamentalmente de la parte geográfica y cartográfica de la misma. Dicha Comisión tuvo su génesis en una iniciativa del general Tomás Cipriano de Mosquera, quien logró convencer al militar y científico italiano para que la ejecutara. Para ello, el coronel Codazzi debió recorrer las diferentes provincias de Nueva Granada entre 1850 y 1859.

En cuanto al equipo humano y científico de la Comisión propiamente tal, recordemos que en la Dirección estaba Codazzi y que también era el encargado de la parte geográfica y cartográfica de la misma. En lo administrativo  por su parte, quedó en una primera etapa, el abogado Manuel Ancízar, quien fue  además el secretario del jefe de la Comisión, y también en lo científico debía responsabilizarse de la confección de estadísticas y de dar cuenta de los aspectos costumbristas y de la vida social y cultural de Colombia, hasta 1852. El médico José Jerónimo Triana, a su vez, asumió como responsable del acopio de un herbario y de los estudios de la flora; por su parte, el acuarelista Carmelo Fernández, el pintor Enrique Price y el cartógrafo y pintor Manuel María Paz; participaron como los dibujantes y cartógrafos de la Comisión. Por su parte, el educador Santiago Pérez continuó en 1852 con las actividades encargadas previamente a Manuel Ancízar; y tras la muerte de Codazzi en 1859, el periodista y geógrafo Felipe Pérez, continúa este esfuerzo cartográfico y geográfico iniciado por Codazzi, tomando apuntes de los cuadernos del militar italiano y complementándolos con su propio acopio de datos históricos y geográficos, hasta publicar en 1863 la Jeografía Física i Política de los Estados Unidos de Colombia General. Y a su vez, en 1865, publicó también la Jeografía Jeneral de los Estados Unidos de Colombia escrita de orden del Gobierno Jeneral. Y luego en 1889, publicó en París el Atlas Geográfico e Histórico de la República de Colombia; cerrando así el ciclo de los resultados científicos esperados de la Comisión Corográfica.[29] 

En rigor, en esta mega-comisión que además fue muy cambiante, trabajaron: Agustín Codazzi, (geógrafo-cartógrafo); Tomás Cipriano de Mosquera, (político y difusor científico, aspectos normativos), Manuel Ancízar, (Estadístico, secretario hasta 1852); Manuel Uribe Ángel (médico, geógrafo); Joaquín Esguerra; Francisco Vergara y Velasco; Eliseo Reclus; Ángel María Díaz Lemos;Carmelo Fernández (acuarelista y detalles gráficos 1850-1852);José Jerónimo Triana, (herborista);Carlos Martínez Silva, (periodista, escritor);Enrique Price (acuarelista);Santiago Pérez (educador, secretario a partir de 1852);Sergio Arboleda; Juan Manuel Royo; y Felipe Pérez (geógrafo y periodista, desde 1864);Manuel María Paz (pintor y cartógrafo, desde 1853); Manuel Ponce (ingeniero, desde 1859), y eventualmente Domingo y Lorenzo Codazzi; entre otros.[30] 

La Comisión Corográfica organizada bajo la dirección de Agustín Codazzi,  por tanto, fue el proyecto cartográfico más ambiciosos que se acometiera en este período de mediados del siglo decimonono en Colombia y permitió hacer el mapa del país mediante una serie de levantamientos parciales. Es importante comprender que dicha labor se dio en el marco de un proyecto político decimonónico, el cual buscaba conocer la geografía nacional y favorecer el proceso de administración de las antiguas provincias de Nueva Granada. Dicha Comisión fue también institución que continuó el trabajo de exploraciones, descripciones e inventarios, sobre el cuerpo físico del país, iniciado antes con Mutis en 1783, pero ahora bajo el sello político de la República de Nueva Granada y asentando así un antecedente de gran importancia en la trayectoria geográfica y en la investigación científica colombiana. 

Y en este contexto, Agustín Codazzi descolló como el hombre apropiado para inventariar, describir, clasificar y cartografiar todo el territorio de la actual República de Colombia. La selección de este militar y científico italiano para dicha empresa, por parte del general Tomás Cipriano de Mosquera, no fue utópica; sino más bien muy pragmática, realista y política. En efecto, Codazzi contaba a su haber con obras similares realizadas en Venezuela, tales como: la Geografía de Venezuela y el Atlas físico y político de Venezuela; obras celebradas por la Academia de Ciencias de París y la Sociedad Geográfica de Francia,[31] tal como ya lo hemos destacado. Y también porque Codazzi como militar, tenía ya de partida, un amplio conocimiento de los planes de defensa, fortificación y levantamiento de planos y mapas, adquirido en los distintos conflictos armados de Venezuela y además como resultado de su formación como ingeniero militar en Europa, estaba debidamente formado para realizar tales registros. Por lo anterior, creemos que no hubo tanta generosidad de Mosquera para la designación de Codazzi como director; sino más bien realismo puro. 

Algunos rasgos epistémicos y metodológicos descriptivos de los incrementos cognitivos de Codazzi 

Codazzi, tras asumir la dirección de la Comisión Corográfica, inicia la mega-empresa científica itinerante, con una serie de actividades que incluían tanto los viajes de observación, la recolección y descripción de especímenes, cuanto la medición y descripción lo más completa posible de cada una de las regiones estudiadas.[32] Y ante la imposibilidad de mencionar todos los logros de esta Comisión en disciplinas tales como la cartografía, topografía, orografía, potamología, hidrografía, climatología, estadística, sociología, comunicaciones y otras; nos limitaremos aquí a analizar su método de presentación o su modus operativo. Esta es esencialmente descriptiva, cualitativa y cuantitativa regional y local. Para ello seleccionamos a continuación algunas de sus principales presentaciones  sobre lugares relevantes de la actual Colombia. 

Así entonces, desde el punto de vista geográfico, para comprender mejor este estudio holístico que va dando cuenta de las distintas provincias  de la actual República de Colombia, tengamos presente que su estructura metodológica descriptiva, es muy completa y cubre al menos 8 puntos con los cuales  va construyendo la imagen físico-hidrográfica y social de la república. Estos son: una sinopsis con los antecedentes histórico-políticos de cada provincia; la indicación de la población existentes y las respectivas coordenadas geográficas; los límites de la provincia; la presentación de las características orográfica relevantes; la identificación de las propiedades y peculiaridades hidrográficas de cada provincia; las características del clima regional; la división político y religiosa regional; y el detalle cuidadoso de las vías de comunicación y los avances agrícolas e industriales  de cada provincia. Así, su prosa geográfica, organizada bajo esta estructura, va dando cuenta de todas las ciudades, pueblos, aldeas, montes y volcanes y sus coordenadas geográficas, y lo propio hace con los ríos, lagos y lagunas y la temperatura y pluviosidad de estas regiones; amén del detalle cuidadoso sobre los referentes bióticos exógenos y endógenos de cada provincia. Y además, considerando siempre los aspectos que puedan servir al desarrollo de lo que hoy día denominamos agroindustria. Y al igual que casi todos estos exploradores que recorrieron América Central y América Meridional, destacó notoriamente los aspectos relacionados con la vida social, las costumbres y la vestimenta; entre tantos y tantos otros. No en balde la Comisión Corográfica nos ha legado hermosos retratos, escenas costumbristas, paisajes e ilustraciones de la Nueva Granada de la segunda mitad del Siglo decimonono; al respecto recordemos los retratos de corte sociológico del antiguo militar y pintor Manuel María Paz tales como “Notables de la Capital”, o “”India y mestizo. Provincia de Pamplona”, o “Comerciante y minero. Provincia de Neiva”, por mencionar algunos.[33] 

Así por ejemplo, en relación a la provincia de Soto, luego de cumplir con lo referente a  la sinopsis histórico-política de la provincia, señala lo relativo a la población en estos términos. “Piedecuesta, ciudad de 4.000 almas, fundada en 1774 al abrigo de la mesa de Jerira, es la capital de la provincia, la cual se halla entre los 60 30’, 70 35’ de latitud Norte, y 00 13’ 50’’ y 10 longitud oriental del meridiano de Bogotá. Su territorio es de forma irregular, más largo que ancho, midiendo el contorno 87 leguas granadinas por distancias directas.”[34] Y en relación al tercer punto relativo a los límites, acota. “Confina esta provincia con la de Ocaña, Santander, Pamplona, y Socorro inmediatamente, y por medio del Magdalena, con las de Córdova, y Mompós en pequeña parte.”[35] Y en cuanto al punto referente a la hidrografía, señala: “El Lebrija, por su largo curso y el caudal que lleva, ocupa el primer lugar entre los ríos d esta provincia. Tiene su nacimiento, a 3.050 metros de altura en la mesa de Juan Rodríguez, al N.O. de Piedecuesta; pasa por los arrabales de esta ciudad, y recibe el río del Hato, que viene de la misma serranía y comienza en las filtraciones de la laguna Encantada, puesta en la cumbre, y al aproximarse a Jirón, le tributa el Río-frío, proveniente del páramo así llamado…”[36] Y así sucesivamente Codazzi, va cubriendo los puntos señalados con una penetrante descripción cualitativa y cuantitativa, tanto para esta provincia cuanto para todas las de la república. En rigor, recorre, explora y describe el corpus geográfico y biótico de las provincias de Soto, Santander, Pamplona, Ocaña, Antioquia, Medellín, Socorro,  Vélez, Tundama, Tunja, Córdoba, Mariquita, Barbacoas, Buenaventura, Cauca, Chocó, Popayán, Pasto, Túquerres, Bogotá, Casanare, Caquetá y Neiva. 

Uno de los aspectos que adquirió mayor trascendencia en el trabajo de Codazzi, fue la necesidad de alcanzar un conocimiento geográfico de las regiones de Colombia y enfatizar en la conveniencia de contar con las vías de comunicación. Dicha preocupación ya había sido expresada y enfatizada por los sabios neogranadinos de principios del siglo XIX, como por ejemplo Francisco José de Caldas, quien en distintas comunicaciones publicadas el Semanario del Nuevo Reyno de Granada, ya había aludido a estos temas, destacando la situación geográfica privilegiada de Nueva Granada que le permite contar con puertos en el Atlántico y en el Pacífico  destacando la abundancia de sus productos como un medio de conectar e integrar a la república a través del intercambio comercial.[37] Los planteamientos de Codazzi, por su parte, muestran un enfoque novedoso sobre las vías de comunicación. En efecto, este militar y geógrafo sugiere la conformación de un sistema de mercados y su relación con la consolidación del Estado. Codazzi señala al respecto, la conveniencia de interconectar las regiones entre sí como parte de un trazado nacional y no conectarlas individualmente con el extranjero, como se venía haciendo hasta entonces.[38] 

Inmigrantes para el progreso

Otro de los asuntos que interesó a Codazzi fue el de las inmigraciones; tema que apasionaba a muchos autores y políticos decimonónicos y del cual Codazzi no podía abstenerse. En efecto, es sabido que desde mediados del Siglo XIX, en la mayoría de las jóvenes repúblicas de América se creía que el incremento de inmigraciones de europeos traería aparejado para los habitantes de estos países, la consecución de riquezas y la obtención de los ideales de civilización y de progreso generalizado. Esto se percibe claramente en Chile desde la década del cincuenta del siglo decimonono, en que principian a llegar centenares de alemanes, como parte de este ideario.[39] Y lo propio acontece en Argentina  y otros países de América. Por ello, Codazzi en su época y al analizar el fenómeno en comento, señala valientemente que la escasa presencia de inmigrantes europeos en Nueva Granada y Venezuela, se debe principalmente a la inestabilidad política y a las continuas guerras civiles. Y agrega que los obstáculos geográficos, tales como la falta de vías, el calor, la humedad y el aislamiento regional, solo entorpecían parcialmente la colonización europea, pero que lo más grave era la inestabilidad política.[40] 

Por otra parte, Codazzi no desconocía las distintas propuestas de los geógrafos del siglo XIX sobre la reducción de indígenas, o acerca de la traída de inmigrantes europeos, o del establecimiento de misiones, o en cuanto a la vigorización de las razas nativas en  virtud de nuevos hábitos laborales y de convivencia social. Recuérdese que él coronel y geógrafo italiano sugirió incorporar alemanes cuando estaba en Venezuela y el mismo instauró una colonia alemana en Tovar, en 1843. Y volviendo a Colombia, Codazzi, pensaba que debían incorporarse capitanes pobladores de color y realizar una especie de “transmigración”, donde la raza negra terminara por absorber al indígena, que era percibido como semi-bárbaro y perezoso. Por ello  sugiere a las autoridades dictar leyes al respecto y constituir “…una buena policía, formada de los más inteligentes, activos y formales de entre los mismos negros, bien pagados, que serviría perfectamente”[41] a este propósito de motivar a los nativos. 

El Sueño ingenieril Transoceánico

En relación a ciertos aspectos geopolíticos, como por ejemplo sobre el sueño centroamericano de abrir un canal transoceánico, que ilusionaba a nicaragüenses, costarricenses y colombianos, y que muchos empresarios ingleses y algunos norteamericanos inducían a construirlo lo más pronto posible en alguno de estos países;[42] Codazzi aclara los anhelos con información científica dura. En efecto, recuérdese que Codazzi estuvo en el Darién como parte de sus exploraciones, en el año 1854 y dejó diversos manuscritos y notas sobre este istmo, en especial a su colaborador Felipe Pérez.[43] Con respecto a la construcción de esta eventual vía interoceánica en Colombia, por el Atrato o el Darién, Codazzi deja muy claro la imposibilidad de su ejecución, destacando que los informes difundidos por los ingleses no aludían a la existencia de las montañas en esta región y que son un óbice geográfico y técnico para tal proyecto. Por ello sugiere abrir dicha vía por el Canal de Panamá, por ser la parte más angosta del Istmo y porque ofrecería menos problemas ingenieriles. Esta postura de identificar al Canal de Panamá como lugar eventual de ejecución de tan caro anhelo de progreso centroamericano, se contrapone  con los informes de otros  exploradores que estaban recorriendo Nicaragua y Costa Rica contratados principalmente por empresarios ingleses, los cuales son respaldados por los intelectuales centroamericanos en general en este período.[44]  

En otro plano, sus anotaciones sobre el estado político de la frontera ecuatoriana y la falta de claridad en la definición de los límites con Venezuela, demuestran una visión política importante que complementa su labor geográfica. Al respecto, recuérdese el impacto social y el alto interés que alcanzaron a nivel nacional, en esta lonja de tiempo, la exploración del Istmo de Darién; así por ejemplo, entre 1850 y 1861, ocho mensajes presidenciales, se refirieron a los diferentes problemas confiados a la Comisión: los límites internacionales, la exploración de la zona del Istmo, las vías de comunicación, los proyectos de inmigración, la conveniencia de la utilización de baldíos y la división político-administrativa.[45] 

Del mismo modo, siete informes de la Secretaría de Relaciones Exteriores y once de la Secretaría de Gobierno, mencionaron estos trabajos. En este contexto, Codazzi para realizar su cometido, debió enfrentar las constantes modificaciones en el régimen político-administrativo, los trastornos políticos y militares, las dificultades topográficas y climáticas y las de tipo financiero y administrativo.[46] 

Un recuento cronológico de las actividades de la Comisión Corográfica arroja los siguientes datos importantes: En 1850 se inició la primera excursión, que partió de Bogotá hacia el altiplano cundi-boyacense y los Santanderes; en esta etapa se realizó la clarificación de la red hidrográfica del Orinoco y la determinación del sistema hidrográfico entre el río Magdalena y el Lago de Maracaibo. En 1852 el Congreso promovió a Codazzi al grado de coronel. A comienzos de este año, empezó la exploración de Antioquia, Cauca, Córdoba, Mariquita y Medellín; Codazzi resaltó allí las posibilidades de navegación por el Cauca. En 1853, exploró la región del Atrato hasta llegar a la frontera con Ecuador; sobre esta etapa, Gabriel Poveda Ramos opina que fue la más extensa y la que produjo más material de informes, planos, dibujos y datos sobre la flora.[47] 

En 1854, a raíz del derrocamiento de José María Obando por José María Melo, Codazzi debió unirse a los ejércitos del general Tomás Cipriano de Mosquera, como jefe de su Estado Mayor. Mosquera le encargó, además, la preparación de los documentos relativos a la campaña militar. En 1855 continuó la preparación del Resumen del diario histórico del Ejército del Atlántico, Istmo i Mompox, llamado después Ejército del Norte, levantado i mandado por el ciudadano General en jefe Tomás C. de Mosquera.[48] 

Este mismo año se dedicó al levantamiento del mapa de la hoya del río Bogotá. En 1856 recorrió las llanuras de San Martín y Casanare, Caquetá y Putumayo; pero durante la presidencia de Mariano Ospina Rodríguez, su proyecto encontró menos apoyo y muchas dificultades económicas que le impidieron emprender viaje hacia la costa norte. En 1858, Codazzi completó la geografía y los mapas del Estado de Cundinamarca. Y al año siguiente, decidido a concluir su obra, se dirigió hacia los estados de Bolívar y Magdalena, pero el 7 de febrero de 1859 la muerte lo sorprende en Colombia, en los alrededores de la Sierra Nevada de Santa Marta, el 7 de febrero de 1859  producto de una fiebre maligna.[49] 

En relación a las obras puramente geográficas de Codazzi sobre Colombia, recordemos al menos las siguientes: Jeografía física i política de la provincia de Ocaña (1850), Jeografía física i política de las Provincias de la Nueva Granada (1856), Descripción del territorio del Caquetá (1858). Y por supuesto, a este listado hay que adicionarle las Cartas informativas de la Comisión Corográfica (1850-1859), además de los numerosos informes geográficos y técnicos; entre estos por ejemplo: Labores. Camino de Rio negro en Antioquia. La Provincia de Antioquia. Caminos de Antioquia. Antioquia. El Puente del Río Balsillas. La Provincia del Chocó. La Provincia de Barbacoas. La Provincia de Buenaventura. La Provincia de Casanare. Una vía entre Popayán y el Pacífico. El Río Meta. El origen del Río Magdalena y otras particularidades. Y trabajos históricos como por ejemplo: Resumen del diario histórico del Ejército del Atlántico, Istmo y Mompox, llamado después Ejército del Norte (1855); o geopolíticos como: Apuntaciones sobre inmigración y colonización (1850). O bien los trabajos arqueológicos como: Antigüedades indígenas. Ruinas de San Agustín (1858);[50] o bien informes sociológicos como “Descripción General de los Indios de la Nueva Granada”,[51] por mencionar sólo algunos. Y por supuesto, a esta enumeración debemos agregarle los textos de geografía que se publicaron luego de la muerte del coronel Codazzi: la Jeografía física i política de los Estados Unidos de Colombia (1862) de Felipe Pérez, y luego la Jeografía Jeneral de los Estados Unidos de Colombia, escrita de orden del gobierno jeneral (1865), y también el Atlas de los Estados Unidos de Colombia, París, (1864) publicado por Manuel María Paz. Finalmente también en París, se publicó en 1889, el “Atlas Geográfico e Histórico de la

República de Colombia”,[52] y así se cerró el ciclo de las nuevas aprehensiones cognitivas de la Comisión Corográfica. 

Su legado Cartográfico 

Ahora bien, en relación a la aportación cartográfica sobre Colombia, tengamos presente que Codazzi, nos ha legado como resultado de su trabajo en la Comisión en relación al cuerpo físico de Colombia, decenas de mapas y cartas regionales. Con razón, diversos autores han estimado que su trabajo en la Comisión Corográfica (1850-1859), le significó un recorrido de más de 12.000 kms. por el territorio de Nueva Granada, lo que le permitió levantar cerca de 140 mapas entre los manuscritos y los impresos; además de unas 2000 láminas de interés geográfico y cartográfico.[53] En relación a los incrementos cartográficos que nos ha legado, destaquemos al menos los siguientes:

Carta de la Nueva Granada dividida en provincias  1832-1356.

Carta Jeográfica de los Estados Unidos de Colombia (Antigua Nueva Granada), 1865, edición oficial.

Atlas histórico geográfico, 1865.

Mapa de la República de Colombia (antigua Nueva Granada), Agustín Codazzi y Manuel María Paz, 1890, edición oficial, Erhard Schieble. Thierry Frères, Paris.

Atlas Geográfico e Histórico de la República de Colombia (Antigua Nueva

Granada), Agustín Codazzi, Manuel María Paz y Felipe Pérez, 1889, edición oficial, Imprenta A. Lahure, Paris.

Mapa de la Provincia del Cauca.

Mapa de la provincia de Buenaventura.

Mapa Topográfico de Bogotá y alrededores.

Mapa con las líneas de Correos de Colombia, dibujado por Codazzi y litografiado por Celestino y Jerónimo Martínez.

Mapas Corográficos:

De la Provincia de Tundama.

De la Provincia de Tunja.

De la Provincia de Vélez.

De la Provincia de Socorro.

De la Provincia de Soto.

De la Provincia de Córdoba.

De la Provincia de Medellín.

De la Provincia de Barbacoas.

De la Provincia de Túquerres.

De la Provincia de Casanare.

De la Provincia del Cauca.

De la Provincia de Buenaventura y del Estado de

Cundinamarca.[54]  

 

Hacia una conclusión 

Codazzi fue uno de  uno de los más destacados y prolíferos exploradores de la geografía de América Meridional. En rigor, logró articular el cuerpo físico de Venezuela y de la actual República de Colombia, principalmente desde la perspectiva de la geografía y de la cartografía. Y en Colombia su vasta obra concentrada en la Comisión Corográfica comenzada en 1850, es la continuación del primer gran proyecto científico de lo que hoy es Colombia iniciado por Mutis en 1783, tras articular la Expedición Botánica que duraría más de veinte años. Y si bien, el deceso de Codazzi no le permitió ver su obra completa, sus científicos escogidos previamente, lograron entregar los productos científicos esperados y cerrar la expedición, tal como ya lo hemos señalado.

Por otro lado, desde la perspectiva humana, la obra de Codazzi, es realizada con una gran tensión  personal, pues constantemente debió ir adaptándose a los vaivenes de la política, ora en Venezuela, ora en Colombia; todo lo cual, debe haberle significado un gasto emocional impresionante para poder seguir ejecutando su tarea geográfica y cartográfica y materializar su proyecto científico con su proyecto de vida. Y para poder así articular su producción cognoscitiva  con el gran proyecto de nación que sufre bruscos cambios. Así, los aportes geográficos y cartográficos de este sabio italiano, fueron el marco confiable que permitió a los políticos e inversionistas de fines del siglo decimonono, bregar por el desarrollo de la industria y la red de comunicaciones que principiaron  a consolidarse en la joven República de Colombia. Lo anterior, permitió asentar definitivamente el conocimiento de las ciencias de la tierra en la República de Colombia y retomar su autognosis, en estas disciplinas, tras el esfuerzo primigenio de Mutis. 

 

[1] Codazzi, Agustín: Resumen de la Geografía de Venezuela, T. I., Biblioteca Venezolana de Cultura, Caracas, 1940; Introducción; p.VII.

[2] Sánchez, Efraín: Gobierno y Geografía. Agustín Codazzi y la Comisión Corográfica de la Nueva Granada; Banco de la República, El Áncora Editores.  Bogotá, 1998; p. 89.

[3] Perrazo, Nicolás: Agustín Codazzi (1793-1859), Caracas, 1956; pp. 5-6.

[4] Magnani, Domenico: Biografía de Agustino Codazzi, Tipografía del Lavoro, Lugo, 1880, p.2.

[5] Ibídem.; p.3.

[6] Ibídem.; p.7. 

[7] Sánchez, Efraín: Gobierno y Geografía. Agustín Codazzi y la Comisión Corográfica de la Nueva Granada; op. cit.; p. 94.

[8] Ibídem.; p. 95.

[9] Ibídem.; p. 94.

[10] Hetter, Alfred: La cordillera de Bogotá. Resultados de viajes y estudios, Traducido por Ernesto Jul., Bogotá, 1966; pp. 24-25.

[11] Vergara y Velasco F. J.: Memoria sobre la construcción de una Nueva Carta Geográfica de Colombia y de un Atlas completo de geografía colombiana, Bogotá, 1906, p. 21.

[12] Cf. Codazzi, Agustín: Memorias, Documento electrónico. http://www.lablaa.org/blavirtual/biografias/codazzi-1/indice.htm Consulta: [6-07-2013].

[13] Cf. Venegas F., Pascual: Viajeros a Venezuela en los siglos XIX y XX, Ed. Monte Avila, Caracas, Venezuela, 1973;  p.40.

[14] Cf. Codazzi, Agustín: Memorias, Documento electrónico; op.cit.

[15] Justamente en este mismo ensayo, en el capítulo sobre Mutis, señalamos que este recurso a fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, era utilizado como complemento metodológico por sabios como Juan Ignacio Molina, José Celestino Mutis y Claudio Gay entre otros.

[16] Codazzi, A.: “El orijen del Magdalena i la Comisión Corográfica”, en: El Porvenir, Sta.Fé de Bogotá, N°117, 1 de Dic. de 1857.

 

[17] Cf. Codazzi, Agustín: Memorias, Documento electrónico; op.cit.  

[18] Cf. Vannini de Gerulewicz, Maritza: “Afectos científicos italianos”, en: Erickson, R.; Font, M.; Schwartz, B., (Coordinadores): Alexander von Humboldt. From the Americas to the Cosmos, Bildner Center for Wester Hemisphere Studies, New York, 2004;  p. 537. 

[19] Como ya se ha señalado aquí, en este apartado se analizan brevemente los aportes científicos de Codazzi en Venezuela; los lectores interesados en estudiar más en detalle la aportación cognitiva de este científico emiliano-romagnolo en Venezuela, pueden leer: Maya G., Maryorie y Saldivia M., Zenobio: “Agustín Codazzi y su aporte a las Ciencias de la Tierra en las Republicas de Venezuela y Colombia”, en Rev. Thélos, N°4, Utem, Stgo., Chile. Versión electrónica: http://thelos.utem.cl/category/revista-thelos-4/

[20] Cf. Magnani, Domenico: Biografía de Agustino Codazzi; op.cit.; p.8.

[21] Cf. Codazzi, Agustín: Resumen de la Geografía de Venezuela; T.I., op.cit.; p.XIX.

[22] Ibídem.

[23] Ibídem.

[24] Cf. Atlas Físico y Político de la República de Venezuela, Lithographie de Thierry Freres, Paris, 1840.

[25] Cf. Codazzi, Agustín: Resumen de la Geografía de Venezuela; op. cit.; T.I, II, III.  

[26] Cf. Codazzi, Agustín: Resumen de la Geografía de Venezuela; op. cit.; T.I.; p.3.

[27] Cf. Venegas F., Pascual: Viajeros a Venezuela en los siglos XIX y XX; op., cit.; p. 39.

[28] Cf. Gómez  G., Lucella: “Codazzi, Agustín” Documento electrónico:

 <http://www.lablaa.org/blavirtual/biografias/codaagus.htm> Consulta: [18-12-2013].

 

[29] Cf. Patiño M., Carlos A.: “Agustín Codazzi: Precursor de la Geografía en Colombia”, en línea: http://observatoriogeograficoamericalatina.org.mx/egal9/Teoriaymetodo/Investigacion/02.pdf  [consulta: 13 -04-2013].

[30] Los miembros de la Comisión Corográfica aquí indicados, han sido tomados a partir de: Agustín Codazzi, Vida y empresas de un geógrafo Emiliano-romagnolo en la América Tropical; Serie Multimedial editada por Turchi, María Cristina, en línea: http://www.codazzi.mitreum.net/es/biografia/biografia.php Fecha de consulta: [18-11-2014]. Y también de: Villegas V., Álvaro: “El Difícil arte de gobernar la Nueva Granada: Biopolítica y Proyecto Letrado en la Comisión Corográfica, 1850-1859”; Rev. Historia, PUCCh, Stgo., N°46, Vol.II, 2013; p.448. Y también de: Gómez  G., Lucella: “Codazzi, Agustín” Documento electrónico; op.cit. Y de Domínguez, Camilo Arturo:

“Felipe Pérez (1836-1891): geógrafo e iniciador de la novela histórica en Colombia”, en línea: http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/revistas/credencial/septiembre1991/septiembre4.htm  Fecha de consulta: [25-11-2014]. 

[31] Cf. Codazzi, Agustín: Memorias, Documento electrónico; op. cit.

[32] Cf. Gómez  G., Lucella: “Codazzi, Agustín” Documento electrónico; op. cit.

 

[33]  Cf. Tobar G., Oscar: “La obra pictórica de Manuel María Paz y la Comisión Corográfica”: En línea:  http://www.rtspecialties.com/tobar/conex1/ostogo/mmpaz.htm Consulta: [ 10-03-2014].

[34] Codazzi, Agustín: Jeografía Física y Política de las Provincias de la Nueva Granada, Comisión Corográfica, Publicaciones del Banco de la República, Archivo de la Economía Nacional, Bogotá, 1958; en línea: http://intranet.comunidadandina.org/Documentos/BDA/co-ca-0002.pdf Consulta: [10-12-2013]

[35] Ibídem.

[36] Ibídem.

[37] Vd. Por ejemplo: Caldas, Francisco José: “Estado de la geografía del Virreinato de Santa Fé de Bogotá, con relación a la economía y al comercio”, en el T.II, de la obra mencionada; pp. 15 y ss. de la Edición de la Biblioteca Popular de Cultura Colombiana, Bogotá, 1942.

[38] Cf. Cf. Gómez  G., Lucella: “Codazzi, Agustín” Documento electrónico; op.cit.

[39] Cf. Blancpain, Jean Pierre: Los alemanes en Chile, Edic. Pedagógicas Chilenas, Stgo., 1985.

[40] Cf. Gómez G.; Lucella: “Codazzi, Agustín” Documento electrónico; op.cit.  

[41] Cf. Codazzi, A.: “Carta al Gobernador de Barbacoas” (24-06-1853).

[42] Cf. Saldivia M., Zenobio: Una Aproximación al desarrollo de la ciencia en Nicaragua, Ed. Bravo y Allende, Stgo., Chile, 2008; pp. 47-62. Y también en: “Política, Tecnología e Imaginarios Colectivos de América”, Rev. Letralia, Cagua, Venezuela, Nov., 2006. En línea: http://www.letralia.com consulta: [16-11-2013].

[43] Cf. Restrepo, Vicente: Viajes de Lionel Wafer al Istmo del Darién; Impr. de Silvestre y Compañía, Bogotá, 1888; p.VIII. (Prólogo).

[44] Saldivia M, Z: Una Aproximación al desarrollo de la ciencia en Nicaragua; op. cit.

[45] Cf. Gómez Lucella, Giraldo: “Codazzi, Agustín” Documento electrónico; op.cit. 

[46] Ibídem.

[47] Ibídem.

[48] Ibídem.

[49] Cf. Codazzi, Agustín: Resumen de la Geografía de Venezuela; T.I., op.cit.; p.XXIX.

[50] Cf. Gómez Lucella, Giraldo: “Codazzi, Agustín” Documento electrónico; op.cit. 

[51] Cf.: Patiño M., Carlos Augusto: “Agustín Codazzi: Precursor de la Geografía en Colombia”, en línea; op. cit.

[52] Cf.: Patiño M., Carlos Augusto: “Agustín Codazzi: “Precursor de la Geografía en Colombia”; op.cit.

[53] Cf. Nieto, Mauricio et al.: Ensamblando la Nación, Cartografía y Política en la Historia de Colombia; Uniandes, Alfagura, Bogotá, 2010.

[54] La presente selección ha sido preparada a partir de:  Sánchez C, Efraín:

“Agustín Codazzi y la Geografía del Siglo XIX”: 

http://www.banrepcultural.org/node/32660    Y de: Blanco Barros, José A.:

“Historia de la Sociedad Geográfica de Colombia”. En línea:

http://www.sogeocol.edu.co/documentos/histo_sgc.pdf  Consulta:[20-01-2015]. Además de trabajo como los de: Patiño M., Carlos Augusto: “Agustín Codazzi: “Precursor de la Geografía en Colombia”; op.cit. Así como también del Mapa de la República de Colombia (antigua Nueva Granada), Agustín Codazzi y Manuel María Paz, 1890, edición oficial, Erhard Schieble. Thierry Frères, Paris. Y del Atlas Geográfico e Histórico de la República de Colombia (Antigua Nueva Granada), Agustín Codazzi, Manuel María Paz y Felipe Pérez, 1889, edición oficial, Imprenta A. Lahure, Paris; entre otros.

 

 

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Darwin y su obra: Otra vez analizado desde Chile

Mauricio Espózito

U. de Santiago de Chile (USACH)

  1. *Comentario crítico y analítico a propósito del lanzamiento del texto: Chile y Darwin: La respuesta al evolucionismo desde 1869, Ril Editores, 2014; de los investigadores Guillermo Latorre C. (University of Southern Indiana, EE.UU. y Zenobio Saldivia M., (Utem, Stgo. Chile). 

Estoy muy agradecido de presentar este libro que considero muy importante, en el sentido que, en mi opinión, abre una reflexión sobre la relación entre evolucionismo y sociedad que se necesita especialmente aquí en Chile y América Latina. Una reflexión que no ha recibido la atención que debería. Lo que quiero hacer en esta presentación es subrayar los contenidos que más me han llamado la atención y proponer algunas reflexiones más generales, históricas y culturales, que me parece importante mencionar.

Para empezar, creo que los autores eligieron una cita muy apropiada en el inicio de la primera parte. La cita es del famoso libro La Decadencia de Occidente de Oswald Spengler. Spengler nota claramente que atrás de la palabra darwinismo hay varias cosas. Que la palabra no denota algo claro y definido, sino un conjunto de ideas y preocupaciones a veces contradictorias. Y cuando efectivamente conectamos esta intuición al contexto chileno asistimos precisamente a este fenómeno. Varias personas y clases entienden el Darwinismo de maneras distintas.

 El “darwinismo” llega a Chile después de 1870, pasa diferentes fases caracterizadas por rechazo, o aceptación o simplemente escepticismo (los cautelosos). Hay varias clases de personas, es decir, científicos, polígrafos, religiosos y cada una de estas categorías reacciona de manera diferente. Para muchos científicos el darwinismo puede ser una amenaza a las teorías y practicas vigentes de historia natural o, al contrario, una ocasión de renovación y actualización de los conocimientos. Para muchos polígrafos el darwinismo, por sus implicaciones materialistas y su relación con un mundo cientista, representaba una ocasión de emancipación, en el sentido en que el darwinismo se identificaba con una postura liberal, a veces anti clerical y a veces políticamente radical (como pasó en Inglaterra por ejemplo). Para muchos religiosos,  en particular los católicos, el Darwinismo se veía como problema serio para la doctrina cristiana. Especialmente por algunos elementos de la teoría darwiniana que  preocupan a los teólogos, es decir la descendencia del hombre a partir de los simios y la falta de teleología en la historia natural, de un fin extrínseco al mundo animal y humano.

Entonces aquí tenemos varios tipos de respuestas que pero, regresando a la cita de Spengler y al tema de la polisemia del Darwinismo, no se refieren tanto a Darwin y su obra, sino a esta categoría ambigua, darwinismo, que incluye ideas transformistas y materialistas con implicaciones políticas, religiosas y filosóficas. Se podría decir que la discusión no se mueve en el plano biológico sino el cultural. Obviamente podemos diferenciar la recepción del darwinismo en diferentes fases, naturalistas, ideológica, o científica, pero si vemos el fenómeno de la difusión del darwinismo, las diferentes recepciones en diferentes países, me parece que el darwinismo siempre ha sido un problema cultural, no tanto científico. Y creo que los autores lo muestran muy bien cuando mencionan que Darwin es una “ausencia presente”. Es decir, hay el nombre, pero las respuestas, las críticas no son en realidad contra Darwin, sino contra algunos divulgadores del transformismo, evolucionismo, autores que claramente adulteraban el contenido del texto darwiniano con otros elementos, pensemos en Haeckel por ejemplo. Darwin era un autor difícil y a veces muy técnico, mientras que sus divulgadores se preocupaban por comunicar las ideas evolucionistas a un público amplio y con pocos conocimientos científicos.

Esto es tan evidente, me refiero a la “ausencia presencia” de Darwin, que nadie o casi nadie de estos interlocutores chilenos ve que en el origen de las especies de Darwin en realidad hay dos teorías, una menos original y la otra más original en su tiempo: la teoría de la descendencia con modificación (entonces la unidad del mundo viviente que se representa bien en forma de árbol de la vida) y la teoría de la selección natural que yo diría que es la parte más original del texto Darwiniano. En Darwin el mecanismo de la selección natural explica el fenómeno de la especiación, modificación de las especies en el tiempo.  

Ahora, no tenemos que olvidar que varias teorías transformistas circulaban  antes del 1859, uno puede pensar en Lamarck obviamente, pero en Inglaterra el libro publicado en el 1844, Vestigios de la historia natural de la creación de Robert Chalmers fue un éxito extraordinario, como Jim Secord en su libro clásico, Sensación Victoriana, nos recuerda. El libro de Chalmers proponía una teoría del cosmos en evolución y de la trasmutación de las especies. Esto era un libro de divulgación. Un libro más de periodismo que de ciencia natural. Un fenómeno de marketing más que de trabajo propiamente científico.  

Entonces me parece que en realidad cuando analizamos la difusión del darwinismo, especialmente  fuera de la comunidad de científicos, en realidad muy frecuentemente hablamos de la difusión del Chalmerismo, del Spencerismo, formas de Lamarkismo o Haeckelismo más que la teoría de la evolución de Darwin mismo. Esto porque aparte los científicos y algunos pocos polígrafos atrevidos, nadie realmente leía Darwin. Después de leer este libro, Darwin y Chile, me convencí aún más de esta intuición.  

Especialmente entre los católicos, el problema no es si la selección natural era suficiente o menos a explicar la especiación, o si los órganos vestigiales eran una prueba de la evolución, o si la distribución de los organismos, la biogeografía, nos indicaba modificaciones graduales. Estos se percibían como problemas técnicos, interesantes para pocos, pero estos son temas genuinamente Darwinianos. Los temas que históricamente emergen en las discusiones entre polígrafos, o entre católicos conservadores o menos conservadores, son más bien temas que tienen relación con el darwinismo, pero de forma indirecta. Por ejemplo, cuando pensamos al darwinismo como forma de anti-creacionismo, o ateísmo, en realidad no estamos hablando de Darwin, que no era anti-creacionista y no era ateo, sino un teísta a veces más agnósticos que otras. Darwin era un hombre profundamente preocupado por los temas religiosos y la imagen que hemos heredado de este científico no siempre corresponde a su contexto real.

Quiero terminar esta reflexión general que estoy haciendo regresando brevemente al libro. Yo creo que este libro es importante  no solo porque abre un espacio de investigación relevante y amplia. Es importante porque  contribuye claramente, en mi opinión, a mostrarnos que Darwin mismo no era un darwinista. En otra palabra nos ayuda una vez más a problematizar, hacer más complejo y articulado el mundo darwiniano en sus diferentes lugares de difusión y discusión. Al mismo tiempo, el  libro nos entrega una imagen amplia e interesante de la recepción y circulación de las ideas “transformistas” en el Chile decimonónico.

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ACTUALIZACIÓN SANTIAGO CHILE.- La tarde del lunes 14 de mayo de 2018 en las oficinas de Prensamérica Chile, fue anunciado de manera oficial la designación del Premio Latinoamericano Dr. Zenobio Saldivia 2018, en la categoría ‘Grandes del Periodismo latinoamericano’. Así lo explicó el máximo directivo del Holding Prensamérica a medios digitales, Roberto González Short.

«Nuestro directorio internacional se sintió muy agradado de poder anunciar esta designación a un profesional de las comunicaciones con el calibre y solidez como la del colega Jorge Luis Saá Triviño, periodista graduado en la Escuela de Ciencias de la Información, hoy Facultad de Comunicación Social, en la que obtuvo su título de Licenciado en Ciencias de la Información. Además, este gigante ecuatoriano de las comunicaciones ostenta un Diplomado en Publicidad y Marketing, así como un Doctorado en Raíces Hebreas, o sea, estamos hablando de un Peso Pesado entre quienes buscamos la excelencia para entregar este galardón», dijo González.

¿QUIÉN ES JORGE SAÁ TRIVIÑO?

Su experiencia laboral la inició en Radio Mambo, de la ciudad de Guayaquil, continuó su caminar por los caminos de la comunicación en Agencia EFE Madrid, España; Diario El Universo, Secretaría de Información Pública, Agencia de Noticias del Ecuador, Diario Meridiano, La Segunda; Diario El Telégrafo, fue director de Revista Las Américas, consultor de Publicidad, Prensa, Propaganda y Protocolo.

«Nos es imposible poder abordar todo el trabajo de este comunicador latinoamericano, quien pareciera saber más de lo que aprendió en la Universidad, recordemos que Saá Triviño también se ha desempeñado como diseñador de campañas políticas publicitarias, asesor del Congreso Nacional para asuntos de prensa, relacionista público de varias empresas, personas jurídicas e instituciones públicas, es más, recuerdo que su último cargo desempeñado fue en la Dirección General de Aduanas», acotó el jerarca de Prensamérica.

Este coloso del periodismo ecuatoriano lleva más de 42 años de ejercicio profesional y colabora con las organizaciones periodísticas a las que pertenece, Unión Nacional de Periodistas, Colegio de Periodistas del Guayas y la Federación Nacional de Periodistas del Ecuador, entre otros gremios internacionales. Actualmente es director ejecutivo de la Corporación Ecuatoriana de Derechos Humanos.

Hoy compartimos con nuestros lectores y visitantes al Sitio Oficial del Dr. Zenobio Saldivia, un resumen periodístico en el que el propio Saá Triviño aparece agradeciendo el homenaje recibido.

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¿QUIÉN ES EL DIGNATARIO DEL PREMIO LATINOAMERICANO?

http://zenobiomedios.com/

El Dr. Zenobio Saldivia Maldonado, es profesor de filosofía (U. de Chile); Mg. en Filosofía de las Cs. (Usach) y Doctor en Pensamiento americano, con mención en Historia de las ciencias, (Usach), Santiago de Chile. Profesor Honorario de la U. Continental, Huancayo, Perú, Dr. Honoris Causa U. Ada Byron, Chincha, Ica, Perú. Profesor titular de la U. Tecnológica Metropolitana, (Utem), Santiago, Chile. Diversos artículos suyos, sobre historia de las ciencias y epistemología, han aparecido en publicaciones de su país y de Argentina, Colombia, Venezuela, Perú, Uruguay, Nicaragua, Panamá, El Salvador, México, Brasil, España, Costa Rica y EUA. Ha participado en eventos nacionales e internacionales. A la fecha tiene 19 libros publicados; entre los últimos y a manera de ilustración destacamos: El Mercurio de Valparaíso. Su rol de difusión de la Ciencia y la Tecnología en el Chile Decimonónico, (Bravo y Allende Editores, Stgo., 2010). Ensayos de Epistemología, (Compilador) (Bravo y Allende Editores, Stgo., 2012). Ensayos de Filosofía, (Bravo y Allende Editores, e Ilustre Municipalidad de Sta. María, Stgo., 2012), Adiós a la Época Contemporánea, Bravo y Allende editores, Stgo., Chile y U. Continental de Cs,. e Ingeniería, Perú, 2014). Actualmente se desempeña como profesor de Epistemología e Historia de las Cs., en la U. Tecnológica Metropolitana, Stgo., Chile y como Director del Depto. de Hdes. de la misma institución.

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Zenobio Saldivia M.
U. Tecnológica Metropolitana, Stgo., Chile.

Introducción

La noción “edad contemporánea”, pretende por un lado, abrir y cerrar cronológicamente el último plexo histórico; por otro, persigue estandarizar cognoscitiva y culturalmente un contexto dinámico del género homo, en su propia marcha histórica. Pero ¿logra efectivamente ambos cometidos? Las otras categorías conceptuales que delimitan los restantes grandes períodos históricos, expresan una significación demarcatoria bien definida cronológicamente, para cubrir universos de tiempos y eventos ya totalmente decanta- dos; en este sentido, son elementos teóricos que fijan y cierran trozos de la marcha histórica en sus aspectos cuantitativos y cualitativos. Y por tanto, no se agotan en una mera cuantificación cronológica, sino que también llevan implícita, en el plano cualitativo, por el factum de la denominación que cada período sugiere ya a priori, un marco cultural y axiológico definido para estos otros hitos.
Pero la noción “edad contemporánea”, ya sea en su rol cuantitativo o cualitativo, ¿cómo puede cerrar lo que aún está inacabado? Es cierto que la categoría que analizamos denota una apertura de tiempo y de acción, como producto de la asignación cronológica que le corresponde por definición: 1789; empero, esta abertura conlleva una dificultad y una pretensión.

Época Contemporánea: su enorme extensión cronológica

Lo primero, alude al hecho de que si bien desde la perspectiva de la marcha histórica, una asignación cronológica de poco más de dos siglos es una extensión breve y reducida para construir una explicación de lo que en dicho período hubieren ejecutado los hombres, y por tanto, no debería pre-sentar mayores dificultades; el inconveniente está en lo que cualitativamente sucede en dicho lapso de tiempo. Así, sabemos que en este período los cambios ocurridos en la sociedad, y los que están acaeciendo en estos momentos; han sido y son tantos y tan profundos, que han dejado o están dejando una impronta que todavía no logramos definir ni explicar a cabalidad. Y por otra parte, los sucesos están tan encima de nosotros que no alcanzamos a decantarlos debidamente; además, nosotros, en tanto participamos de un presente histórico que queda incluido en un corte artificial, que tiene principio cronológico pero que carece aún de cierre temporal -según la última categoría de periodización- somos doblemente actores y espectadores del devenir histórico que hay que explicitar. Entonces, no resulta difícil comprender que puntos como los señalados, constituyen el corpus de la dificultad que se hace ostensible al emplear la noción “edad contemporánea”.
Así, eventos políticos tan cercanos, como la destrucción de las torres gemelas en Nueva York (Septiembre del 2001), o acontecimientos económicos como la crisis asiática y la depresión rusa, que acontecieron ambos en 1998; o sucesos de carácter científico más distantes, como la expedición cien- tífica del naturalista Alexander von Humboldt a América (1799-1804); o los juicios político-ideológicos formulados por José de Maistre, quien en 1793 expresa públicamente que en las logias de Francia hay una mayoría de masones revolucionarios pero que ellos no son los responsables de la violencia desatada por ejemplo; son todos eventos que situados dentro de la lógica de la división histórica vigente, requieren también de un análisis no sólo como eventos históricos en sí mismos, sino como formando parte de un universo de acciones y de ideas sustantivas dentro de un mismo período.
Así, en este caso, el modelo explicativo historiográfico vigente, nos obliga a considerarlos como formando parte de una misma era histórica: la Edad Contemporánea. Lo precedente, nos recuerda que el conjunto de acontecimientos que encierra la categoría de periodificación en comento, incluye avatares de naturaleza muy distinta; y si bien, ello no es un óbice para la reconstrucción histórica, indica claramente un desafío, una constante a que se ve enfrentado el estudioso interesado en el discurso historiográfico; y en especial, al utilizar la categoría que se refiere a la última lonja de división histórica, para otorgar unidad de sentido a eventos tales como los mencionados.
Ahora, como el contenido semántico de la noción “edad contemporánea”, alude a un estadio inacabado dentro de la marcha histórica; las valoraciones continúan expresándose sin darnos un marco referencial fijo como para aprehender la fisonomía propia del período; para encontrar ese entramado básico que nos permita comprender las formas de vida, las visiones de mundo o las realidades sociales y políticas de esta era que se encuentra en pleno desenvolvimiento. Dicha situación, tiene que ver con una falta de distanciamiento del historiador frente a las acciones y a los discursos de la época, lo que claramente dificulta el encuentro de una primacía de la semasiología del período; esto es, de la posibilidad de encontrar un cúmulo cognitivo y axiológico esencial, altamente relevante, que interprete coherentemente tanto el plano de la praxis como el ámbito espiritual, valorativo o cultural de esta etapa, para que luego, una vez supuestamente identificado dicho genio oculto de esta era; baste la simple denominación de la categoría de división histórica, para que salte en la reconstrucción histórica, o en la interacción dialógica de los especialistas, el espíritu de la época. Luego, si se pretende comparar la fisonomía peculiar de cada era, a partir tópicos cualitativos considerados esenciales para cada uno; se estarían confrontando tres hitos o universos históricos ya cerrados en el tiempo, con una cuarta clase que es sólo una porción de una era; porción significativa, pero porción al fin y al cabo porque continúa abierta.
En rigor, todavía no es posible hacer tales confrontaciones globalizantes entre los contenidos ideológicos y culturales significativos de las restantes categorías de periodización y la noción “edad contemporánea”. Esto se comprende porque la noción categorial que nos interesa, en tanto enuncia un hito que no posee una demarcación cronológica de cierre, en la práctica de los cometidos historiográficos, es como si no tuviera fondo. Y al ser justamente la última y no estar totalmente decantada, se produce una curiosa paradoja: por un lado, sucede que justamente en esta era se ha logrado la máxima capacidad de dominio sobre la naturaleza y acerca de la comprensión de los fenómenos del universo, que el hombre ha alcanzado. Y corresponde también, a un hito en que se cuenta con infinitos recursos científicos y tecnológicos para recabar información, que van desde las fuentes bibliográficas tradicionales hasta los documentos, las imágenes, los discursos y los medios propios del mundo virtual y cibernético abierto a partir de los o Así, aunque se formulen desde el presente, nuevas teorías sobre las causas o consecuencias de uno o más acontecimientos relevantes que quedan insertos en tal o cual hito histórico -salvo el que denota la categoría “edad contemporánea”- nuestro intelecto percibe dicha etapa histórica como irreversiblemente detenida en el pasado.
Lo propio acontece si se llegan a descubrir pruebas de la participación de nuevos actores sociales vinculados a una gesta en particular; o si se adquiere algún conocimiento de eventos acaecidos en las anteriores etapas de la marcha histórica o incluso, si se realizan audaces interpretaciones sobre una consecuencia específica de un hito evolutivo previo a la categoría histórica que nos interesa. Siempre, en todos estos casos, nuestra percepción intelectual incorpora estas adquisiciones cognoscitivas como algo perteneciente a universos ya fenecidos; como algo propio de un pasado irreversible. Y es entonces, a partir de esta operación, que internalizamos las nuevas estructuras explicativas.

Época contemporánea e inconmensurabilidad

Por otra parte, al historiador le pesan también, tanto el factum de la inconmensurabilidad como el de la finitud; el primero, toda vez que no puede cubrir la universalidad del accionar humano, y por ende, debe limitarse a una selección. La visión de una forma historiográfica omniabarcadora, que dé cuenta de todos los fenómenos en que ha participado el hombre es una ilusión y un imposible lógico; esto, porque no tenemos ni la capacidad necesaria para cubrir tal derrotero, ni contamos con las fuentes documentarias relevantes para dar cuenta de los sucesos de muchos estadios de la marcha histórica. E incluso, en el supuesto extra-histórico de que existiera tal acopio de material y se contara con una meganarración que explicitara todo lo acaecido; tampoco estaríamos en condiciones de leerla, conocerla, o internalizar- la conscientemente; ni siquiera en varias generaciones; éste es el otro factum, el de la finitud, porque los avatares del ser humano continúan, y éste, en tanto es un ser histórico y temporal, no puede pasarse siempre únicamente en la mera contemplación del pretérito, sino también en vivir, en hacer historia en el presente, o acerca de lo presente, pues no es eterno ni puede trascender el tiempo en términos físicos. En este sentido, Karl Jaspers es muy sabio cuando señala que: “La totalidad de la historia, en suma, no se presenta verazmente en una visión ni como realidad ni como sentido.” La salida está pues, en la delimitación, en la selección; con ello se mantiene el eterno diálogo del hombre con otros tiempos, y por tanto, consigo mismo. Así, en esta continua tarea de traer una y otra vez nuevas reconstrucciones históricas, se va uniendo el pasado y presente y se hace posible la comprensión de la gesta histórica; empero ello no puede hacerse alejado totalmente de lo real, de lo concreto, y debe contar con conceptos generalizadores. Y entre estos, las categorías de periodificación.
En este contexto, los individuos interesados en algún tipo de estudio histórico y que estemos insertos en el último plexo histórico; intentamos romper ese determinismo a que se aludía con los facta de la temporalidad y la finitud, y queremos penetrar un poco a la fuerza en el marco bullente y dinámico de otras épocas, con la ayuda de todos los procedimientos histórico-metodológicos que hemos desarrollado o de los que seamos capaces de inventar. Entre estos recurrimos por ejemplo: al análisis crítico, a la interpretación audaz, al empleo de conceptos categoriales, a la confrontación documentaria, a la formulación de hipótesis, o al uso de modelos explicativos; para obtener así, las claves mínimas que nos permitan la anhelada reconstrucción histórica.
Empero, el concepto categorial “edad contemporánea”, lleva implícito una aporía, pues su denominación sugiere un límite impredecible que corta y no corta el presente. En efecto, si bien indica un corte histórico y cronológico para el inicio del período; este concepto sólo logra perfilar un contorno connotativo y denotativo para el universo abierto social, político y cultural, que continúa en plena expansión, totalmente vivo e inacabado. Justamente, por su pretensión de acotar un tiempo que se hace extensivo hasta el presente, continúa absorbiendo tácitamente en el marco de su significación, todas las adquisiciones cognoscitivas que logra el ser humano y va potenciando de este modo su denotación. Esto se repite así, cada vez que traemos a presencia la categoría en cuestión.
Por otra parte, como la noción que nos interesa, ha estado empleándose para tipificar cronológicamente a estas dos últimas centurias y pico, entonces pretende cumplir una función demarcatoria dentro del espacio-tiempo en que interactuamos como seres humanos. Esto parece legítimo, toda vez que es menester atender debidamente a la satisfacción de las necesidades de análisis diacrónicos y sincrónicos, acerca de otros grandes períodos históricos o de instantes vinculados al desenvolvimiento de nuestra propia era. Y esta última, en su condición de objeto de estudio; ora como un todo, ora como porciones significativas de la misma, también es permeable al análisis -o cuando menos- debería tener un marco temporal delimitado para eventuales interpretaciones que permitan acercarnos a nuestra autognosis.
En este sentido, la noción “edad contemporánea”, obedecería al mismo propósito operativo que las otras categorías de periodificación: delimitar un universo, esbozar un inicio y un final de la praxis humana, en un tiempo y espacio acotado; esto es, instalar ciertos hitos cronológicos convencionales que sirvan de base al discurso historiográfico. Tales cortes artificiales, facilitan la atención del historiador para seleccionar determinadas actuaciones individuales o colectivas relevantes, dentro del sinnúmero de expresiones de la praxis humana que connota per definens el período, y frente a las cuales tiene que elegir para lograr la síntesis explicativa. Por otra parte, dentro del discurso historiográfico; el empleo de estos hitos, contribuye a precisar mejor el tiempo cronológico en que tales eventos seleccionados efectivamente sucedieron, y del cual o de los cuales, se está realizando el proceso de formulación de interrogantes y la obtención de relaciones. Todo lo cual, conducirá finalmente a la anhelada inteligibilidad, a la coherencia significativa que logre vertebrar los sucesos escogidos por el autor; arribando así, a una explicación original sobre los acontecimientos, dentro de la lógica de lo posible que permiten estos parámetros metodológicos convencionales.
Así, aunque el concepto categorial “edad contemporánea”, no satisface totalmente las exigencias demarcatorias y a pesar de que posee un doble estándar como hemos visto, y a pesar de que muchos autores se rebelan contra ellas porque la consideran una de las últimas expresiones del racionalismo tradicional en la disciplina, continúa vigente en la comunidad de historiadores. Está ahí como parte del aparato historiográfico, para colaborar en el análisis y explicación de las tendencias más generales observables en la fracción de tiempo que encierra por definición. En todo caso, tal como ya hemos señalado y como se verá más adelante con detención; un acuerdo explícito, o al menos tácito para su uso, no existe en la actualidad como algo plenamente generalizado o institucionalizado, y muchos intentan obtener la explicación histórica a partir de la denominación de sus propias categorías; pero no son más que eso, intentos que no logran el consenso entre los espíritus de la comunidad de historiadores y de los cientistas sociales en general.

¿Un nuevo hito es posible?

Ahora, en el supuesto de que la comunidad de historiadores y los miembros de comunidades afines, decidan implantar un nuevo hito de periodificación, necesitarían sólidos argumentos teórico-filosóficos y criterios específicos tendientes a facilitar la presentación de la reconstrucción histórica. ¿Qué parámetros van a emplear para tipificar a esta nueva época emergente?, ¿primará la tendencia a nuclear el devenir en torno a la actividad política?, como ha sido la tónica en la historiografía, ¿o tal vez el énfasis gire alrededor de una línea histórico-economicista que esté más de acuerdo con el mundo globalizado?, ¿o tal vez el epígrafe esperado denote un fuerte interés en seguir el desenvolvimiento científico, pro historia de las ciencias por ejemplo?, ¿o quizás se aprecie la primacía de un discurso moralizante?... en fin; cualesquiera sean los criterios seleccionados, los problemas serán numerosos y muy complejos.
Lo anterior, ilustra algunas de las dificultades existentes para encontrar un nombre apropiado a la nueva época histórica -cuya identificación cualitativa y temporal- permitiría desprenderse del uso desmesurado, vago e inconstante que se hace en la actualidad de la noción categorial “edad con- temporánea”, tanto en los círculos historiográficos como en el discurso comunicacional en general.
Para arribar a un nuevo epígrafe que goce del consenso de los especialistas, parece ser necesario cubrir adecuadamente las necesidades de la tríada: - locus - tempus - explanandum - que de ordinario se emplea sin decirlo en el discurso historiográfico. El primer término, alude a un aspecto puramente cuantitativo y demarcatorio; el segundo, es cuantitativo y cualitativo; y el último, es esencialmente cualitativo. Así, el locus es una invariante historiográfica que sugiere la determinación del lugar geográfico en que acontece tal o cual evento significativo de la praxis del ser humano. Ello, porque cualquier agente histórico, está inmerso en un contexto espacial y geográfico, como parte de nuestra peculiar condición biológico-antropológica como simple ser humano; y es en este sentido, que contribuye a dar un corte a los períodos históricos.
Lo anterior, alude a la imposibilidad que momentáneamente manifiesta la historiografía actual, para encontrar un exergo que exprese un corre- lato más feliz entre la denominación del último hito histórico vigente y el universo efectivo de acciones, creaciones, pensamientos y eventos humanos aún en curso, que éste debiera cubrir por definición. La dificultad se comprende, si tenemos presente que tal denominación debe cumplir un rol operativo integrador; es decir, satisfacer desde luego el nivel de exigencia del discurso historiográfico; pero también -en cuanto a su fundamentación- no puede alejarse de la lógica, de la semántica, de la filosofía, o y de las ciencias humanas en general, entre otros requerimientos. Empero, lo más cualitativo del período, parece descansar en su propia dinámica; esto es, en la velocidad, en la diversidad y en la extrema complejidad con que se suceden los acontecimientos. En este contexto ¿por qué no intentar la colaboración interdisciplinaria para encontrar ese soplo perdido y oculto del período? Después de todo, esta época presenta una gigantesca cantidad de eventos, de producciones intelectuales, de novedades, de incrementos materiales, de interacciones y de una mentalidad en gestación muy diferente a las anteriores. Por tanto, se entiende entonces que a los gestores del discurso historiográfico, les cueste dar con la esencia vital del período; se comprende que se les haga difícil encontrar un nódulo cualitativo desde el cual cobren sentido los ejes interpretativos para esta franja histórica en la cual estamos inmersos.
En dicho estado de cosas, la mirada interdisciplinaria haría más factible la determinación de los rasgos del mundo que se desea cerrar. Así, cuestiones tales como los hábitos lingüísticos, la extensión cognoscitiva, el mundo axiológico, las preocupaciones histórico-literarias por el género, la diversidad cultural, los eventos políticos, la dinámica de la comunidad científica, o la imaginería del tipo de hombre peculiar que hemos construido con nosotros mismos en este lapso de tiempo; entre otros tópicos provenientes de disciplinas como las que hemos mencionado con antelación, podrían contribuir a encontrar los grandes centros temáticos, a sacar a presencia el perfil subsumido en lo ignoto. Así, análisis paralelos en estas disciplinas podrían actuar entonces, como un denominador común, que ayudarían a su vez al encuentro de la designación categorial más apropiada para la era que nos interesa.
La falta de acuerdo intersubjetivo, es pues, la principal dificultad para decirle adiós a la categoría “época contemporánea”; esto no quiere decir que no se pueda alcanzar la intersubjetividad para este punto, sólo indica que no se han encontrado los fundamentos filosóficos, lógicos y principalmente históricos y sociológicos, claramente convincentes para obtener el punto cronológico de cierre de la época en la cual estamos insertos. Después de todo, han sido los propios historiadores los que en su propia praxis y consensuadamente, aceptaron los epígrafes de periodización vigentes; ello a través del uso masificado y de la repetición sistemática, por tanto, también es perfectamente posible, que estén llanos a aceptar una nueva demarcación adecuadamente fundamentada.

Uso poco claro entre Tiempos Modernos y Época Contemporánea

En el discurso cotidiano, para aludir a los elementos cognoscitivos o culturales propios de la época contemporánea; se utilizan indistintamente, con cierta frecuencia, tanto la voz compuesta “tiempos modernos” como la categoría denominada “época contemporánea”. Este fenómeno socio-cultural parece estar vinculado a su vez, con una práctica muy extendida de falacias de vaguedad y ambigüedad en el uso del concepto “moderno”. En el lenguaje escrito por ejemplo, podemos encontrar millares de errores de este tipo que ilustran lo anterior. Así, en una revista de difusión científica se lee: “En estado consciente, un enfermo medieval podía soportar que le extrajeran una muela, incluso que le amputaran un miembro para salvarle la vida, pero el hombre moderno, ni siquiera es capaz de imaginar aquellos tormentos. La medicina operatoria hoy es impensable sin la anestesia.”
La cita anterior, muestra como el concepto “moderno”, aquí es utilizado como análogo a “contemporáneo”, pues el texto alude claramente a una adquisición cognoscitiva de la medicina: la anestesia. Y sabemos por la historia de las ciencias, que esta comienza a ser utilizada por J.Y. Simpson a partir de 1847 (anestesia con cloroformo); esto es, en plena época contemporánea, según las categorías de periodización vigente.
Y en el ámbito de los historiadores, la confusión también está presente, por ejemplo Paul Johnson publica Tiempos Modernos: La Historia del siglo XX desde 1917 hasta la década de los 80. Entonces como debemos interpretar este epígrafe? Si los contenidos interpretados corresponden a lo que los historiadores denominan Época Contemporánea?
Otros hablan de Posmodernidad para incluir los sucesos de esta época, por ejemplo Frederic Jameson, que estudia la lógica cultural del capitalismo; Morales Moya, que estudia la narración histórica en autores como Paul Ricoer, o Agapito Maestre, en su texto: Modernidad Historia y Política.
Y en el plano de los medios comunicacionales, los ejemplos son numerosos, veamos: En la Enciclopedia Encarta, se lee: Cuadros Familiares de la Era Moderna: La era moderna abarca los rápidos cambios, económicos, políticos y sociales de los siglos XIX y XX. Esta colección de pinturas desde 1784 hasta 1948, demuestra que las transformaciones que se produjeron en la época quedaron reflejadas en los movimientos artísticos de este período.
También en la vida diaria, se utiliza la voz “moderno”, por ejemplo, con el propósito de ofrecer a una masa consumidora una serie de productos considerados como dinámicos, novedosos, portátiles, fáciles o prácticos; es decir, como algo muy opuesto a objetos o cosas antiguas, añosas, obsoletas, toscas, pesadas o mecánicas. Así, en ciertos programas televisivos, se habla de “vestimenta moderna”, para dar cuenta de los vestidos utilizados por las modelos en sus últimas exposiciones. Tales prendas, por lo general, son extremadamente audaces en el diseño y en la capacidad de transparencia de los mismos, para mostrar mejor la anatomía femenina, y corresponden ora a fibras sintéticas tales como: nylon, polyester, dralón, prolén, vinylón, poliamida, spandex y otras; o bien a fibras artificiales de origen celulásico como la viscosa y el rayón, entre otras. Los ejemplos anteriores, por tanto; nos permiten apreciar como en el discurso habitual de muchos medios de comunicación, se manifiesta explícitamente la idea de que nosotros, los sujetos contemporáneos del Siglo XXI, somos los modernos y los que participamos de la modernidad. Se olvida así, que ya los hombres cultos de fines del dieciocho, se sentían modernos porque su ideario ilustrado, concebía la razón como la base absoluta para la comprensión de todos los fenómenos de la naturaleza y la sociedad, y porque la misma principiaba a criticar no sólo los juicios de las autoridades tradicionales y consagradas; sino también al fundamento mismo de tales potestades. E incluso un siglo antes, ya filósofos como René Descartes, Francis Bacon y otros, se sentían tan modernos como los mencionados. El primero por ejemplo, construye su sistema filosófico a partir de unos pocos axiomas rigurosos, como un método geométrico y con dichas reglas estima lograr la comprensión de las cosas por la confianza en la subjetividad; la res cogitans permanece ajena a la res extensa, con lo cual todas las verdades pueden deducirse de la razón. Esta nueva convicción defendida por Descartes, y da paso al desarrollo de la idea de modernidad según la mayoría de los autores. Y en el caso de Francis Bacon, también es considerado uno de los exponentes de la idea de modernidad, porque se percata de la enorme proyección del método experimental
Ahora bien, ¿si ya los miembros de la elite intelectual y científica del siglo XVII se conciben como modernos, entonces por qué nosotros también nos autocalificamos así, más de trescientos años después?; o bien, ¿si ya los ilustrados de fines del siglo XVIII se percibían a sí mismos como modernos?,¿porque nosotros que estamos entrando al tercer milenio también? y si a su vez, los líderes políticos y militares de la América del Siglo XIX también se sentían plenamente partícipes de los tiempos modernos ¿por qué nosotros hacemos lo propio? ¿Acaso no somos contemporáneos? Así, ¿Por qué existe tanta confusión y ambigüedad en el uso de esta categoría?
Nuestra hipótesis es que esto es el resultado de una práctica historiográfica que no contó con un riguroso análisis previo ni de los historiadores ni de los filósofos, en especial estos últimos porque han trabajado muy poco la noción compuesta: época contemporánea. Fue un olvido y un error.

Conclusiones

1. Los hitos de periodificación cumplen en la historiografía, un rol operativo análogo al que desempeñan los principios lógicos. Estos últimos sirven de soporte para toda clase de demostraciones lógicas, matemáticas o deductivas en general; pero ellos son indemostrables racional o empíricamente, pues toda demostración formal parte de la aceptación de tales principios. La historia, es pues, inevitablemente la reconstrucción inteligible de períodos.
2. La explicación histórica sin algún tipo de periodificación resultaría inabarcable para nuestra inteligibilidad; pues así como el lenguaje está compuesto de silencios y palabras, la síntesis histórica, necesita también ciertos cortes equivalentes a los silencios del lenguaje, para que éstos actúen como referentes demarcatorios de universos que encierran contenidos antropológicos, sociales políticos, axiológicos o cognoscitivos, entre otros; pues el todo, la marcha global de la historia en su devenir mismo, es una invariante que no puede cubrir el discurso histórico. Luego, los cortes de periodificación contribuyen a la búsqueda de sentido de los acontecimientos previamente seleccionados por el investigador, al delimitar grandes trozos del quehacer humano que facilitan así la explicación de los mismos.
3. En el caso del último hito demarcatorio, se hace cada vez más difícil su uso, porque la propia significación primigenia propuesta por los especialistas dentro de la comunidad de estudiosos de la historia, ha llegado a sus límites máximos cronológicos y cualitativos posibles, y porque en el marco social, dicha categoría ha sido desbordada más allá de su sentido tradicional, debido al empleo confuso, amplio, exacerbado, ambiguo y tergiversado que se hace de la misma; principalmente en el discurso comunicacional y en el lenguaje cotidiano.
4. La cuestión de la periodización, y en especial el fundamento teórico para la utilización o no de tales nociones si bien es un tema de interés obligado en ciencias humanas y en ciencias sociales, es también un tópico de claro contenido epistemológico, propio de la filosofía de las ciencias. Por tanto, el análisis del mismo como problema teórico, se abre ahora a nuevas disciplinas, a las humanidades y a la interdisciplinariedad en general, trascendiendo el marco tradicional y exclusivo de la historiografía.
5. La comunidad de historiadores no ha facilitado las cosas para la debida comprensión del significado de la noción “edad contemporánea”, en cuanto a su uso en los círculos cultos, ni en aquellos relativamente bien informados. Y en segundo término, también los exponentes de la filosofía actual, han dejado solos a los historiadores al no abordar en profundidad el examen ni la crítica de la categoría en comento, como parte de grandes sistemas metafísicos, que puedan servir como antecedentes sobresalientes para fundamentar la conveniencia de abandonar el uso del epígrafe actualmente vigente, o para instaurar un rótulo nuevo.
6. La historiografía está en una crisis epistémica pues aún no ha cambiado el paradigma vigente sobre el último hito histórico, pero cada vez hay más voces que sugieren la conveniencia de encontrar un nuevo marco de periodificación. Los cambios de paradigma son más frecuentes en los momentos de crisis sobre los fundamentos filosóficos de una disciplina, o sobre la efectividad de la metodología tradicional de la misma; o mejor dicho, cuando una ciencia particular alcanza un nivel superior de autocrítica epistemológica.
7. El concepto categorial “edad contemporánea” está implícitamente amenazado de abandono, puesto que por un lado es prácticamente imposible que se mantenga en uso, en virtud del agotamiento de la intención semántica producto de la simple inercia de su prolongación en el tiempo. Por otro, porque lo esencial de su denominación y de su referencia, la alusión a una homogeneidad axiológica, o a una cierta unidad de estructuras de pensamiento, ha sido sobrepasado por la propia praxis de nuestro actual período.

Bibliografía empleada
Diario La Tercera de la Hora, Stgo., 5 de junio, 2000.
Diario El Mercurio, Stgo, Diversos números entre 1997 y 2010.
Jaspers, Karl: Origen y meta de la Historia, Alianza Edit., Madrid, 1985.
Johnson, Paul: Tiempos Modernos: La Historia del siglo XX desde 1917 hasta la década de los 80, Javier Vergara Editor, Buenos Aires,1988.
Lennhoff, Eugen: Los Masones ante la historia, Diana Ed., México D. F., 1978.
Maestre, Agapito: Modernidad Historia y Política, Ed. Verbo Divino, Navarra, 1992.
Orellana, Alberto: Por el costado humano, Teconal Editores, San Salvador, El Salvador, 2005.
Retamal, F., Julio: ¿Y Después de Occidente qué?, Ed. Conquista, Stgo., 1993.
Revista Muy Interesante, N°82, Stgo., 1994.
Revista Que pasa N°1292, 1996.
Saldivia M., Zenobio: Adiós a la Época Contemporánea, Bravo y Allende Editores, Stgo., Chile y Universidad Continental de Ciencias e Ingeniería, Huancayo, Perú.

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¿A QUIÉN LE INTERESAN LAS HUMANIDADES?

Zenobio Saldivia M.

Tecnológica Metropolitana, Stgo. Chile. 

Los alumnos que se encuentran a punto de terminar la educación media, a menudo se preguntan para que sirven las humanidades -sobre todo cuando piensan en elegir una profesión- . Y la misma pregunta se formulan los padres de esos jóvenes, cuando sus hijos les manifiestan que han decidido estudiar derecho, filosofía, estética, historia, filología, literatura, o alguna carrera artística. 

Usualmente la respuesta a tal interrogante trae implícita una reacción negativa en el plano emotivo. Si bien muchos padres ven con buenos ojos a las disciplinas humanistas, en el plano coloquial y en los encuentros sociales y de meras convivencia, no mantienen la misma opinión cuando se trata de sus propios hijos. En este caso, sobre la psiquis del adolescente realmente interesado en las humanidades, llueven los argumentos acerca de la belleza de esas carreras, de los nobles propósitos que persiguen los profesionales dedicados a la recreación, al análisis y a la expansión de la cultura literaria, de la trascendencia de los valores implícitos y centrados en el hombre y en el marco filosófico humanista tradicional. 

Y justo cuando él o la joven está por plantear su deseo de seguir el derrotero de los filósofos o el de las fantasías del Quijote a sus progenitores; caen los argumentos en contra. Aparecen los planteamientos sobre las dificultades económicas de los graduados en tales disciplinas; así como también se alude a la poca consideración social de que gozan estos exponentes de las humanidades, “Pero hija, piensa bien lo que vas a hacer, esa carrera es muy bonita pero... ¿dónde va a encontrar trabajo una experta en narrativa española del siglo XVII?”, o bien: “Hijo, historia es una buena carrera para el espíritu, pero ya hay muchos historiadores, tendrás que destacarte de manera extraordinaria, estudiar mucho... y llegar a especializarte en un campo poco conocido, pero ¿cuando vas a juntar dinero?”.  “Y recuerda además hijo, que actualmente en nuestro país la historia como disciplina curricular de nivel medio, será optativa, entonces como te las vas a arreglar?”, Expresiones de esta índole, e incluso amenazas de recortes económicos, vienen en verdaderas andanadas cuando él o la joven hace patente su voluntad de persistir por la vía de las humanidades, como profesión y como forma de vida. 

En rigor, tales cuestionamientos paternos tienen razón, porque aluden a lo social inmediato, pero no muestran toda la verdad. Es cierto que para especialistas como los mencionados, las ofertas de trabajo son muy escasas; pues únicamente tendrían acogida en las universidades o en algunos organismos internacionales, en grandes bibliotecas o en eventos específicos y puntales a cargo de entidades gubernativas. Sin embargo, esa mirada es sólo un lado de la realidad y corresponde al plano de la percepción social de tales carreras. Pero está también el hecho de que existe el interés y la voluntad manifiesta de los jóvenes mencionados para estudiar tales temas cognitivos y axiológicos. Ello indica previamente que la voluntad soberana de los adolescentes que ilustran la situación que destacamos, es un claro signo de madurez personal. La convicción y la voluntad sostenida para  soportar todos los argumentos en contra, provenientes de su familia o de algunos de sus amigos, indica que hay un germen de proyecto de vida, una auto-visión de si mismo proyectada en el futuro que se irá mejorando y puliendo con sus propios ideales. Esto es un mérito y un estímulo para la conquista de sus metas personales y merece todo nuestro respeto; después de todo los padres somos únicamente progenitores y orientadores y no dictadores de la conducta esperada de nuestros hijos. Y éticamente no tenemos el derecho a cercenar un anhelo o un sueño juvenil, también hay que entender que es otra vida, otras opción y que debemos respetarla.    

Por otro lado, está el fenómeno de la percepción social de las humanidades en general, que se expresa una discriminación de la cultura humanista y en una cierta minusvalorización cognoscitiva, como si los saberes  constitutivos de las humanidades, tuvieran un menor valor en cuanto a la búsqueda de la verdad. Y en rigor, dicho fenómeno corresponde a lo que Charles Percy Snow ha denominado “El problema de las dos culturas”  y que ha analizado con detención en su libro: Las dos culturas y un segundo enfoque. Texto en el cual deja de manifiesto que en la actualidad estamos viviendo una escisión de la cultura: por un lado se aprecia una cultura científica y por otra una cultura humanista. La primera es estimulada por todas las instancias políticas e institucionales y cuenta con mayores recursos para su desarrollo y expansión. La segunda, aparece como un conjunto de cometidos y acciones humanas que despiertan menor interés; generalmente no es estimulada y sus exponentes están muy lejos de los niveles de ingresos de los profesionales que se desempeñan en tareas científicas y tecnológicas. 

Así dadas las cosas, la decisión de los adolescentes mencionados, se enmarca en el esfuerzo heroico de los que optan por la búsqueda del sentido de la vida; por recorrer el camino por el cual fue conducido Parménides, el camino de la verdad bien redonda. Estos mocetones han optado por la senda de los menos, por la vía difícil, por trascender la utilidad inmediata y por dejar atrás el pesado espíritu pragmático y puramente utilitarista y esto implica una maduración y crecimiento personal. Idealismo versus pragmatismo. Este es el punto de fondo, no únicamente la elección de una carrera. La elección muestra el meollo del asunto. Nuestra sociedad consumista y globalizada, actualmente se encuentra en un nivel muy alto de desarrollo científico y tecnológico y está capacitada para recabar información o adquirir conocimientos en casi todos los ámbitos de lo real; todo ello con gran celeridad y cubriendo ampliamente los hechos del mundo.(1) Con el apoyo tecnológico rápidamente se nos presentan una serie de artificios y aparatos que nos permiten mayor comodidad y bienestar.  Por ello se privilegia el conocimiento científico y tecnológico; esto porque se entrecruza con el poder político que financia o induce determinadas líneas de investigación y porque en la práctica es una fuente de poder, un mecanismo de control (2) y una clara muestra de superioridad socioeconómica.  Existe la primacía del orden científico-tecnológico porque soluciona el problema de los medios, porque entrega técnicas para los fines que puedan determinar los miembros de la clase política o del mundo empresarial internacional. Lo precedente, indica  las bases teóricas sobre las cuales descansa el referente teórico y cultural de las ciencias. 

Empero, el quehacer de los poetas, escritores, filósofos, filólogos, historiadores o artistas, entre otros, apunta en otra dirección. Los objetivos de los mismos se orientan claramente hacia los fines del hombre, a los propósitos últimos del ser humano que clarifican nuestra vida y proporcionan un sentido integrador a la cantidad de conocimientos dispersos. Esto encauza a los humanistas en un diálogo trascendente con Platón, Sócrates, Aristóteles, Sto. Tomás, Jesucristo, Neruda, Avicena, Eliot, Nietzsche, Góngora, Cortázar, Dalí, Darío, Sandino, Romero y los otros millares de modelos socioculturales dignos de emular por su valía moral, por su esfuerzo integrador o por la búsqueda de originalidad que llevan implícitos. Hacia allá van las pretensiones de los jóvenes mencionados en los ejemplos. 

El conocimiento de nuestro idioma o de nuestro pasado  no es un hobby, es principalmente un medio para apreciar la sabiduría acumulada de nuestros pueblos o de nuestros países hispanoamericanos, y en este sentido es un deber ético ofrecer y mantener las vías curriculares en el sistema educacional, o para  conocer adecuadamente la escala de valores que otros preclaros hombres ostentaron. Y la historia y la filosofía por tanto, permiten apreciar todo un mundo de expresiones emotivas y afectivas de Hispanoamérica y Occidente. Las humanidades, son así, un mecanismo para repensar nuestras raíces, una forma válida para apreciar los anhelos de esas generaciones pasadas insertas en hazañas bélicas o en eventos sociales plagados de heroísmo y de entrega generosa. Es un reservorio cultural que posibilita la búsqueda de lo cualitativo, de la riqueza de la vida humana en sí,  de penetrar en las individualidades maravillosas e irrepetibles. Es un puente de goce estético y un esfuerzo considerable de unión de la mente, el espíritu y la belleza. Entonces, ante el deseo de los pocos adolescentes interesados en la cultura humanista, ¿por qué cortar ese nexo con el pasado que ellos perciben y no más bien fomentarlo? Esta es la interrogante que muchos asesores vinculados a las capas de las máximas autoridades educacionales no deberían olvidar. Mermar o cercar a las humanidades es cortar el cordón umbilical con el pasado, un  olvido peligroso. 

Notas.

  1. Cf. Saldivia, Zenobio: “Tecnología y sociedad. ¿Maridaje o divorcio?, Rev. Periódico Nuevo Enfoque, Diciembre,  2003. San Salvador.
  2. Ibídem.
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  1. Tecnológica Metropolitana, Stgo. 

En la actualidad, la ética está viva y campeante, parece estar de moda y enseñorearse dentro de la cultura contemporánea como un ave exótica, vistosa y llamativa, pero lamentablemente no es porque esta forma del saber humano sea un espejo que refleje una orientación generalizada hacia nuestra perfección interior  o porque refleje una clara conciencia de estar en posesión del bien individual. Más bien, parece ser una moda que emerge por contraste; esto es que dado la serie de falencias personales y colectivas, o de un notorio incremento en cuanto a una seguidilla de actuaciones profesionales incorrectas  que hemos observado en la esfera pública o en el mundo de las instituciones militares; el mundo ciudadano se identifica con un sentimiento colectivo y generalizado de auto-corrección. En efecto, la abrumadora casuística de atentados contra la probidad en las instituciones públicas y los casos de corrupción manifiesta de muchos profesionales en América, en Occidente y en el mundo entero, ha obligado a algunos intelectuales en nuestra época, a repensar el papel de la ética en el mundo empresarial, en la praxis médica, en los cuerpos policiacos, en la curricula universitaria, y en la sociedad en general. Y por ende también, los profesionales y educadores aspiran a delimitar nuevamente las razones de una eventual  presencia de la ética como una disciplina más, en las mallas cognitivas de nuestros estudiantes de las instituciones de educación superior. 

En este sentido, como es sabido, la ética como estudio sobre el deber ser del hombre en sociedad, tiene una larga data y sus expresiones más sistematizadas relacionadas con un claro énfasis por el bienestar personal y social, se remontan a las bases del pensamiento judeo-cristiano y a la cultura griega en general. Pero por cierto, éstas no son las únicas fuentes históricas y filosóficas de la ética -aunque si las más conocidas y difundidas- puesto que en las distintas culturas, es posible encontrar pautas y directrices morales, que nos permiten colegir la existencia de una preocupación por el ser humano en su proyección histórica y en sus ansias de una búsqueda de perfección a futuro. 

En la sociedad contemporánea, además de su presencia por la ausencia o carencia de sus grandes postulados en la praxis social, la presencia de la ética como disciplina instituida, se manifiesta frecuentemente en el curriculum de los estudiantes universitarios, en el quehacer de la comunidad científica internacional, en  la discusión de los temas de la agenda pública nacional o internacional, o en los Códigos de Ética  y en general en los tópicos que abordan los diversos medios de comunicación de masas en sus distintos formatos, entre otros ámbitos. Pero esto es muy paradójico, pues en la mayoría de los casos que se observan en la prensa relativos a la falta de probidad y de atentados a la libertad o voluntad personal, como por ejemplo en instituciones religiosas algunos de cuyos exponentes han sido acusados de pedofilia, o de medios castrenses y judiciales que han  sido acusados de falta a la probidad; todos ellos cuentan con su normativa ética y sus códigos éticos respectivos. Así que esta situación es como una novela de Franz Kafka, que deja de manifiesto intentos absurdos o la impotencia para encontrar medios de que el hombre sea más humano, más persona, y menos individuo con sus peculiares desviaciones.

 

Ahora bien, en cuanto a la presencia de la ética en la curricula universitaria, ello obedece a razones pragmáticas y humanistas. Y aquí nos encontramos con realidades muy disímiles en las distintas universidades. Lo primero porque en el mundo globalizado, caracterizado por una gran cantidad de interacciones sociales y su apoyo en las tecnologías de comunicación social, hacen imprescindible que los futuros profesionales cuenten con un marco teórico y axiológico que les permita guiar su quehacer profesional hacia conductas que no estén reñidas con los preceptos éticos universales ni tampoco que atenten contra los derechos humanos en alguna de sus expresiones. Y las distintas entidades profesionales, universitarias, empresariales y sociales manifiestan un consenso al respecto, tanto por razones humanitarias y antropológicas, cuanto por razones de una mayor eficacia y conveniencia  de las propias entidades, las cuales, al cumplir con dichos preceptos, se encuentran en un mejor pie para sus tareas habituales, que aquellas que no las cumplen. Y en cuanto a los fundamentos humanistas, ellos se engarzan con la propia naturaleza humana, con nuestra finitud y persistencia, con nuestra errancia -al decir de Humberto Giannini- y con el deseo manifiesto de perfección. Podría decirse abreviadamente, a este respecto, que la ética ha venido siendo un télos para fortalecer las humanidades y un reservorio indispensable para encontrar directrices  que orienten a los diversos profesionales, en cuanto a la obtención de un ideario de preservación y manutención de un ambiente más propicio para el desarrollo humano y para el cuidado e interacción de la  biosfera en general. Dichos  aspectos,  de ordinario son tratados en las asignaturas humanistas dentro del marco de una eventual intención de formación integral que se percibe en casi todas las universidades, aunque dicho objetivo se visualiza más en el discurso  que en la los porcentajes de presencia efectiva de los ramos humanistas. La misión y objetivos de las corporaciones de educación superior, preocupadas seriamente por la formación integral, trasuntan el compromiso de mostrar esa forma de saber denominada ética, en ramos tales como Ética Profesional, Ética y Legislación, Bioseguridad y Bioética,  Ética Empresarial y otras. En especial ahora en que la vorágine de los cambios provocados por las nuevas expresiones científicas y tecnológicas y la nueva moral imperante, obliga a no perder de vista la formación integral. 

Empero, lamentablemente hay muchas universidades públicas en las cuales la ética como disciplina ha quedado al margen. Ora porque el énfasis profesionalizante de la formación universitaria, no deja espacio cronológico para el cultivo de esta disciplina, o bien por la presión de los alumnos y otros agentes sociales que consideran que este tipo de formación se da en el seno de la familia. Pero sabemos que muchos padres no tienen ni el tiempo ni la voluntad manifiesta de entregar esa formación que exige el compromiso de practicar e internalizar valores humanistas para que trasunten a sus hijos. Y prefieren tácitamente dejar esta formación axiológica en el sistema educacional. 

En relación a la presencia de la ética en las comunidades científicas, ello queda de manifiesto toda vez que en la medida que tales organizaciones son más valoradas y  consideradas socialmente, se inician procesos de  reflexión académica y pública sobre sus procedimientos, métodos, alcances e impacto de la misma en la sociedad contemporánea. En este sentido, los trabajos de Robert Merton, a mediados de la década del cincuenta, del siglo pasado, interesados en delimitar los criterios de comportamiento ético de los miembros de las comunidades científicas, logran asentar un conjunto básico de normas para servir de guía y orientación a la comunidad científica. Luego vendrán, en esta misma dirección, los aportes de Bertrand Russell, Ciencia y Ética (1935), más tarde los de Mario Bunge Ética y Ciencia (1979) y más recientemente los preceptos ecologicistas sobre el deber ser de los científicos en la ejecución de sus tareas específicas. Y más recientemente los trabajos de Carlos Eduardo Maldonado, tales como: Derechos Humanos, Solidaridad y Subsidiaridad (2000). 

Por su parte, los resultados científicos se hacen cada día más visibles en sus formatos tecnológicos, y afectan notoriamente las costumbres imperantes,  obligándonos así  a replantear nuestra forma de vida y a cuestionar conductas que hoy son posibles en virtud del apoyo científico y tecnológico. Al respecto, la temática ética proveniente de las ciencias básicas y de las ciencias aplicadas, nos indica la enorme preocupación por los valores, especialmente por el valor del “bien” y de lo “bueno”, en ámbitos tan disímiles como la física atómica, la química-física, la medicina, la ecología, la biotecnología, la ingeniería y otras.

 

En cuanto a la presencia de la ética y su interacción con la agenda pública, ésta es perceptible en el plano del discurso político y en el ámbito  normativo, puesto que en el ejercicio mismo de los hombres públicos, resulta conveniente mantener un adecuado correlato entre acciones públicas y la percepción social de un bien implícito. Ello puesto que la sociedad como un todo y el resto de los exponentes de la clase política, está atento a esas eventuales y necesaria adecuación entre la corrección y probidad con las tareas y acciones de cada hombre público. Además es claro que el interés por la res pública en general, hace que el comportamiento, medios y fines de los exponentes de la clase política, sean constantemente revisados en base a los criterios de una sana  convivencia social. Algo similar se observa también, en cuanto a la formulación de políticas públicas y en otros procedimientos en los cuales participan los personeros de la esfera política y otros agentes sociales, puesto que aquí se vuelve a planear la exigencia de la búsqueda por la rectitud de los fines y el impacto de  las normas que se desea implantar en el marco social.    

En cuanto a la presencia de los medios de comunicación  y su relación con los temas éticos, ello es muy comprensible puesto que los primeros poseen una fuerza que llega a todos los estamentos de la sociedad, y en este sentido tienen un compromiso ético y filosófico que los obliga a cautelar la búsqueda y presentación de la verdad, independientemente de la moral imperante y de cómo actúen o hayan actuado otros medios. Es uno de los imperativos que antropológica y socialmente consideramos como deseable para la convivencia en sociedad. Y además, porque en el despliegue mismo de estos medios, aparecen nuevas formas de ejercer la democracia y de conducción gubernativa, que dinamizan el quehacer individual y colectivo y dejan de manifiesto determinados aportes en la construcción de la verdad. 

Pero por sobre todo, porque estos medios, son el soporte que nos permite apreciar el enorme espectro de faltas a la ética que observamos hoy en el mundo globalizado, y en este sentido, estamos en deuda tanto con los órganos escritos o audiovisuales que seria y documentadamente dan cuenta de estas faltas frecuentes a la ética, porque nos muestran una realidad dolorosa y nos instan pensar en nuevos caminos para el bien. Y también estamos en deuda con adultos hombres y mujeres que han corrido el riesgo de dar a conocer su sufrimiento en tiempos de su infancia por personeros de la Iglesia que han abusado de ellos o ellas. Y desean hacer justicia y alertar a la sociedad de esta situación. Así, los medios de comunicación actúan como un reservorio que muestra los distintos lados del hombre, sus debilidades, sus bajezas, así como también sus valores, sus nobles propósitos y sus convicciones. Y desde allí, por tanto, el hombre medianamente informado puede corroborar, diferir o encontrar su propia postura personal frente a esa casuística emergente, que va asentando así, una realidad insoslayable: la necesidad de considerar todas las acciones humanas desde un marco axiológico, cognitivo, teórico y orientador para apuntar hacia la obtención de los ideales de perfeccionamiento moral y social de los seres humanos. Esa instancia autocrítica y reflexiva es la entrada al universo de la ética. El camino que se abre ahora para la masa crítica y para las personas responsables de la currícula universitaria es encontrar los medios para que estas disciplinas tengan una presencia efectiva en las mallas curricular de nuestros jóvenes, no porque per se ellas aseguren un futuro comportamiento más probo o más correcto en el ejercicio de su profesión, sino porque son una instancia para reflexionar y sacar lo mejor de sí de nuestros estudiantes que sueñan con una sociedad mejor.

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Obra publicada por: Zenobio  Saldivia M., Patricio Leyton A. y Francisco Díaz C., Bravo y Allende  Editores, Stgo., 2019, 394 pp.

Dr.Tomás Cárdenas Fincheira

Decano de la Facultad de Humanidades y Tecnologías de la Comunicación Social, UTEM.

Es para nuestra Universidad y hoy especialmente para este profesor que relata, un verdadero honor y tremendo compromiso abordar la presentación de este libro, que es parte de la producción de investigación científca de 3 académicos destacados, con amplia trayectoria en sus respectivas especialidades y en publicaciones de artículos y libros.

Al leer el contenido del texto de 394 páginas que nos congrega, lo primero es reconocer y felicitar a sus autores por la solidez de las expresiones, en su mayoría  apoyadas en extensas y minuciosas búsquedas bibliográficas, que en muchos casos incluyen textos propios precedentes en la misma temática, lo cual da cuenta que este resultado es producto de gran conocimiento de materia, por cuanto se aprecia mucha fluidez y redacción fácil de entender.  A esto, se suma la organización de los contenidos en severos órdenes de presentación catalogados en etapas muy similares a la de las tesis doctorales de las ingenierías incluso, pero con un grado de modestia que llama la atención en los títulos que leemos, como por ejemplo “aproximación a las ciencias….”, en la portada,  “hacia una o alguna conclusión..”  en los apartados y otros parecidos que, al leer, uno puede colegir que, por lo expresado allí, todo tiene una gran contundencia, pues se aporta con lo necesario para comprender el verdadero y significativo aporte que han realizado al desarrollo de nuestro país en el siglo 19, tanto los científicos mencionados, como las instituciones descritas y aquellos polígrafos y humanistas seleccionados en este trabajo.

Ahora bien, si hacemos un detalle de aspectos que colaboran en un mejor entendimiento al lector, es dable destacar que aparte del modo experimentado de presentar contenido mismo, tal como lo hemos señalado anteriormente, se suma el hecho de usar una letra del tipo romano en la impresión, que tiene más de 2 mil años de antigüedad y que en definitiva, es una de las tipografías más fáciles y menos cansadoras para leer gran número de páginas. Además, el tamaño adecuado de la letra elegido también influye en el total de la apreciación positiva. Por otro lado, el hecho que en las frases que provienen o contienen citas de otras fuentes, aparezcan en el pie de página, todas las coordenadas hasta el número de página, nos indica claramente que aquella información ha sido validada. Además, es notable la decisión de incorporar la bibliografía por cada capítulo, pues evidencia una gran búsqueda y acopio de información de respaldo. En este último aspecto, se ha llegado a contar más de 30 o 40 textos de respaldo para ciertos capítulos.

Al adentrarnos al texto, lo primero es destacar el Prólogo realizado por nuestro colega de la UTEM Dr. Pablo Azócar Fernández, Cartógrafo que desde su ámbito disciplinar valora el contenido de la obra e incluso agradece aspectos que, sin duda, son de gran interés para los profesionales de las ciencias de la tierra, por cuanto seguramente este libro puede llegar a ser un relevante material de consulta, dentro del proceso formativo universitario.

Así pues, en la primera parte del libro aparecen con mucha justicia tres innegables personajes provenientes de Europa y contratados por el Estado,  que tras años de sobresaliente  dedicación han dejado una huella indeleble en el desarrollo y consolidación de las ciencias de la tierra y su enseñanza, para la joven república chilena. Ellos son: Claudio Gay, Charles Darwin, Ignacio Domeyko y Pedro Amado Pissis, todos con una vasta preparación en diversas ciencias, todos con rasgos en común respecto  a su preocupación por las ciencias de la tierra, con gran reconocimiento histórico y social como principales forjadores de la taxonomía, geografía, geología y otras variantes, aportando sin duda al desarrollo y patrimonio físico de Chile, desde sus áreas del conocimiento e, incluso, trascendiendo con sus estudios y recomendaciones a la explotación minera moderna. 

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En principio, en el texto desarrollado por Zenobio Saldivia se visualiza que Claudio Gay de nacionalidad francesa, fue un gran naturalista que realizó los primeros estudios profundos de la flora, fauna geografía y geología de Chile, manteniendo además  una  estrecha dependencia entre el arte y ciencia, con una gran búsqueda de la armonía del sentimiento y de la justeza, todo lo cual se valora desde nuestras disciplinas de las humanidades. Detalles como su propuesta de la generación de espacios de aclimatación de especies en la naciente Quinta Normal y, en otro ámbito, la contratación del pintor alemán Mauricio Rugendas por su parte, para registrar en dibujos la naturaleza y costumbres de Chile,  dan evidencia del nivel de detalle y sensibilidad en las preocupaciones de este sabio.

El contenido también elaborado por el profesor Saldivia, continúa con la presentación Charles Darwin, naturalista de origen inglés, que hizo  gran aporte a la teoría de la evolución biológica mediante la selección natural, por cierto, materia que cambió la visión del mundo científico en general. Además, en la exposición de su obra del presente libro se destacan sus aportes a la paleontología, conquiliología, (es decir, el estudio de los conchales), a la  geología, así como al cuerpo físico de Chile y observaciones geográficas, vulcanológicas, orográficas (entiéndase por el estudio del relieve terrestre), también a observaciones  hidrológicas o limnológicas (es decir, el estudio de la rama de la ecología referente a los ecosistemas acuáticos)  entre otros aspectos científicos, evidenciándolos en numerosas publicaciones en Europa donde destaca, entre otras, el Ensayo sobre el principio de la población, realizado en 1838.

Siguiendo con las exposiciones, Francisco Díaz en el texto destaca a Ignacio Domeyko, científico de origen polaco y de nacionalidad chilena desde 1848, que en principio fue contratado por el estado para fortalecer la enseñanza de la minerología y que llegó a ser rector de la Universidad de Chile. En el escrito se señala como uno de sus  grandes aportes a la minerología, el haber clasificado sistemáticamente miles de muestras de minerales y  todos los objetos de estudio minerológico, aparte de haber desarrollado y propuesto los planos de minas subterráneas, lo cual cambió radicalmente la forma de explotación minera de la época, permitiendo una mejor operatividad y seguridad. Por otro lado, es destacable su influencia en la ley de defensa de las riquezas forestales. Finalmente, se expone que a él se debe la organización de varias carreras de nivel superior y grandes aportes a la educación de la ingeniería, que era subconsiderada en la época.

En apartado a continuación expuesto por  Francisco Díaz, se destaca al científico francés  Pedro Amado Pissis y su preocupación por la geología y geografía chilena, contratado también por el estado, específicamente para el estudio de la geografía física del país y para confeccionar la descripción geológica y minerológica de la República. De su obra se detallan en el texto diversos estudios y publicaciones en Chile y en Francia, destacando la elaboración de diferentes mapas provinciales y mapa general de Chile, también especificando la geografía botánica y faunística de las provincias con paisajes y acuarelas definido como Atlas de la Geografía física de la República de Chile, así como diferentes trabajos y reconocimientos que le valieron el nombramiento como Jefe de Geografía de la Oficina de Estadísticas de Chile y posteriormente jefe de la misma Oficina en Santiago, así como miembro de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile.

En apartados siguientes, se exponen instituciones relevantes que se fundaron en el país tales como el Instituto Nacional y Biblioteca Nacional, ambas en 1813 y posteriormente la Universidad de Chile, que fue concebida como academia científica que debía aplicar al contexto chileno los avances de la ciencia europea.

Especialmente, el autor Patricio Leyton describe el Observatorio  Astronómico Nacional (OAN),como el inicio de la astronomía y el desarrollo de la meteorología en Chile incluso desde la época colonial con los estudios cualitativos de los jesuitas. Los avances del siglo 19 lograron el fortalecimiento y se consiguió gracias a que se publicaron observaciones en forma periódica  y se efectuaron cálculos de temperatura y presión con un alto grado de exactitud y prolijidad y se contó con un plan de observaciones metódicas y se formaron personas para que pudieran operar los instrumentos. Así, en el texto se vinculan los aportes a la meteorología y climatológicos que realizaron tanto Claudio Gay como Ignacio Domeyko, así como los estudios de sismología que realizaron otros especialistas de la época. Respecto al comienzo de la astronomía se señala en el texto la instauración de un observatorio en el cerro Santa Lucía y posteriormente se fundó el Observatorio Nacional, durante el gobierno de Manuel Montt. También se describe el establecimiento de la Oficina Central de Meteorología de Chile, con la finalidad de coordinar la recolección de datos sobre las condiciones atmosféricas del país.

Continuando con las exposiciones, Francisco Díaz se refiere a los orígenes y desarrollo del Museo Nacional de Historia Natural, destacando sus principales actores: Gay, Domeyko como aportadores de conocimiento y Philippi como director, con gran su obra continuadora de organización y de enriquecimiento de la colección, sumado  a numerosos estudios y acciones que determinaron la actual ubicación del Museo al interior de la Quinta Normal. En efecto, el autor compara incluso el modelo taxonómico empleado por Philippi y Gay, puntualizando que el primero en su prosa científica detalla las capacidades físicas de la especie a diferencia de que Gay acentúa la descripción física y agrega una connotación de los lugareños que tiene sobre el referente vernáculo. Además, se puede visualizar en el texto que el director Philippi además de organizar el Museo, también se preocupa de generar mejores condiciones laborales de los empleados. Finalmente, se destaca que a pesar de ser una época compleja por los diversos problemas del país, limítrofes entre otros, el director continuó con la institucionalización de la ciencia en Chile, especialmente en el estudio de la flora y fauna.

En el siguiente apartado desarrollado por Patricio Leyton, referido al Observatorio Meteorológico del Colegio San Ignacio y a la Ciencia Jesuita en el Chile Republicano, se establece claramente que esta institución se fue consolidando a partir de los aportes realizados en periodos anteriores desde la llegada de los jesuitas al país, destacando incluso aquellos estudios realizados por Alonso de Ovalle, en relación con las condiciones meteorológicas y climatológicas en comparación con Europa, dentro de su obra publicada en Roma en 1646, titulada Histórica Relación del Reino de Chile. También, se pone en valor que el trabajo científico desarrollado por los jesuitas en el siglo 19, poco difundido en los estudios históricos,  especialmente aquellas observaciones  atmosféricas y sismológicas realizados por el padre Capeletti y, en un ambiente social de auge liberal, ayudaron a dar una imagen de los sacerdotes favorable al cultivo de la naturaleza y que tanto la ciencia como la religión no eran dos caminos dispares. Cabe destacar finalmente que, las mediciones realizadas en este observatorio fueron utilizadas como insumos en el Observatorio Astronómico Nacional.

A continuación, en el apartado desarrollado por el profesor Zenobio Saldivia, se da cuenta detallada de la Oficina Hidrográfica de la Marina como ente Gestor Delineador de la Cartografía Nacional en siglo 19, donde el autor señala que, se observan las primeras actividades hidrográficas y cartográficas asociadas a la exploración de ríos y costas que comienza a desarrollar la Marina de Chile, específicamente con los estudios realizados en relación con el Rio Bueno y su desembocadura y posteriormente en Isla Mocha, canales interiores de Chiloé, Estrecho de Magallanes y otros lugares de Coquimbo al sur. Además se destaca que las incursiones cartográficas continúan en los años 60, orientada a facilitar la ocupación militar durante la Pacificación de la Araucanía. Posteriormente, durante la guerra del Pacífico la cartografía e hidrografía fue muy relevante y exitosa. Además, se destacan los objetivos de la Oficina Hidrográfica Nacional que consistían en: a) Fijar el derrotero general de las costas de Chile, b) Llevar la estadística de los siniestros marítimos y c) Elaborar el extracto diario meteorológico que debe llevarse en los buques mercantes, conforme lo acordado en la Conferencia de Bruselas. Finalmente se destaca que la contribución de la armada de Chile a las ciencias de la tierra fue muy variada: planos topográficos, planos geológicos, planos de ferrocarriles, estudios meteorológicos, astronómicos y sismológicos entre otros.

En los siguientes apartados, se destacan los interesantes aportes de los Polígrafos más representativos del periodo republicano del siglo 19, para enriquecer la historiografía de la ciencia y la popularización y difusión del conocimiento científico. El autor Patricio Leyton, destaca primero a  Andrés Bello, de origen venezolano, a quién lo describe como el padre cultural de Chile, debido a sus aportes al país en educación, derecho, periodismo, filosofía, literatura, lingüística, historia y ciencia. Además, fue un referente en el desarrollo intelectual chileno y formador de la elite chilena, en que según su pensamiento la geografía, historia, literatura y filosofía  eran necesarias para formación integral de personas. Bello publicó estudios originales y traducciones de las más diversas temáticas en Venezuela, Inglaterra y Chile, a través de su rol en la prensa y como rector de la Universidad de Chile, institución que proyectó para que fuera el centro de la comunicación con la comunidad científica internacional y además como centro de difusión del conocimiento hacia las otras clases de la sociedad. Se describe que el naturalista alemán Alexander von Humboldt fue quién lo acercó a los estudios de las ciencias de la tierra, a partir de las investigaciones geográficas, geológicas y meteorológicas desarrolladas durante su estancia en América. Andrés Bello, también fue un gran informador del terremoto de 1835, hecho en que también fue testigo Charles Darwin estando en Valdivia. Finalmente, se describe que la Cosmografía es la principal y única obra científica de Bello, lo que representa la culminación de sus trabajos de divulgación astronómica que inició su desarrollo en Venezuela y continuó en Inglaterra y Chile.

Continuando con los Polígrafos, el mismo autor Zenobio Saldivia destaca al chileno José Victorino Lastarria y su contribución a las ciencias de la tierra. Estudió con Andrés Bello y en la Academia de Leyes para abogado, fue fundador de la sociedad de Literatura de Santiago, importante hito para los intelectuales pues motivó la reflexión acerca de la búsqueda y empoderamiento de un perfil propio para la literatura chilena, según lo expresado por el autor. Los intereses intelectuales de Lastarria se identifican con su amor por el saber y por difundir nociones humanistas y conocimientos científicos en aras de su ideal de orientación liberal y progresista. Su discurso es más bien idealista y utópico, en tanto pretende difundir sus ideas liberales, la búsqueda de una identidad nacional y/o americana y hacer conciencia de la necesidad del desarrollo del país. Además, entre otros aspectos, hizo importantes contribuciones a las ciencias de la tierra a través de una sus muchas publicaciones, titulada Lecciones de Jeografía Moderna, partiendo por cosmografía, geografía universal, geografía física y geografía histórica de diversos países incluido Chile, determinando límites y extensión territorial. Más tarde se identificó como positivista, siendo consecuente con normas que buscan el rigor metodológico y, que exigen a las obras científicas que estén los hechos debidamente demostrados y/o conocidos. Siendo nuevos focos de su interés el énfasis en el progreso, la regeneración social, la preocupación por la ciencia, la sugerencia de cambios curriculares centrado en el estudio del método científico y en la búsqueda del rigor lógico, además de su interés por los recursos hídricos y por desarrollo minero e industrial del país.

En el siguiente apartado, Francisco Díaz y Zenobio Saldivia destacan a Benjamín Vicuña Mackenna y sus estudios históricos sobre las ciencias de la tierra, partiendo por describir a su persona y al político, dada su formación y lecturas es definido por los autores, como una persona de carácter rebelde e imaginativo y de sensibilidad romántica por los ideales con la naturaleza. En el texto se vislumbra también que en su juventud estuvo focalizado en observar las experiencias sociopolíticas del mundo occidental. Además, por ser opositor al gobierno de Manuel Montt estuvo encarcelado y en el exilio en Liverpool. Posteriormente, fue considerado como el mejor historiador del Chile republicano y tuvo acceso a los archivos de O’Higgins, con el fin de estructurar la primera historia política de Chile. Fue diputado y agente confidencial en la guerra con España. En el parlamento obtuvo reconocimientos en diversas temáticas: educación, relaciones exteriores, agricultura y obras públicas y por cierto también tuvo detractores. Fue nombrado intendente de Santiago destacando por significativas obras para modernizar la ciudad, entre muchas de éstas:  el cerro Santa Lucía, arborización de la ciudad, apertura de calles, así como la propuesta de canalización del Mapocho entre Baquedano y Vivaceta, que fue realizada poco después a su muerte, cambiando la apariencia de una ciudad colonial a una moderna.  Posteriormente, retomó su labor parlamentaria, literaria e historiográfica, con varias publicaciones y como creador de distintas organizaciones. Fue propuesto como candidato a la presidencia de la república y tras recorrer el país desistió de su candidatura. Entre sus innumerables aportes se considera su historiografía de las ciencias de la tierra, dedicada  al fomento de la agricultura, basada en observaciones en Europa y considerando el conocimiento recopilado y los avances de la ciencia en química, minerología, meteorología, geología, botánica, zoología, medicina y veterinaria entre otras. Además, sintetizó una propuesta para el estudio agrícola de Chile basada en 4 principios básicos. Por otra parte, realizó estudios de climatología y topografía, donde se caracterizó por describir los climas de Chile en diferentes tiempos de la historia y recalcó que el estudio de la presión atmosférica es determinante para la agricultura. Además, se describe que realizó importantes estudios respecto a los métodos de adquisición y productividad de los metales preciosos, enfocándose especialmente en el oro.

Finalmente, el autor Patricio Leyton nos describe al notable Diego Barros Arana y sus trabajos geográficos: el rol de la ciencia en un historiador. Lo cual, para quién habla es de gran orgullo referirse a este polígrafo, pues el emblemático colegio en que realicé la enseñanza media lleva su nombre, el INBA, creado en mayo de 1902 precisamente y, que el sábado recién pasado asistí al aniversario 117, junto a varios de mis queridos compañeros de curso.  Ahora bien, en el texto se establece que sus aportes  fueron muy significativos, especialmente durante su rectorado del Instituto Nacional entre 1863 y 1872, periodo en el que dio especial énfasis a la geografía física y cosmografía. Además, sus aportes también fueron en política, educación, periodismo, historia y literatura. Así pues, también se destaca que, como positivista, compartió elementos como el ideario por el progreso, la educación laica, la promoción de la ciencia y el fomento  a la industria, para que el país alcance mayor nivel de desarrollo social. También, llegó a ser  rector de la Universidad de Chile, donde pudo realizar reformas y promoción de asignaturas científicas, como un modo de combatir la tradición religiosa en la educación pública que imperaba hasta su época. Sus publicaciones fueron muy conocidas, destacando entre éstas, “Elementos de Geografía Física” e “Historia General de Chile”, en 16 tomos. No puedo terminar este apartado sin repetir sus palabras del discurso del aniversario de la U. de Chile del 17 de septiembre de 1893: “La ciencia, señores, prepara todos los maravillosos inventos de la industria, que desarrollan la riqueza pública y aumentan nuestro bienestar. Destruyendo errores de todo orden, habituándonos al trabajo de observación, y enseñándonos a guiarnos por ésta, desarrolla y fortifica nuestra razón, da firmeza y corrección a nuestros juicios, eleva nuestro carácter y enaltece nuestros sentimientos, haciéndonos superiores a las miserias y contrariedades de la vida”. 

¡En nombre de la Facultad que represento y en el mío propio, las más sinceras y emocionadas felicitaciones a los autores! 

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