ENSAYOS

 Zenobio Saldivia M.

U. Tecnológica Metropolitana, Stgo., Chile 

 

Aspectos Biográficos 

Sócrates nació en Atenas, probablemente en el año 469 a.n.e. Hijo de Sofronisto y de Fenareta; su padre era un artesano-escultor y su madre una partera. No se sabe mucho sobre sus actividades en la época de su juventud, pero es probable que haya conocido los planteamientos filosóficos de la escuela eleática y pitagórica. Se destacó como un buen soldado de las filas hoplitas cuando debió combatir por su ciudad; por ejemplo en las batallas de Potidea, Antífolis y Delión. Tuvo muchos discípulos e influyó poderosamente en la juventud ateniense. Entre los jóvenes que compartieron las enseñanzas del maestro recordemos a Antístenes de Atenas, Platón, Jenofonte y Euclídes de Megara.

Ante los ojos de los atenienses Sócrates les pareció al comienzo un sofista, pero luego fue catalogado como un auténtico amante de la verdad. Su enseñanza filosófica la difundió oralmente en el ágora, dialogando con sus discípulos, con algunos sofistas, y en general, con los ciudadanos atenienses de relevancia pública en esa época.

Sócrates sostiene  que la virtud -entendida como la mejor disposición del hombre para alcanzar el conocimiento- es una ciencia, y cómo tal, se puede enseñar, educando así a los ciudadanos para que sean virtuosos y conozcan el bien. Lo anterior permitiría por una parte, que los hombres de la polis llegarán a ser más armoniosos consigo mismo y con los demás. Por otra, da por sentado que la virtud es una forma de conocimiento; esto es, que los principios éticos son portadores de un acopio valórico y de una sabiduría que resulta de un discernimiento similar al que se requiere para comprender las verdades matemáticas. Esta tesis se conoce con el nombre de “paralelismo ético-cognoscitivo” y la continúa Platón. [1] Restableció el sentido de la verdad en el mundo griego en un momento de confusión en los círculos intelectuales, debido a la nefasta influencia y expansión del relativismo de los sofistas. 

Sócrates fue también epístata[2] o Presidente de la Asamblea del Pueblo en el año 406 a.n.e.; año en el que le tocó participar en un juicio contra ocho famosos generales para los cuales el pueblo enardecido pedía la muerte. Sócrates fue el único que se opuso y por ello recibió diversas amenazas. Murió en su querida Atenas en el año 399 a.n.e. tras haber sido condenado a beber la cicuta; luego de un juicio en el que de los 501 miembros del jurado, 361 lo encontraron culpable de impiedad y de pretender suplantar a los dioses tradicionales. 

Identificación entre filosofía y vida

Entre los aspectos más relevantes que conforman el trabajo filosófico de Sócrates; es imperativo mencionar su estilo sobrio de vida, su método conocido como la mayéutica, la labor que realizó para dar una nueva y más amplia significación al concepto de filosofía, incorporando la preocupación antropológica y social, y en especial, la misión de fomentar la crítica y la preocupación valórica entre los jóvenes. Al ejecutar estas tareas a través de la discusión respetuosa, sentía que estaba cumpliendo un mandato divino. En lo referente a su forma de vida, tengamos presente que este filósofo ateniense guió su quehacer hacia la obtención del ideal aristocrático de la virtud, como bien último del hombre, fruto del esfuerzo intelectual y de una gran constancia para el logro de conductas positivas. Dichas conductas del hombre virtuoso, o del ciudadano que está en posesión de la virtud, se reflejan en la convivencia social. Ellas denotan un compromiso con valores como la dignidad, la autenticidad, la sobriedad, la mesura y el desinterés por las ambiciones materiales. Sócrates tenía fuertemente incorporado en su personalidad, tales valores, los que fueron captados rápidamente por sus discípulos. 

Platón lo recuerda en sus diálogos con las virtudes ya mencionadas y lo hace aparecer como el principal personaje de sus obras. Así, haciendo hablar a su maestro sobre sí mismo, expresa: “Y por esta ocupación  no  he tenido tiempo para dedicarlo libremente a los intereses de la ciudad en nada digno de mención, ni a mis intereses particulares; vivo al contrario, en extrema pobreza por servicio del dios...”. (3) Idéntica observación expresa Jenofonte: “Por lo demás no era afectado ni pretencioso en vestido, calzado, ni modo de vida, ni hizo jamás avaros a sus habituales amigos, porque, además de librarlos de todas las demás apetencias, nunca hizo para sí dinero a costa de los que deseaban su compañía”.(4)

Sócrates sentía en su fuero interno, una voz de inspiración divina que le orientaba y aconsejaba en su vida para no apartarse del camino conducente de la virtud, él lo denominaba deimon (demonio). La función de este espíritu era principalmente disuadir o prohibir ciertas acciones que pudieran alejar a Sócrates y a sus amigos de la bondad  moral. Discípulos cercanos al maestro, tales como Platón y Jenofonte por ejemplo, comprendieron  muy bien la importancia que tenía la voz divina para guiar la conducta moral de Sócrates. He aquí otra reminiscencia que aporta Jenofonte acerca de su preceptor:

“Empero Sócrates decía las cosas tal y como las conocía: que era lo demoníaco quien le hacia indicaciones. Y así aconsejaba a muchos de sus habituales a hacer ciertas cosas, y a no hacer otras, según como se lo indicase lo demoníaco”. (5) 

Sócrates se esforzó por mostrar a los ciudadanos atenienses la importancia de un conocimiento profundo de sí mismo, que incluyera el autocontrol y la ponderación juiciosa de los méritos y defectos personales como punto de partida para alcanzar la virtud. Esta última la consideraba como la única fuente que aleja el error y la ignorancia a los hombres, o como una instancia intelectual y afectiva que posibilita la obtención de la felicidad. Ser filósofo para Sócrates, significa una total identificación entre filosofía y vida, una plena comprensión de la autoconciencia. Para el mundo helénico en general, el pragma socrático, se traduce en un modelo de hombre nuevo y en el aparecimiento de un ideal de ciudadano más comprometido con la vida pública y con los temas axiológicos que le preocupan.  

En este esquema, el hombre de la polis, el ciudadano responsable, debe participar de la virtud e intentar alcanzar la felicidad a través de la buena disposición para obrar con los demás. Ello exige una conducta ejemplar: digna, noble, sobria y desinteresada. Tal comportamiento está centrado exclusivamente en la aspiración de lograr una total armonía interna, obedeciendo a los dictados del dios o de la conciencia. Lo anterior, corresponde a una ética de lo social en armonía con la búsqueda del bien que le ordena su fuero interno y que se comprende mejor cuando se estudia el rechazo de Sócrates frente al relativismo que propiciaban los sofistas en relación a las cuestiones axiológicas.

El oficio de Sócrates

El oficio de Sócrates se comprende muy bien a partir de la consulta al oráculo de Délfos.(6) Querefón, amigo de Sócrates, decide consultar al oráculo de Délfos, acerca de quien es el más sabio de los atenienses. La respuesta de la pitonisa señala a Sócrates como el más sabio. Ante esto, Sócrates decide cuestionar la afirmación del oráculo y se dedica con sus mejores bríos a dialogar en el ágora y a formular preguntas a sus conciudadanos, con el objeto de encontrar uno o más sujetos sabios que él. Así entiende su oficio de filósofo y así se entiende a sí mismo; esto es, como el enviado por el dios, o como el elegido por el deimon para cumplir la noble misión de refutar la sentencia del oráculo. Ello como parte de una tarea mayor, que lo impele a buscar la verdad. Así, su pragma, su principal afán, por tanto, es buscar la verdad. Y justamente en este proceso de búsqueda, hace tomar conciencia de sus creencias erróneas y de sus prejuicios en general, a los griegos con relevancia pública de su época. Ahora bien, Sócrates, al hacer girar toda su vida en torno a la búsqueda de la verdad, está practicando el ejercicio de la virtud y fomentando en los otros la necesidad de conquistarla. Por lo anterior, logra desarrollar una crítica colectiva mediante una estructura racional que tiene su base en el diálogo. La crítica es uno de los rasgos relevantes de la filosofía que trasciende el tiempo y la época histórica, puesto que en tanto se trata de un trabajo discursivo y proposicional, está en condiciones de aclarar los límites del lenguaje que está dotado de sentido, de aquel que no lo está. (7) Este esfuerzo que persigue delimitar el pensamiento para evitar la vaguedad y la confusión, ya lo encontramos en Sócrates y en Platón, continuará con Heidegger, Ortega o Wittgensttein, por ejemplo. De este modo Sócrates, fomentando la crítica respetuosa, abre nuevos espacios para los horizontes valóricos a los atenienses de su tiempo; les hace  ver las cosas y los asuntos públicos de otra manera: aporta la claridad del filósofo, para presenciar el ser por medio del encuentro con la verdad como fruto de la discusión social. Por eso no es extraño que Sócrates se identifique plenamente con su misión de despertar a los hombres  del sueño de creer saber, en que viven: El mismo lo destaca en estos términos: “Así pues, como tal me parece que el dios me ha colocado en la ciudad; que os despierto, os persuado y os reprocho, a cada uno y no ceso durante todo el día de posarme en todas partes”. (8)

Finalmente llega a la conclusión de que el oráculo no se había equivocado en determinar quien era el más sabio. Ello porque en la discusión respetuosa con los demás, se percata que éstos dicen saber y dominar bien algo que en realidad no saben; en cambio, él sostiene su ignorancia cuando no está en posesión de los conocimientos sobre un tema determinado: “sólo sé que nada sé”.  Esta es su sabiduría; el reconocimiento de su ignorancia como punto de partida para iniciar la búsqueda de la verdad. La fortaleza moral de Sócrates y su figura intelectual, ha trascendido hasta la actualidad; entre otras razones por las siguientes:

- Por ser consecuente consigo mismo.

- Por sentirse obedeciendo al dios en el cumplimiento de su misión. (El dios está  identificado con su propia conciencia)

- Por aceptar las consecuencias de su actuación filosófica.

- Por ampliar el universo de la filosofía. 

- Por acatar la muerte con valentía y serenidad. Esto como una forma de respaldar todo su quehacer filosófico.

- Por su actuación de hombre público respetuoso de la institucionalidad. 

La mayeútica socrática 

El método socrático -tan temido por los sofistas, los políticos, los oradores y los hombres públicos de la época- fue un elemento decisivo en el nuevo giro que Sócrates le imprime a la filosofía. Hasta antes de él, la filosofía era únicamente una reflexión cosmológica, manifestando una preocupación por la naturaleza y por el origen del cosmos. Con éste filósofo en cambio, se produce un vuelco en el pensar: la filosofía se interesa por el hombre, principalmente por sus valores éticos, estéticos, políticos y morales. El método socrático denominado mayéutica, se basaba principalmente en un diálogo orientado hacia la búsqueda de la verdad unido a una fina ironía. El diálogo hacía posible encauzar tanto las preguntas bien dirigidas de Sócrates, como las respuestas del interlocutor o de los  interlocutores, hacia la consecución de una  definición general o de un concepto universal. La ironía, por su parte, se hacía visible al dejar de manifiesto Sócrates la ignorancia de sus interlocutores en cuanto a los temas de carácter axiológico que usualmente no dominaban y que estos desde los inicios del diálogo, creían conocer debidamente. 

El estilo de trabajo intelectual de Sócrates, visible a través de la mayéutica, se caracteriza principalmente por dos notas relevantes: por un lado, sus diálogos en el ágora apuntan a determinar la esencia de las cosas, y por otra, los mismos manifiestan claramente un rechazo al relativismo ético de los sofistas. Lo primero, indica una tarea esencialmente filosófica que expresa intrínsecamente el propósito de conseguir definiciones universales. Estas se vinculaban preferentemente con las cuestiones éticas, morales o estéticas; v. gr. ¿qué es el bien?, ¿qué es el valor?, ¿qué es lo justo?...Y lo segundo, que es también una complementación del rol anterior, nos aclara que para Sócrates los valores no son relativos, que persiguen el bien individual asociado al bien colectivo y que el bien existe y que es posible de alcanzarlo. 

Desde el punto de vista de su desenvolvimiento práctico, la mayéutica consistía en aceptar momentáneamente una determinada tesis del interlocutor, para luego ser analizada en el transcurso del diálogo con ayuda de los procesos de inducción y deducción. Así, la verdad que sostenía el adversario o los adversarios en un primer momento, comenzaba a ceder paulatinamente debido al peso de sus contradicciones internas, hasta que los interlocutores de Sócrates vislumbraban un ámbito del saber elemental: el error, el creer saber. Con la derrota del adversario, Sócrates no pretendía confundirlo; sino más bien iluminarlo para conducir rectamente su intelecto hacia la verdad. El proceso anterior era realizado por el filósofo, con una fina ironía y una extraordinaria conducción en las preguntas; todo lo cual ponía de manifiesto el error del interlocutor. Así, cuanto mayor seguridad demostraba al comienzo el contrincante, por ejemplo al enunciar una definición o al plantear una tesis que estimara correcta; más deslumbrado consigo mismo quedaba al final del diálogo con Sócrates. Recuérdese que habitualmente, este filósofo, al inicio de un diálogo decía no saber plenamente el tema central de la conversación y en cambio, su adversario manifestaba un supuesto dominio de dicho tópico. 

Desde un punto de vista pedagógico es posible sintetizar la mayéutica en los siguientes pasos:

1. Aceptación de una verdad aparente.

2. Análisis de los argumentos que sustentan esa verdad aparente, mediante procesos inductivos y deductivos.

3. Presentación de las contradicciones que manifiesta el argumento en que se basaba la supuesta verdad.

4. Deslumbramiento y confusión del interlocutor.

5. Manifestación de la ignorancia del interlocutor. 

Para algunos historiadores de las ideas, e incluso para algunos historiadores de la filosofía, el método socrático es reducido simplemente a la ironía. Lo anterior, significaría entonces que el fino juego de preguntas y respuestas orientadas, perseguía únicamente demostrar la ignorancia del contrincante para dejarlo en ridículo ante los auditores. Dicha concepción de la mayéutica, parte probablemente del hecho de que Sócrates lograba dejar de manifiesto la ignorancia de su rival. Sin embargo, es apresurado y antojadizo sostener que quería ridiculizar a los demás; el fin último de su trabajo público, era sacar del error al contrario para dejarlo en posesión de un estado anímico más acorde con el conocimiento verdadero, para dirigir su intelecto hacia la verdad. Sócrates, al emplear la mayéutica, sentía que estaba prosiguiendo con su tarea místico-religiosa; esto es, que estaba cumpliendo su doble papel de filósofo y de enviado por el dios para despertar, persuadir y reprochar a los ciudadanos de Atenas. (9) 

En este contexto la tesis que identifica la mayéutica únicamente con la ironía sin más, no tiene cabida por la altura de miras y por la dignidad conque Sócrates asume su tarea de maestro y su rol de crítico y especialmente porque lo relevante es buscar la verdad y no quedarse en llamar la atención sobre el interlocutor. Así entonces cumple cabalmente su oficio: la crítica como camino hacia la verdad.



[1] Reichenbach, H.: La filosofía científica, F. C .E., México D. F., 1987, pp. 61-63.

[2]En este cargo se presidía tanto la Asamblea del Pueblo como el Senado.

3. Platón: Apología de Sócrates; 23, c. Véase también 19, e., donde Sócrates niega haber obtenido ganancias por dialogar con los jóvenes.

4. Jenofonte: Recuerdos de Sócrates, Unam,  México D. F., 1964,  p.15. 

5. Ibídem.; p.5.

6.  Platón : Apología de Sócrates; 21,a.

7. Cf. Heaton, J. y Groves, J.: Wittgenstein para principiantes, Editorial Era Naciente, Bs. Aires, 1999, pp. 40 y 42. 

8. Platón : Apología de Sócrates;  31 a. 

9. Ibídem.

 

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Zenobio Saldivia Maldonado. Profesor de filosofía (U. de Chile), Mg. en Filosofía de las Cs. (Usach) y Doctor en Pensamiento americano, con mención en Historia de las ciencias, (Usach), Santiago de Chile. Profesor Honorario de la U. Continental, Huancayo, Perú., Dr. Honoris Causa U. Ada Byron, Chincha, Ica, Perú. Profesor titular de la U. Tecnológica Metropolitana, (UTEM), Santiago. Diversos artículos suyos, sobre historia de las ciencias y epistemología, han aparecido en publicaciones de su país y de Argentina, Perú, Uruguay, Nicaragua, Panamá, El Salvador, México, Brasil, España, Costa Rica y EUA. Ha participado en eventos nacionales e internacionales.

A la fecha tiene 20 libros publicados; entre los últimos  se destacan: El Mercurio de Valparaíso. Su rol de difusión de la Ciencia y la Tecnología en el Chile Decimonónico, (Bravo y Allende Editores, Stgo., 2010). Ensayos de Epistemología , (Compilador) (Bravo y Allende Editores, Stgo., 2012). Ensayos de Filosofía, (Bravo y Allende Editores, e Ilustre Municipalidad de Sta. María, Stgo., 2012), Adiós a la Época Contemporánea, Bravo y Allende editores, Stgo., Chile y U. Continental de Cs,. e Ingeniería, Perú, 2014).

Actualmente se desempeña como profesor de Epistemología e Historia de las Cs., en la U. Tecnológica Metropolitana, Stgo., Chile y como Director del Depto. de Hdes. de la misma institución y Director de la Rev. Electrónica Thélos del Depto. de Hdes. de la U. Tecnológica Metropolitana.

Dirección: U. Tecnológica Metropolitana, Depto. de Hdes., Calle Dieciocho N°161, Stgo., Chile.

Fono: 56-2-26994131.

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