ENSAYOS

Zenobio Saldivia M.

Joseline Carvacho V.

U. Tecnológica Metropolitana, Stgo., Chile. 

El académico y literato chileno Roque Esteban Scarpa (1914 -1995), en el prólogo titulado “Andrés Bello y la precariedad de la Fama”, del libro Antología de Andrés Bello que él mismo ha compilado, señala: “…Andrés Bello existe como una sólida roca en el substrato de la cultura y de la organización institucional de Chile. Asiste al paso de la historia viva desde la estatua de mármol que, irónicamente, da las espaldas a la Universidad de la que fuera primer Rector y, como si siguiera existiendo, ha debido sufrir los ultrajes de piedras y balas de asonadas callejeras de otros años y sentir como su noble cabeza padece una fisura que el tiempo y las diferencias climatéricas van ahondando hasta que la quiebren en medio de una casi total indiferencia.”[1]  Es así como comienza dicha obra y con ello, persigue dejar de manifiesto la incólume presencia del sabio venezolano radicado en Chile desde 1829, cuando asume compromisos contractuales con el Gobierno de Chile del período. Con ello,  Scarpa esboza la magnitud de la obra de una vida dedicada tanto a incorporar a Chile a la modernidad, cuanto a la obtención del progreso y  civilidad de las naciones  americanas; haciendo un trabajo más autónomo, para que éstas de a poco fuesen tomando más fuerza y puedan llamarse así mismas, naciones independientes. La obra de Bello continúa generando nuevos análisis, principalmente entre los latinoamericanistas, los estudiosos de la cultura, e incluso entre los recientes cultores de la Historia de la Ciencia en Chile. Y dado la cercanía del Bicentenario de la Independencia de Chile, muchos trabajos referentes a su obra saldrán a la luz, dado el relevante papel que le cupo en la consolidación jurídica, administrativa y normativa de la República de Chile.

El Hombre, su formación y su educación

Andrés de Jesús María y José Bello López nace en Caracas, Venezuela, el 29 de noviembre de 1781. Cerca de su casa de infancia, se encontraba el Convento de La Merced, el cual tenía una gran biblioteca y que él visitaba. En ésta y gracias al sacerdote Cristóbal Quesada, aprende latín, la lengua que posteriormente lo motiva para sus estudios de gramática y filología. En 1797 ingresa a la Real Pontificia Universidad de Caracas, obteniendo en el año 1800, a sus 19 años, el título de Bachiller en Artes con notas sobresalientes. Con dicho título, comienza a hacer clases a los hijos de la elite de Caracas, destacándose entre sus alumnos, Simón Bolívar, quien más adelante se convertiría en uno de sus compañeros pro revolución independentista. El gran interés del joven Bello por todo lo que tiene que ver con el conocimiento, lo motiva también a contactarse en Caracas, a fines del año 1799, con el sabio Humboldt y su colaborador Aimé Bonpland; e incluso se motiva para participar en la expedición que realiza el sabio alemán en la ascensión al Cerro Ávila. Más tarde Bello comienza estudios de Derecho, pero su vocación holística lo hace incursionar incesantemente en otras áreas y sus sólidos conocimientos, como por ejemplo medicina, que al parecer estudió un año,[2] lo perfilan ya en la primera década del Siglo XIX, como una de las personas con más influencia intelectual, en la Sociedad de Caracas; tanto por sus labores políticas cuanto por su calidad de poeta. Entre sus producciones poéticas aparecidas en el año 1800,  destacan la “Oda a la Vacuna” y “Oda al Anauco”, por ejemplo. Dos años después, es nombrado oficial segundo de la Gobernación de Venezuela; luego, en 1810, al instaurarse la Junta de Gobierno, lo encuentra como Oficial Mayor y las nuevas autoridades lo confirman  en dicho cargo. Este mismo año, cumpliendo labores diplomáticas para el gobierno de Venezuela, viaja a Inglaterra, como miembro de una Delegación Diplomática, encabezada por Simón Bolívar. El amor no podía faltar en su juventud y por ello se fija en María Ana Boyland, con quien se casa en 1814 y de la que enviuda siete años más tarde. En 1824 contrae segundas nupcias con la veinteañera  Elizabeth Antonia Dunn.

El 25 de Junio de 1829, llega a Chile y asume labores administrativas y diplomáticas, gracias a la gentileza del Presidente Francisco Antonio Pinto, quien firma el decreto que lo nombra Oficial Mayor del Ministerio de Hacienda.[3] Y muy pronto, también se hace cargo de diversas labores periodísticas, comunicacionales y educacionales en esta joven república. En 1837 es elegido senador de la república. En 1843 cuando se instaura la Universidad de Chile, Bello es nombrado Rector, tras una larga serie de aportes y colaboraciones que él mismo realiza para la materialización de dicho proyecto. Más adelante, se dedica a elaborar el proyecto del Código Civil Chileno, el cuál es aprobado finalmente en 1855. La muerte lo sorprende el 15 de Octubre de 1865. 

Su legado universal

Bello es uno de los humanistas más importantes que ha aportado Sudamérica a la cultura universal, a lo largo del siglo XIX. Erudito en Derecho, Filosofía y Humanidades en general. Humanista, poeta, legislador, filósofo, educador, crítico, académico, periodista, divulgador científico, traductor, ensayista, filólogo; en suma, un preclaro polígrafo, cuya praxis académica y social, logra generar trabajos científicos, jurídicos y administrativos y normativos, que constituyen la base más sólida de la civilización hispanoamericana. Es considerado el “Príncipe de la Literatura Hispanoamericana” gracias a su poesía en las silvas “Alocución a la Poesía” y “La Agricultura de de la Zona Tórrida”. También es el padre del Código Civil chileno, y como dice Guillermo Feliú Cruz “de la creación de la administración pública” en Chile. A él le debemos la base de la gramática hispanoamericana; toda vez que para él, el lenguaje es considerado el medio providencial de relación entre las naciones del mundo hispánico. Y por ello escribe en 1847 su Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos. Es el impulsor y primer Rector de la Universidad de Chile; un humanista integral que persigue asentar las bases de la civilización y cultura, requeridas por las sociedades hispanoamericanas, como un medio para consolidar definitivamente la independencia de los pueblos recién emancipados; cautelando siempre un profundo contenido político y educativo en sus reformas.

Es un activo participante de la revolución americana que contribuye a la Independencia de Venezuela. Justamente, en uno de los primeros cometidos de esta joven República, encontramos a Bello, quién se dirige a Inglaterra en misión diplomática como secretario de la delegación. Los avatares políticos de Venezuela y América en general, lo dejan viviendo en Inglaterra cerca de veinte años; años duros y sufridos, lejos de su tierra, en medio de la pobreza, la inestabilidad laboral y económica; pero por otra parte, este locus  pasa a ser el meritorio refugio para agudizar más su inteligencia y para fortalecer su creatividad literaria, cultural y política. Finalmente, las penurias quedan atrás en 1828, cuando recibe la carta oficial del Gobierno de Chile, en la cual se le comunica la aceptación de sus servicios para un puesto en el Ministerio de Hacienda y se detallan las características de su contrato.[4] Así, al año siguiente, como ya se ha señalado, llega a Chile, a una República que se encuentra en construcción jurídica y administrativa, y que por lo tanto, necesita ordenarse como estado-nación. 

En lo que sigue, se intenta dilucidar la pregunta ya formulada en el epígrafe de esta comunicación, que de por sí, ya manifiesta un problema, no debidamente abordado: ¿Qué es lo americano y qué es lo europeo de la obra de Bello?

Frente al cuerpo de conocimiento del tema y considerando el estado de la cuestión, proponemos como hipótesis, que lo europeo en la obra de Bello es la estructura de su pensamiento y lo americano es lo que busca en la práctica para la cultura de Chile y América; esto es, que el ideal de Bello para los pueblos de América se encuentra en los cánones abstractos y conceptuales  de la civilización europea; empero estos pueblos sólo pueden llevar a cabo el ideario de la civilización y de la entrada a la modernidad, en la praxis política y cultural de la misma América. Algo así como lo más ilustrado de Europa para América, pero ahora, gracias a la obra de Bello, por América y para América. Europa lo nutrió del ideario de la ilustración y de las nociones de modernidad, que el polígrafo decide  ir aplicando con las adecuaciones y vicisitudes del medio chileno y americano. 

Lo europeo

Tal vez lo primero que hay que tener presente como sustrato de su pensamiento pro-europeo, es su formación ilustrada, que parte con los conocimientos recibidos del sacerdote Cristóbal Quesada y la profundización en el latín. Y luego de estudiar autodidácticamente el idioma  inglés, ya puede leer los periódicos ingleses que es posible encontrar en Caracas, y de este modo, apreciar la visión europea del mundo y de América; lo que le permite a su vez, comprender los avatares socio-políticos y culturales del Viejo Mundo y las consecuencias de aquellos fenómenos emergentes para  la Venezuela de su tiempo, y para la América Meridional en general. Esto es, indudablemente un buen  punto de partida para entender la estructuración de la mentalidad europea que Bello internaliza. En 1810, en medio de los aires de revolución que se generan en búsqueda de la independencia de Venezuela, Simón Bolívar viaja como representante de la naciente República a lejana Inglaterra, con el fin de buscar apoyo británico para la causa independentista, y entre los miembros de la delegación va también Andrés Bello. Lamentablemente en Europa, en ese momento, España e Inglaterra estaban preocupados por el enemigo común en que se había convertido Napoleón Bonaparte; por lo tanto, los intereses británicos con la independencia de las colonias españolas de América, estratégicamente, no podían ir más allá que tolerar la campaña independentista en su territorio, de quienes venían con esta misión.  En efecto, justamente en 1811 se produce la reconquista española de Venezuela y al año siguiente las tropas realistas a cargo del oficial Domingo Monteverde, prácticamente ya han retomado el control de todo el país[5] y Bello se queda en Inglaterra. Son los años del contacto y amistad con hombres preclaros, idealistas  y estudiosos que influyen en su formación intelectual y cuyas ideas, sumadas a las visiones de mundo que capta en sus estudios de otros autores europeos en Londres, son decantadas debidamente en la psiquis de Bello y contribuyen a consolidar su paradigma de lo europeo. Tales nociones, las aplicará y proyectará más tarde en Chile, pensando en la consolidación de la independencia de  los países de América y en la gestación de un vasto proyecto normativo y cultural. Este entramado de ideas modernas será la base de sus acciones en Chile y un pivote relevante de todo su constructo que hemos denominado lo europeo en Bello. Así, en cuanto a lo primero; esto es, en relación a sus contactos en Londres, figuran su compatriota y amigo masón, Francisco de Miranda. Bello es acogido por un tiempo en casa de Miranda en donde es iniciado en la masonería y se dedica a estudiar en la biblioteca de su amigo. Muy pronto sus amigos de la hermandad cumpliendo seguramente sus ideales de fraternidad, comienzan a considerarlo y lo auxilian con asignaciones para trabajar como bibliotecario y/o profesor particular. Recuérdese además, que Simón Bolívar también es  francmasón y que Bello interactúo mucho  con él, desde cuando era su alumno en Caracas. Por lo tanto, es muy probable que a partir de estos contactos masónicos haya tomado muchas ideas para aplicar su futuro proyecto cultural americano.  Durante estos años, también  conoce a Williams Richard Hamilton, Subsecretario del Ministerio de Relaciones Exteriores del gobierno inglés, y por ello, debe haber captado muchos de los mecanismos de la diplomacia londinense. Además participa en el periódico El Español y conoce a muchas personas imbuidas de nobles sentimientos de patriotismo y de un americanismo sin más. Y entre las tantas personas con las que se relaciona, conoce en 1816, al agregado comercial de Chile en Londres, en esos momentos, Don Francisco Antonio Pinto,[6] quien le comenta que los patriotas chilenos se han inspirado en el poema épico de “La Araucana”, de Alonso de Ercilla, para su causa. Ello es el inicio de una serie de contactos con chilenos, lo cual influirá para su posterior asentamiento en este país. 

 Pero en Inglaterra, las cosas para él no son buenas y debe vivir en paupérrimas condiciones económicas, debido a la inestabilidad laboral en que se encuentra. Aún así, en este penoso contexto, conoce a mucha gente importante que influye notoriamente en su desarrollo, entre ellos, su gran amigo José María Blanco White. Sus amigos en Londres, le ayudan a tener  acceso expedito a Bibliotecas y Archivos importantes, entre estas la del British Museum y la London Library, poseedoras de un abundante material bibliográfico de literaturas diversas, provenientes de las culturas más admiradas por Bello. Estas bibliotecas y el estudio sistemático sumado a su perseverancia para el trabajo intelectual, le sirven de consuelo en sus años de distanciamiento de América, así como también el amor y añoranza por su tierra. Todo lo cual contribuye a articular un pensamiento de sólidas categorías europeas, caracterizado por una visión holística centrada en el estudio de lo humanista y de lo científico, desde una perspectiva europea lo más abierta posible de acuerdo a la amplitud de sus lecturas. Así, estando lejos de América y en contacto con los modus operandis europeos para la política y diplomacia, con la parsimonia de la masonería inglesa y sus preocupaciones del período y con las miradas europeas de los cientos de libros que lee, puede abstraerse mejor y reconocer los conceptos precisos, que contribuyan a los pueblos recién emancipados de la  Corona Española, hacia el orden que buscan. Él los identifica y espera ponerlos en acción. Es un quiste de lo americano incoado en lo europeo. 

Tal vez, otra nota característica de lo que hemos venido llamando la base europea del pensamiento de Bello, es su visión y comprensión de la ciencia. En efecto, durante sus años en Inglaterra, busca el conocimiento humanista y el conocimiento científico, pero no por separado, sino como un todo que se complementa. Y tiene muy claro el aspecto pragmático y utilitarista de la ciencia, pues está viendo día a día los avances y aplicaciones de la misma en Inglaterra y en Europa toda. Por ello no es extraño que más tarde, en su discurso de instalación de la Universidad de Chile, aluda a las artes, la ciencia y letras, enfatizando en la fuerza moral que de ellas se puede obtener, y lo expresa en estos términos: “… Pero las letras y las ciencias, al mismo tiempo que dan un ejercicio delicioso al entendimiento y a la imaginación, elevan el carácter moral. Ellas debilitan el poderío de las seducciones sensuales; ellas desarman de la mayor parte de sus terrores a las vicisitudes de la fortuna. Ellas son (después de la humilde y contenta resignación religiosa) el mejor preparativo para la hora de la desgracia…”.[7] Lo anterior, deja de manifiesto el correlato entre el desarrollo científico y una regeneración moral, por la vía de la educación y que siempre postuló Bello. Y justamente por la importancia que le asigna a la ciencia como un puente para arribar a la modernidad, siempre está leyendo o escribiendo tópicos relacionados con esta forma de conocimiento; recuérdese por ejemplo las traducciones de discursos o viajes leídos en Sociedades científicas europeas, que traducía en Chile y las difundía en El Araucano y en otros medios.  Justamente su participación en el órgano oficial del gobierno de Chile: el periódico El Araucano, entre 1840 y 1853,[8] indica este tipo de interés científico,  abordando temas relacionados con la Geografía, Medicina, Historia Natural, Cosmografía, Ciencias aplicadas y otras. Paralelo a ello, principia a trabajar en sus obras sobre gramática y derecho y se introduce en la política como senador. 

Así las cosas, rápidamente se convierte en un ciudadano más de nuestro país, compartiendo las contingencias de la época y participando en los debates de los intelectuales liberales chilenos del siglo XIX. Durante treinta años, Bello entrega  a su segunda patria, toda  su inteligencia, sus creaciones y aportes en literatura, gramática, educación, ciencias políticas, poesía, economía, historia y retórica, entre otros.  Sus aportes se van dando en diferentes planos tales como la educación superior, la política, las leyes, el Código Civil, y la sistemática labor periodística y de difusión. Esto último es muy relevante, pues va fortaleciendo el discurso escrito y por su intermedio la aceptación de las normas vigentes del estado de derecho y contribuyendo por esta vía, a la construcción de la República y del Estado-nación.[9]    Este énfasis por la prosa oficial, por el discurso escrito, es otro rasgo de lo europeo que complementa los anteriores, pero que está también, por así decirlo, imbricado con lo americano. 

Ahora, se entiende que lo europeo y lo americano, en el pensamiento de Bello, no está separado como en dos universos o dos hemisferios independientes, es sólo una elucidación pedagógica y analítica para entender mejor su obra. Y no cabe duda además, de que el lector comprende claramente, que cada categoría no tiene un orden cronológico especial, pues tales parámetros se complementan, se superponen y se requieren dialécticamente. Lo europeo le sirve para gatillar y ordenar en parte, la praxis cultural y normativa americana, pero lo americano está en su vivencia, en su nacimiento y también durante su estadía en Londres. Lo americano es lo emergente y lo que hay que ordenar. La disyuntiva que hemos venido mencionando, es solamente una propuesta para comprender el vasto alcance de la tarea cultural, ejecutiva y bibliográfica de Bello. En efecto, en cuanto a esto último por ejemplo, sus obras son muy numerosas, y escapan a una inserción dentro de la dicotomía que se ha mencionado, pues se entrecruzan en sus propósitos; empero, podemos considerar al menos la siguiente secuencia de su producción bibliográfica, para efectos pedagógicos: 

Cuadro Resumen de sus Obras en Orden Cronológico[10] 

O b r a

Año de Publicación

L u g a r

Poema “A la vacuna”

1800

Caracas, Venezuela

Oda “Al Anauco”

1800

Égloga “Tirsis habitador del Tajo Umbrío”

1808

Romance “A un samán”

1808

Oda “A la nave”

1808

Soneto “A la victoria de Bailén”

1809

Soneto “A un artista”

Indefinido

Soneto “Mis deseos”

“Arte de escribir con propiedad, compuesto por el Abate Condillac, traducido del francés y arreglado a la lengua castellana”

“Venezuela consolada y España restaurada”

Prosa “Resumen de la historia de Venezuela”

1809

“Calendario manual y guía universal de forasteros en Venezuela para el año de 1810, con superior permiso”

1810

Silva “Alocución a la Poesía”

1823

Londres, Inglaterra

“El Himno a Colombia”

1825

Silva “La agricultura de la Zona Tórrida”

1826

Poema “Carta de Londres a París por un americano a otro”

“Canción a la disolución de Colombia”

1829

Obra Jurídica “Principios de derecho de jentes”

1832

Santiago, Chile

“Principios de la ortología y métrica de la lengua castellana”

1835

“Gramática de la lengua latina”

1838

“Teresa; drama en prosa y en cinco actos, por Alejandro Dumas, traducido al castellano y arreglado por don Andrés Bello”

1839

“Análisis ideológica de los tiempos de la conjugación castellana”

1841

Valparaíso, Chile

Canto elegíaco “El incendio de la Compañía”

Santiago, Chile

Discurso de inauguración de D. Andrés Bello, rector, Santiago de Chile

1842

“Análisis Ideológico de los Tiempos de la Conjugación Castellana”

Obra Jurídica “Principios de Derecho Internacional”

1844

Valparaíso, Chile

“Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos”

1847

Santiago, Chile

“Cosmografía o descripción del universo conforme a los últimos descubrimientos”

1848

“Compendio de la historia de la literatura”

1850

“Opúsculos literarios y críticos, publicados en diversos periódicos desde el año 1834 hasta 1849”

“Proyecto de Código Civil (4 volúmenes)”

1853

“Código Civil de la República de Chile”

1856

“Filosofía del entendimiento”

1881

 

Lo Americano 

Como se ha mencionado en esta comunicación, Andrés Bello tiene una activa participación en el proceso de consolidación de la existencia política y cultural de los nuevos estados; toda vez que es un testigo fiel del último período de la dependencia de su país, del  proceso revolucionario de las colonias y de lo que eso significaba en Europa. A Chile, llega en el momento en que esta nueva historia independiente se esta comenzando a escribir; es la etapa de la praxis que lo espera, la fase de la acción normativa y jurídica para la consolidación del Estado-nación. Empero, su faceta americana, se manifiesta ya en Venezuela y se va articulando también durante sus años de estudios en Londres. En efecto, durante los años en Londres, Bello realiza buena parte de su trabajo como escritor y poeta, participa en lo que sería conocido como las manifestaciones más grandes en Europa del Pensamiento Americano de la época, dirige y redactando en gran medida El Censor Americano (1820), La Biblioteca Americana (1823), y publica también este mismo año su “Alocución a la Poesía”. Y tres años más tarde asume como director de El Repertorio Americano (1826). Y este mismo año publica además, uno de sus poemas más conocidos, la “Agricultura en la Zona Tórrida”, donde manifiesta su gran interés por las ciencias naturales y su admiración por la naturaleza misma, además de su eterno amor por su América. Y que fuerte es la dialéctica del pensamiento, pues al mismo tiempo de sus lecturas europeas, es el período en que Bello se termina de empapar de un profundo americanismo y en su mente configura y construye las categorías y el pensamiento con el que claramente retorna a nuestro continente; esto es, que trae consigo lo que hoy se llamaría un plan de contingencia, una lista de estrategias para llevar a cabo un gran proyecto, un megaproyecto cultural y educacional. 

Así, llegado a Chile principia a consolidar lo americano con los esquemas de lo europeo: el asentamiento del trabajo escrito, el  desplazamiento de la oralidad, el encauzamiento del país hacia el ámbito normativo, hacia la legalidad y la uniformidad. El anhelo del orden, la búsqueda de un órgano oficial. Con ello logra que la tradición oral, como uno de los rasgos distintivos de lo americano,  quede atrás, quede fuera de la esfera pública relevante, y que sólo lo escrito y lo documentario sea la base del nuevo Estado, tal como ya se ha mencionado.  Hablamos de un hombre que transmite en sus obras, lo esencial de la cultura europea para contribuir a asentar la modernidad en Chile y  América. En esta dirección se enmarcan sus traducciones del latín, del francés, del inglés, o las adaptaciones de los poemas clásicos. Pero no solamente hablamos de un trabajo constante en pos de comunicar la riqueza de la cultura europea a nuestro continente, sino que también existe una búsqueda por crear obras propias, poesía original salida desde su visión y experiencia como caraqueño, venezolano, americano.

Otra nota relevante de lo americano, que ya casi todos los estudiosos de la obra de Bello han destacado, es su faceta de exponente del romanticismo literario y sociocultural; así recuérdese por ejemplo las obras poéticas ya mencionadas, y más tarde su participación en el Movimiento Literario de 1842, junto a José Victorino Lastarria, y liderado por este último. Movimiento que enfatizaba  la creación de  un estilo literario orientado a fomentar en la juventud chilena del amor por la naturaleza vernácula y la gesta epopéyica del período. 

Por otra parte, en Chile desarrolla sus capacidades relacionadas con política, con la educación, con el derecho y con el manejo del idioma español. Por ello, en 1851 es declarado “Miembro Honorario de la Real Academia Española”, gracias a sus trabajos relacionados con la gramática y ortografía de la lengua castellana en América. 

Bello postula y ejecuta un vasto “Proyecto Civilizador” en pos de los países llegados a la independencia nacional, luego de la acción de las armas. Su proyecto es humanista e integral. La finalidad del mismo es asentar las bases de la civilización y cultura europeas de manera escrita y duradera, requeridas por las sociedades americanas, para ser reconocidos efectivamente  como pueblos emancipados. El proyecto que ejecuta con su acción sostenida, persigue que América se civilizara con cierta autonomía, de manera que pudiera insertar el saber universal adaptándolos a las peculiaridades de cada pueblo, para no  “repetir servilmente las lecciones de la ciencia europea”; esto es claramente un reconocimiento a  los aportes americanos a la cultura de nuestros pueblos. [11] 

Bello creía firmemente en la necesidad de la confraternidad americana y soñaba con una alianza pero esencialmente cultural. Esto no resulta extraño en su pensamiento, si rememoramos que desde la época de sus poesías venía destacando la naturaleza americana y las tareas epopéyicas de sus héroes, como  por ejemplo en su “Alocución a la Poesía” de 1823. Por ello es considerado un impulsor de la fraternidad americana, tal como ya lo ha expresado Murillo al señalar que Bello es justamente el gestor  del “proceso de formación tanto de una conciencia de la solidaridad americana, como de un concepto de derecho internacional con visión americanista”.[12] 

Cabe destacar que su pensamiento americanista no era una concepción cerrada, sino   más bien una conexión abierta con todas las naciones comerciantes del mundo, ya que esto generaba buenas relaciones, facilitando la integración y por ende, todos se enriquecían, no solamente en términos económicos, si no que el intercambio cultural nos hacía ricos como personas. 

Con el Código Civil, deja asentadas las bases de la convivencia entre ciudadanos. También redacta acerca del papel del Estado en la comunidad de naciones. Se refiere a la necesidad de atender el lenguaje, como miedo providencial de relación entre las naciones del mundo hispánico y otras tareas relacionadas, denotaban su preocupación por preservar el idioma ante cualquier deterioro. Todo cuanto hace converge con el propósito de definir la civilización americana. 

Se dice que ser Rector de la Universidad de Chile, fue una de las tareas más importantes que hizo en su vida. En efecto, hoy sabemos que desde aquí contribuyó enormemente  a la difusión de la cultura y de las ciencias en Chile y América; pero también está muy consciente del peso y de la responsabilidad de tan magna tarea y que no lo puede hacer solo.  Y en su discurso de asunción como rector, lo expresa en estos términos:  “…Siento el peso de esta confianza; conozco la extensión de las obligaciones que impone; comprendo la magnitud de los esfuerzos que exige. Responsabilidad es ésta que abrumaría, si recayese en un solo individuo, una inteligencia de otro orden, y mucho mejor preparada que ha podido estarlo la mía. Pero me alienta la cooperación de mis distinguidos colegas del consejo, y del cuerpo todo de la universidad”. [13] 

El proyecto de crear una nueva institución de educación superior en Chile nace junto con la independencia política del país. Con ese fin se crea el Instituto Nacional, buscando desarrollar las áreas del conocimiento postergadas por la rígida estructura académica de la Real Universidad de San Felipe. Durante el gobierno del presidente Manuel Bulnes se toma la decisión de suprimir a la alicaída institución colonial y remplazarla por un organismo nuevo al servicio de la nueva república. El principal impulsor de esta medida, fue nuestro ya, querido amigo Andrés Bello, quien sería elegido por el gobierno para ser el primer rector de la nueva Universidad de Chile, como se ha mencionado anteriormente. 

En su discurso inaugural manifiesta magistralmente el cómo quería concebir esta institución, proyectándola siempre con su mirada holística: “… Todas las facultades humanas forman un sistema, en que no puede haber regularidad y armonía sin el concurso de cada una…”[14] y por otro lado, defiende la necesidad de funda una institución de esta envergadura, frente a los escépticos que nunca faltan “…la propagación del saber es una de las condiciones más importantes. La Universidad es cuerpo eminentemente expansivo y propagador. Los buenos maestros, los buenos libros, los buenos métodos, la buena dirección de la enseñanza, son necesariamente la obra de una cultura adelantada. La instrucción literaria y científica es la fuente de donde la instrucción elemental se nutre y se vivifica…”.[15] 

Pero a pesar de su gran labor como rector de la Universidad de Chile, podríamos decir que su obra más concreta y en la efectivamente demostró su capacidad de conducir masas, es en aquello que empuñó con su letra. Su escritura se hizo tradición con los años. Nos deja su legado en las líneas que con tanto esfuerzo trabajó. Sin duda, para la construcción de una república naciente como lo era nuestro Chile en esos momentos, su aporte fue importantísimo, ya que hablamos de un intelectual que se encargó de difundir la ciencia, de expandir el saber. “… es el hombre que se enfrenta a la realidad de la experiencia concreta optando de ese modo en su contribución a la construcción del camino republicano. La coherencia de su pensamiento impregna leyes, periódicos, mensajes presidenciales, textos de estudios, universidades como también impregna la acción de ministros, poetas y presidentes…”.[16] 

Si bien él consideraba importante el saber ilustrado, mucho más importante era para él que quienes tenían manejo del conocimiento fueran capaces de tener una conciencia social, en términos de hacer nuestro, en este nuevo Chile, lo que le pertenece a toda la humanidad. Nuestro Patrimonio reconocerlo, valorarlo, difundirlo. Compararnos, aprender, progresar. La difusión sistemática y organizada de los conocimientos científicos, va elevando el nivel cultural y el carácter del hombre. El estado moderno requiere de la ciencia como elemento para encauzar el progreso, y necesita también de la cultura del texto, como medio de difusión y de soporte en el tiempo. Bello trabaja sistemáticamente tras este ideario, por ello realiza su aporte a la consolidación ideológica y jurídica de esta joven república, y al mismo tiempo, se preocupa de difundir el conocimiento científico, actualizando constantemente dicha producción. “… Su inteligencia y sensibilidad le señalaron en la vida, el camino de la creación intelectual y también la inclinación para actuar en la transformación social. Pero no en la superficie en que se agitan las luchas políticas, si no en zonas más profundas del cuerpo social, allí se ponen las bases para los verdaderos cambios de la sociedad…”.[17] 

Y Andrés Bello, también en el siglo XIX, tiene su propio sueño, seguramente lo había empezado a madurar en sus largas horas de estudio en Londres, o tal vez recién asentado en Chile; el caso es que tenía muy claro una pretensión cultural americanista, un anhelo de patriotismo panamericanista, tal como ya lo han destacado diversos autores. Esto es, su secreta pretensión de unir a todas las jóvenes repúblicas hispanoamericanas por medio del cultivo ilustrado del idioma español aplicado y practicado uniformemente en todos los países de América, para dejar atrás definitivamente la dispersión y fragmentación de tantos usos y dialectos. 

Palabras Finales 

Lo europeo y lo americano de Bello no son dos universos distintos ni dos categorías opuestas, son un todo que pedagógica y analíticamente sed pueden dilucidar para entender mejor la proyección de su obra y su legado hasta el presente. Pero sólo es eso, no hay dos Bello, es uno solo que imbuido de su peculiar cultura y sus ideales intelectuales políticos y culturales, agudizan la estructura de su pensamiento y lo instan a la acción. Lo europeo es la ilustración, es el orden, la parsimonia masónica, la ciencia, la idea de civilización, la admiración y respeto por la cultura helénica y latina, la consolidación de la palabra escrita, el universo jurídico y normativo. Lo  americano es lo que busca en la práctica, lo emergente, lo que hay que construir, la vastedad de la naturaleza, la diversidad de usos idiomáticos del español, las lenguas habladas en los márgenes de la sociedad, los referentes vernáculos de la flora y fauna, los nativos y lugareños, la belleza del Nuevo Mundo que él mismo ha destacado en sus poemas, la sensibilidad, la necesidad de consolidar una educación que rescate lo regional, una nueva moral.


[1] Scarpa, Roque Esteban: Antología de Andrés Bello, Stgo., Ed. A. Bello, 1970.

[2] Cf. Murillo Rubiera, Fernando: Andrés Bello: Historia de una vida y de una obra, Ed. La Casa de Bello, Caracas, 1986, pp. 56-57.

[3] Cf. Ávila Martel, Alamiro de: Andrés Bello. Breve ensayo sobre su vida y su obra, Ed. Universitaria, Stgo., 1981, p. 43. 

[4] Cf. Amunátegui, Miguel Luis: Vida de Don Andrés Bello, Stgo., 1882, p. 300.

[5] Cf. Baral, Rafael María y Díaz, Ramón: Resumen de la Historia de Venezuela desde el año de 1797 hasta el de 1830: Tiene al fin un breve bosquejo histórico que comprende los años de 1831 hasta 1837. T. II, Impr. y Librería de A. Bethencourt e hijos, Curazao, 1887. 

[6] Cf. Fernández H., Rafael: El Proyecto Universitario de Andrés Bello, 1843., Ed. Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia, Caracas, 1982; p. 16. 

[7] Andrés Bello 1781-1981. Discurso de Inauguración de la Universidad de Chile, Homenaje de la Editorial Universitaria en el Segundo Centenario del nacimiento de Andrés Bello, Stgo., 1981, p. 16.

[8] Cf. Ávila Martel, Alamiro de; op. cit.; p. 43. 

[9] Berríos, Mario; Saldivia, Zenobio: “Andrés Bello: entre la Oralidad y la Tradición Escrita. Revista de Sociología, Nº 9, Departamento de Sociología, Universidad de Chile, Santiago, Chile, 1994; pp. 55-60. 

[10] Selección personal de los autores.

[11] Ramírez R., Manuel: “Aporte Cultural de Don Andrés Bello”, en: Homenajes a Don Andrés Bello, Edic. U. Católica de Valparaíso, Ediciones Universitarias de Valparaíso, Valparaíso, 1982, pp. 65-66.

[12]  Murillo R., Fernando: “La solidaridad americana en el pensamiento internacionalista de Andrés Bello”, Quinto Centenario 10, Ed. Universidad Complutense, Madrid, 1986, pp. 19-20.

[13]  Andrés Bello 1781-1981. Discurso de Inauguración de la Universidad de Chile, op. cit., p.11.

[14]  Andrés Bello 1781-1981. Discurso de Inauguración de la Universidad de Chile, op. cit., p. 14.

[15]   Ibídem., p. 19.

[16]  Berríos, Mario: Identidad-Origen-Modelos-Pensamiento Latinoamericano, Ed. I.P.S., Stgo., 1988, p. 59.

[17]  Murillo Rubiera, Fernando: Andrés Bello: Historia de una vida y de una obra, op. cit.; p. 11.

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SECCIONES

 

LISTADO DE ENSAYOS

Percepción de la Naturaleza de Chiloé durante los Siglos XVIII y XIX

 

Un esfuerzo desde México para ilustrar sobre la Unidad de las Ciencias

 

Percepción de la Naturaleza de Chiloé durante los Siglos XVIII y XIX 

 

Los grandes desafíos éticos del Chile Actual

 

Jean Baptiste Boussingault y sus aportes a la ciencia en Colombia

 

Francisco Fonck: Entre la ciencia y el servicio público

 

Carlos Porter: Un científico de dos mundos

 

¿Para qué sirven las Humanidades?

 

Un romántico olvidado en Nicaragua

 

 

Presencia de la ética en el mundo universitario

 

 La Medicina en el mundo griego y las rivalidades de género

 

Crónicas de Diario El Trabajo, de San Felipe (Chile), fueron certificadas en Colombia

 

 

La Ciencia como objeto de estudio

 

 

El concepto de ciencia en Einstein, Popper y Feyerabend

 

 

La reivindicación científica y tecnológica de La Armada de Chile en el Imaginario Nacional

 

José Celestino Mutis y los albores de la ciencia en Colombia*

 

 

Lavoisier, la química y la revolución

 

 

La tecnología y la sociedad: Un maridaje de beneficios y peligros

 

  

El sentido de lo humano en la formación ingenieril

 

 

Zenobio Saldivia: Un estudioso de la naturaleza del Chile decimonónico

 

Darwin y Pissis encandilados en Aconcagua (*)

 

 

 ¿Qué es lo Americano y qué es lo Europeo en la obra de Bello?

 

 

El Valle de Aconcagua y la ciencia en el Chile decimonónico

 

El cambio: Una característica relevante de los sistemas educacionales 

 

Algunos antecedentes sobre la filosofía en la época contemporánea (*) 

 

La física en la Expedición Malaspina (1789-1794): Práctica y experimentación 

 

La antigua tarea de ordenar y clasificar a las ciencias 

 

Claudio Gay: de la taxonomía a la agroindustria en el Chile decimonónico 

 

Las academias científicas y su aporte al desarrollo de las ciencias

 

La Práctica educativa y desarrollo de contenidos para los soportes móviles y Redes Sociales. Una sinopsis desde Chile (*)

 

El Oficio de Sócrates: La crítica como camino hacia la verdad

 

Alcances sobre el modelo panóptico en la arquitectura penitenciaria y médica chilena

 

Charles Darwin y el nuevo paradigma en las 'Ciencias de la Vida'

 

El Positivismo y su impacto en Chile

 

Thomas Kuhn y los paradigmas: más de 50 años de éxito

 

La Tecnología y su cercanía con el Poder

Principales paradigmas que han marcado la evolución de las ciencias

 

Comunicación y periodismo contemporáneo en América

Juan Ignacio Molina: Primer científico chileno

Ruiz de Montoya y su mirada pre-científica del Paraguay

En torno a la enseñanza de la filosofía

El sueño del puente sobre Canal de Chacao

 

El rol del escritor en la época contemporánea

La Escuela Guillermo Bañados Honorato: Cincuenta y tres años de formación y de preocupación social

La intromisión del 'Súper' (Ensayo)

Albert o la tolerancia cero a las dunas (Ensayo)

La mirada de la comunidad de científicos chilenos / ENSAYO

Textos e contextos curriculares /

Revista Aconcagua Cultural / Documento

La región Chiloé como referente científico de La Armada durante...

La imagen del poder judicial en la prensa escrita

Gabriela Mistral y la cultura y sociedad de su tiempo

Pedro Aguirre Cerda y su visión de la mujer

Epistemología y diseño. Un maridaje necesario

 

El Caballero Heroico de Aconcagua

José Victorino Lastarria: del Romanticismo al Positivismo

El Mercurio de Valparaíso: precursor de la difusión científica en Chile

Ignacio Domeyko: de la rebeldía y el romanticismo a la ciencia universal

El escritor frente a la cultura

Tres tesis para una propuesta educacional

Pedro Aguirre Cerda y otros monumentos del olvido y el silencio

La vision de la naturaleza en el discurso de Claudio Gay y Rodulfo A. Philippi

La epistemología como megaparadigma de la psicología

La construcción de un concepto de ciencia en Chile: Manuel de Salas y Claudio Gay

La historiografía, la Edad Media y la Tesis del Oscurantismo

La Identidad Latinoamericana: Una búsqueda de siglos (*)

Ignacio de Loyola y la Compañía De Jesús

El Rol Social de las revistas científicas chilenas en el Siglo XIX y su contribución a la idea de Nación

El positivismo lógico

El dinamismo de las estructuras y su más incansable investigador: Jean Piaget

El Siglo de Las Luces y la Francmasonería

Descripción de la naturaleza en el Reino de Chile durante el Siglo XVII

¿Para qué usa Wittgenstein la noción de un juego lingüístico?

Más sobre...

 
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Zenobio Saldivia Maldonado. Profesor de filosofía (U. de Chile), Mg. en Filosofía de las Cs. (Usach) y Doctor en Pensamiento americano, con mención en Historia de las ciencias, (Usach), Santiago de Chile. Profesor Honorario de la U. Continental, Huancayo, Perú., Dr. Honoris Causa U. Ada Byron, Chincha, Ica, Perú. Profesor titular de la U. Tecnológica Metropolitana, (UTEM), Santiago. Diversos artículos suyos, sobre historia de las ciencias y epistemología, han aparecido en publicaciones de su país y de Argentina, Perú, Uruguay, Nicaragua, Panamá, El Salvador, México, Brasil, España, Costa Rica y EUA. Ha participado en eventos nacionales e internacionales.

A la fecha tiene 20 libros publicados; entre los últimos  se destacan: El Mercurio de Valparaíso. Su rol de difusión de la Ciencia y la Tecnología en el Chile Decimonónico, (Bravo y Allende Editores, Stgo., 2010). Ensayos de Epistemología , (Compilador) (Bravo y Allende Editores, Stgo., 2012). Ensayos de Filosofía, (Bravo y Allende Editores, e Ilustre Municipalidad de Sta. María, Stgo., 2012), Adiós a la Época Contemporánea, Bravo y Allende editores, Stgo., Chile y U. Continental de Cs,. e Ingeniería, Perú, 2014).

Actualmente se desempeña como profesor de Epistemología e Historia de las Cs., en la U. Tecnológica Metropolitana, Stgo., Chile y como Director del Depto. de Hdes. de la misma institución y Director de la Rev. Electrónica Thélos del Depto. de Hdes. de la U. Tecnológica Metropolitana.

Dirección: U. Tecnológica Metropolitana, Depto. de Hdes., Calle Dieciocho N°161, Stgo., Chile.

Fono: 56-2-26994131.

e-mail: zenobio@utem.cl

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